LA PICONERA

LA PICONERA

viernes, 16 de noviembre de 2012

RECUERDOS IV


Resumen capitulo anterior:

Mientras Fibo permanece ingresado en el hospital, Cristina le habla bajito a su bebe y le cuenta  que ha visto a su padre  después de muchos meses. Rememora el tiempo que pasó junto a él  y  como le confesó a  su marido la aventura vivida y la consecuencia de esta.
La Dra. Bermúdez le da la noticia a Fibo, según los resultados se encuentra totalmente recuperado, y en unos días le dará el  alta.
 Una vez a solas se alegra de volver a casa. El tiempo que ha permanecido ingresado, le ha ayudado para asumir que Cristina tiene una familia, que todo es pasado y que comenzará una nueva vida.
Día del alta:
 Fibo a la puerta del hospital espera la llegada de un  taxi para que lo traslade a la estación de autobuses. En ese momento suena un claxon y se detiene un vehículo a su altura, por la ventanilla  asoma la Dra. Bermúdez  _ ¿Te llevo algún lado Fibo?... él sonríe _ ¡Por supuesto Marta!
Cristina y su marido Alberto:
Mañana tengo que visitar a mi padre, me ha llamado su administrador y dice que está muy grave,  quiere verme a toda costa. Como comprenderás no deseo verle, pero quiero saber que es lo que quiere. Sé muy bien el daño que te hizo y lo que presionó para hacérmelo también a mí. Conociéndole como le conozco, no creo que sea para despedirse y pedir perdón, intuyo que está tramando algo, si es así quiero estar preparado, por ti y por los niños.  Cristina asiente no muy convencida. Abraza a su marido y le susurra. _Vuelve  pronto.

Cristina observa como Alberto se aleja  en dirección hacia su peor pesadilla. Al entrar en la casa su imagen se retrotrae once años atrás cuando entró a servir en aquella mansión. Era huérfana y había salido de aquel hospicio para  comenzar una nueva vida. Para ella era un sueño tener su propia habitación, ganar algo de dinero y poder formar un día su familia. _Esa que nunca pudo tener.
 Los dos primeros años,  mientras vivió la dueña todo fue bien.  A raíz de su muerte todo cambió y comenzó su tragedia.
La última noche que pasó en la casona estaba en su habitación sumida en sus fantasías juveniles, cuando bruscamente fue despertada  y arrancada de la cama por el dueño de la misma, le tapó la boca con un pañuelo y la ató a ella, la desnudó  y a pesar de la resistencia que opuso la violó las veces que quiso. La furia y el ímpetu de este miserable la destrozó por dentro y por fuera.
 Una vez saciados sus deseos, la desató y le dijo que a la mañana siguiente no quería verla por la casa. Le advirtió que no se le ocurriera denunciarlo, que él era muy poderoso y nadie la creería. Llorando, asustada, perdida y llena de rabia, se metió en la bañera y  con un estropajo de lavar las ollas se restregó  hasta sangrar, para quitarse la inmundicia que ese depravado le había inoculado en sus entrañas.
Antes del alba, con sus pocas pertenencias en una pequeña maleta, se disponía a marcharse de la  casa sin rumbo y sin  saber a dónde ir. En esos momentos el señorito Alberto salía de su habitación, le preguntó, pero no pudo contestar y se echó a llorar. En esos momentos desde la parte alta de la escalera, el padre  que estaba observando, se dirigió  a su hijo con tono amenazante y le gritó: _ ¡Sepárate de esa puta y déjala marchar! No sé como Alberto supuso lo que había ocurrido, le dijo que le esperase en la puerta, y a raíz de ahí comenzó su vida junto a él.
La vida fácil que Alberto llevaba, la abandonó por la atrocidad que su padre había cometido. Tuvo que ponerse a trabajar en cualquier cosa que le salía (un hombre que no estaba acostumbrado a ello) y a continuar sus estudios por las noches, además de cuidar de ella y de lo que vino después. Ha sido como un padre y un amigo, le  quiere y le desea todo lo mejor.
El día que dio a luz, no se separó ni un instante, el parto se complicó y le tuvieron que practicar una cesárea, la cosa no fue bien, pero todo quedó en eso, en solo un susto y en no poder tener más hijos. Los días y los meses fueron pasando, los niños crecían felices, formaban una familia, Alberto terminó la carrera de arquitectura y a raíz de ahí, todo comenzó a irles mejor económicamente, él se dedicaba a lo que más le había gustado desde siempre y ella a cuidar de la casa, de los niños y de él.  Y ahora vuelve otra vez la pesadilla ¿Cuándo se acabará todo? ¿Dónde estará Fibo? ¿Qué hará? ¿Se habrá casado? ¿Tendrá otros hijos? Preguntas y preguntas sin respuestas.
Marta:
Empieza amanecer, la habitación en silencio, solo se oye el oleaje del mar, los primeros cantos de los pájaros y un gallo a lo lejos.
_Hoy tengo guardia y no me apetece ir, no tengo la cabeza para el trabajo. Ha sido una noche maravillosa como todas en estos seis últimos  meses que vivimos juntos. Estoy muy enamorada, jamás pensé que pudiese enamorarme de esta forma, Siempre he sido muy independiente y me he mantenido cerrada al amor, mi trabajo estaba ante todo, y ahora me encuentro aquí en esta encrucijada.
_Me gusta observarlo mientras duerme plácidamente,  sé que está a gusto conmigo, que me quiere, que está feliz, pero a veces le noto como ausente, y eso me preocupa. ¡Creo que le atormenta su pasado!  ¿Habrá otra mujer? _Cuando duerme se sobresalta, murmura palabras  inconexas y sin sentido, es como si algo le atormentase,  le pregunto y me responde que no  sabe que le pasa, que quizás sean las secuelas del accidente.
-¡Puede que sean imaginaciones mías!... tengo que calmarme, no quiero estropear estos momentos. Cuando me hace el amor  es tan fogoso como delicado, me hace entregarme a él de una forma especial, haciéndome olvidar todas mis inquietudes y trasladándome al paraíso. Nunca  me había sentido tan feliz con un hombre. Es el príncipe azul que toda mujer desea, es maravilloso, inteligente, comprensivo, simpático y convierte el día a día en una completa sorpresa.
Fibo la observa sin que ella se dé cuenta, la admira y la quiere, se siente bien con ella e incluso ha pensado pedirle en matrimonio, pero algo lo retiene y no sabe que es.

Continuará....