LA PICONERA

LA PICONERA

martes, 15 de octubre de 2013

ELLA Y YO


Desde la penumbra, y tumbado boca arriba en otra de las tantas camas que he visitado últimamente, me encuentro ensimismado en mis pensamientos y observando las  pequeñas volutas de humo que  salen de mi cigarrillo como un holograma sin proyección.

Mi mirada se recrea en  “Ella” examinando su cuerpo joven, bello y terso que duerme placida y completamente desnuda a mi lado. Sin embargo, hace escasos momentos era una tormenta desatada abatiendo su rabia, su pasión, y esos deseos sexuales atesorados  en su interior en los que ha dado rienda suelta,  a un frenesí de lujurias desde el mismo instante que la tuve desnuda entre mis brazos; ahora,  su respiración es sosegada, pero dándome la impresión que en cuanto la vuelva a acariciar, su piel se erizará y retomará de nuevo el timón de la nave, manejando el sextante para que le marque el camino de nuevo a las estrellas.
Hace un mes, creía que sería una utopía que se fijara en mí de la misma forma que lo hacia yo con “Ella”. Mi constancia  y la experiencia de esos veinte años que nos separan han hecho que no se fijara en la edad y sí en mi persona. Ahora, una vez que la he hecho mía, me pregunto: ¿Qué futuro nos queda?
Somos tan diferentes en nuestras formas de ver la vida, (la paradoja es que hace un momento éramos un solo cuerpo, como si nos conociéramos de siempre y estuviéramos hechos el uno para el otro). Se que no soy hombre de una sola mujer, y ella no es mujer para un hombre veinte años mayor. Triste paradoja la de Ella y Yo, Yo y Ella.
Volveré a despertarla y a disfrutar de nuevo de este cuerpo que ni por asomo a mi edad podía imaginar hacerlo mío.
Mañana será otro día.