LA PICONERA

LA PICONERA

martes, 22 de octubre de 2013

ÉL Y YO



Después de navegar al compás de los vaivenes de un mar de deseos, al mando de un timonel experto conocedor del oficio, he llegado a buen puerto, exhausta, satisfecha y henchida de placer.

Con los ojos entreabiertos, observo admirada a quién me ha llevado hasta el cielo, que incorporado en la cama, abstraído, fuma impregnando la habitación del aroma a tabaco negro.

Cuando  un mes atrás lo conocí, sentí como si pudiera acariciarme, desnudarme y hacerme suya tan sólo con la mirada. Sus risas y manera de comunicarse me cautivaron desde el mismo instante en que entró en la cafetería a desayunar. Cada mañana desde ese día se convirtió en una espera ansiosa hasta su entrada.  

Ahora, me estremezco de nuevo al  evocar sus  dedos hábiles recorriendo todo los recovecos de mi cuerpo, anhelando de nuevo que me haga suya y busque mi gozo con esa infinita paciencia que me ha demostrado, consiguiendo demorar su entrega hasta que  le  pida llegar juntos.

No sé qué ocurrirá mañana, ni tampoco lo que él busca de mí. Ahora no quiero plantearme que dirá la gente, mis hijos o mis padres, si doy a conocer mi relación con un hombre mucho mayor que yo. Ahora tan sólo quiero disfrutar de estos momentos y  mañana ya se verá.