LA PICONERA

LA PICONERA

domingo, 7 de octubre de 2012

SUEÑOS ROTOS

De un posible gran amor, se convirtió en un  imposible…Palabras duras brotaron  de su boca y de la mía. Una vez dichas, ya no pudimos volver atrás. Todo acabó con un portazo y sin siquiera un adiós. La pérdida supuso un cambio drástico en mi vida, llegando  a sentir esa merma emocional, como un quebranto o desgarro físico interior a modo de amputación. Me  produjo un dolor inesperado  que perduró y se retroalimentó por el recuerdo de ese fracaso.
 
Pasada la primera fase de la ruptura, y aun perdurando en el ambiente las palabras que nunca debieron salir de  forma atropellada y sin piedad por parte de los dos, me llegó las del duelo; el llorar, el  maldecir, el gritar y buscar razones que me aliviaran del dolor recibido e infligido.
Con el paso de los días, semanas y meses, dejé de compadecerme, y de patalear como un niño. No quería ahogarme en el mar de mis propias lágrimas. Ya no buscaba respuestas ni culpables, tampoco explicaciones que no me aportaran  nada, más bien, porque eran tan enrevesadas y complejas, que llegué a dudar de la veracidad de la verdadera causa, o bien, porque eran tan sencillas que no era capaz de aceptarlas. Fuese como  fuese, había comprendido que lo único que podía hacer, era limitarme a asumir la pérdida, abrazar mi duelo sin excusas y esperar a que tras la tormenta, llegara la calma y el agua volviera a su cauce, tranquila y clara.



Como se suele decir y aconsejar tan fácilmente. _Después de una caída hay que volver a caminar, pero se les olvidan decir a quienes  aconsejan, que antes de seguir caminando, que debemos  levantarnos, y sacudirnos  el polvo.
Aunque creo que he quedado marcado para mis restos, y con la suficiente desconfianza en la convivencia, para  no volver a caer en  el mismo error, debo admitir que el sosiego ha  vuelto a mi vida, y ahora después de unos años. _Si,  estoy capacitado para analizar las circunstancias que me llevaron a fracasar en la vida conyugal.
Debo aclarar antes de todo, que el noviazgo fue maravilloso, las mariposas del estomago estaban en total auge y crecimiento. La búsqueda de nuestro nido de amor, el acondicionarlo y los preparativos de la boda fueron una experiencia única e inenarrable. Cualquier problema que surgía entre los dos, lo achacábamos a los nervios de los planes y siempre lo solucionábamos antes y en la cama.
Las primeras preguntas que  ahora me hago _ ¿Cómo llegué a esa situación tan impensable antes del matrimonio; y  cómo el mundo que construimos juntos con tanto esfuerzo, se desmoronó como una torre de naipes?
Después de la luna de miel, y una vez nos habíamos reincorporado a nuestros respectivos trabajos,  apenas coincidíamos en casa, debido a las horas extras que nos abocábamos a realizar para poder llevar al día, las facturas y la hipoteca que  planeaban constantemente  sobre nosotros.
El poder crear una familia lo desechamos de momento, aún éramos jóvenes y tendríamos tiempo más adelante. (Por suerte y Gracias a Dios no tuvimos descendencia) Al cabo de los meses, los vicios que cada uno llevábamos y  que hasta entonces no les habíamos dado importancia  (incluso nos hacia gracias), empezaron a fastidiar y a resultar insoportables. En vez de amoldarnos y aceptarlos, nos lo recriminábamos de malos modos. Y sin darnos cuenta o yo no me percaté de ello, la indiferencia, el desafecto y la  ironía entró de lleno en nuestras vidas. El aburrimiento era palpable por parte de ambos, ya no nos mirábamos como antes, el sexo era esporádico y rutinario, los detalles que eran tan habituales se fueron espaciando, las palabras amorosas desaparecieron, (el morbo campaba por sus anchas en cualquier rincón de la casa sin que le prestáramos atención), ya no nos mirábamos como antes, los besos y palabras cariñosas brillaban por su ausencia. Todo un cúmulo de circunstancias que iban creciendo con el paso del tiempo.
En unos pocos meses, todo se fue al traste. Yo la amaba y sé que ella también a mí. Éramos jóvenes y la rutina pudo con nosotros. En un principio tratamos de solucionarlo y ponerle remedio. Pero ya entró de lleno la falta de respeto entre ambos, convirtiéndose en una batalla dialéctica rivalizando en quién humillaba más y mejor.
Hoy no sé como llegamos a esa situación, si fue por falta de amor entre ambos, por los problemas económicos a las que voluntariamente nos embarcamos, o simplemente, que éramos jóvenes y no estábamos preparados para convivir juntos.
Lo que si sé, es que he aprendido que se tiene que saber convivir con los vicios o defectos que pueda llevar la pareja consigo, y sobre todo que nunca se debe perder el respeto, una vez perdido, ya no hay vuelta atrás.
“Sí el amor que te ha llevado a compartir la vida juntos no es  fuerte, verás defectos y vicios donde antes no los veías. Y seguro que esa relación no tendrá futuro ni a la larga ni a la corta”.
Ella actualmente vive en pareja, y yo aun dando vueltas con el miedo en el cuerpo a retomar otra relación.