LA PICONERA

LA PICONERA

martes, 19 de noviembre de 2013

PRIORIDAD


Hoy ha recogido sus cosas y se ha marchado. No he querido despedirme de él; tan sólo lo he observado meter sus cosas en el maletero del coche sin pronunciar palabra, viendo, desde esa terraza que tantas horas nos ha acogido, lo poco que abultan dos años de convivencia. Me ha dolido como no pensé que lo haría, pero ahora mismo no me arrepiento de haber tomado esta decisión.
Quizá he sido demasiado dura e intransigente no dándole el tiempo que me pedía,  pero desde que dejó patente sus intenciones de no ser padre, nuestra relación se estaba deteriorando, carcomiendo y expandiéndose en una deriva sin solución.
Me ha acusado de hacerle chantaje emocional, e incluso de querer vulnerar sus deseos, recalcándome que tenía muy claras cuáles eran sus aspiraciones y su manera de pensar respecto a una posible paternidad.
Entendí sus aspiraciones profesionales, estando dispuesta a seguirle allá donde fuera, aunque tuviera  que abandonar mi ciudad, mi gente y mis amigos; por amor, porque lo quiero. Pero siempre he sentido ese deseo de  engendrar vida, de tener un hijo que sea parte de mí, y creo que es algo tan importante en mi vida que no puedo renunciar a ello. Pensé que el tiempo, el amor que nos profesamos y el poder formar una familia le harían cambiar de parecer, pero no fue así.
Esta forma distinta de entender la vida, el amor y la pareja nos está desgastando y me está sumiendo en un mar de dudas. ¿Puedo renunciar a mis deseos de madre por estar con él? ¿Se lo echaría en cara en un futuro? ¿Estoy siendo injusta con sus deseos? ¿Le estoy presionando? ¿Podría cambiar su forma de pensar más adelante? ¿Cómo nos afectaría el tener un hijo? ¿Aceptaría sus responsabilidades como padre? ¿Y el no tenerlo me haría sentir vacía? ¿Sería una mera acompañante en su intento de progresar profesionalmente?
Tras un largo dilema sopesando los pros y contras, creo que he llegado a una decisión. Esta mañana me he despertado con un regusto amargo, y con ese sabor que dejan en la boca las malas noticias. Él seguía durmiendo a pierna suelta y abrazado a mí, ignorando a la determinación  que había llegado.
Los años pasan mucho más rápido de lo que pensamos y tenemos un tiempo limitado para cada cosa. Nos toca elegir entre las opciones que nos brinda la vida, y esa elección depende de nuestras prioridades, porque toda elección implica una renuncia. Creo que él tiene claras sus ideas y, ahora, yo también tengo claras las mías.  No puedo arriesgarme a esperarlo y que sea demasiado tarde. Me duele que no sea él quien me acompañe, puede que me equivoque por renunciar a su amor, pero al menos habré elegido. Quizás vuelva a tener pareja o no encuentre quien llene el vacío que él me deja, pero no renunciaré a ser MADRE.