LA PICONERA

LA PICONERA

domingo, 30 de septiembre de 2012

EL OCASO


Un día más, así uno tras otro. Observo a través de la ventana como pasa el tiempo. Se reflejan las arrugas de la vida en el cristal que revela mi semblante. Mientras, una suave y nostálgica música, se oye en el viejo radiocasete que me acompaña en estas largas e interminables noches.

Mi fiel e infatigable compañera llamada Melancolía, junto con La bruma de estas últimas mañanas frescas de este otoño que recién ha comenzado, son testigos de los primeros y débiles rayos de sol, que comienzan a vislumbrarse en el horizonte cegando mis ojos, que cansados y exhaustos de otra noche más de insomnio, van recobrando la poca vida que aún poseen. Alegrándose de poder disfrutar una vez más del brillo de un nuevo amanecer. A estas alturas de la vida, mi sino es esperar a que el tiempo me alcance, y éste se acerca apresuradamente.

Suena el timbre de la puerta…¿Quién me iba a decir que anhelara ese sonido? A duras penas y con el ritual diario me encamino hacia ella, mi mano temblorosa aprieta fuertemente el pomo, y sin vacilar abro hacia mí con las pocas energías que aún me quedan. Entra una ráfaga de aire fresco que recorre mi cara, con la mirada inmóvil observo cual blanca, dulce y suave es su sonrisa, mi cuerpo se estremece de alegría, pienso en el poco tiempo que me queda por disfrutar de estos pequeños y agradables momentos. Es ella....

.....La señora que me ayuda y acompaña durante el día.


Entra sonriente, aunque quejándose del tiempo, sea cual sea el que haga. Del mercado y sus precios, del tráfico, de su hombre como ella llama a su marido, o de lo que toque esa mañana lamentarse, y me dirá: _ ¡Buenos días Don Germán! ¿Cómo se encuentra esta mañana? hoy le noto mejor cara. Es su cumplido diario para levantarme el ánimo, pero no me importa, más bien agradezco cada palabra y gesto, porque sé que son los restos de una batalla que llega a su fin. _ Sí, hoy parece que estoy mejor.

Ella continuará reiterando lo de cada día _ ¡Enseguida estoy con usted Don Germán, en cuanto coloque la compra lo asearé y lo dejaré tan guapo que más de una mujer querrá convertirlo en su hombre!

No me quedan fuerzas ni para reír, pero ella lo consigue. Tengo ochenta años, la salud no muy buena, ya que apenas puedo andar y moverme, e incluso necesito usar pañales por las noches, por si se me escapan mis necesidades como a un bebe. "Ahora mismo, tengo el pañal lleno hasta los topes"

Enseguida me llevará al cuarto de baño, me dejará con todas mis desnudeces al aire para vergüenza mía, y mientras me asea, me irá explicando costumbres e historias de su país, así como pasajes de su vida, y la tristeza que le embarga al haber dejado a sus hijos a cargo de su madre, mientras ella y su hombre buscan un futuro mejor en otro país, con la esperanza de que algún día pueda traérselos. A veces se le saltan las lágrimas.

Seguidamente, guapo y aseado como me dice ella, me sentaré en mi mecedora, me pondrá la televisión en cualquier canal de chismorreo o noticias, y mientras realizará las tareas de la casa, de vez en cuando opinará sobre lo que está oyendo, pidiéndome también opinión.

Me hará la comida, (eso sí, insulsa para cuidar mi salud) me la pondrá, seguidamente después de haber quitado los platos y fregado me hará compañía hasta ya entrada la tarde, que me dirá. _Don Germán, ya he terminado por hoy, mañana vendré de nuevo y espero encontrarlo tan alegre.

Y de nuevo solo, hasta que venga la vecina que me ayuda a meterme en la cama, esta empezará con la retahíla diaria de los hijos, la familia, me contará los chismes de lo que ocurre en la escalera sobre los vecinos y de vez en cuando, exhalará algún suspiro profundo exclamando _¡aaaainssssss Don German! ¡Cómo es la vida, y como llegamos a esta situación! (Eso sí, sin mala intención aclarará y recalcará) No se lo digo por los suyos, sus dos hijos son muy buenos y trabajadores.

Mi esposa falleció hace años, mis hijos se emanciparon y se casaron como es normal, mis nueras me ignoran y además no tienen tiempo para mi (la casa, los hijos y sus actividades se lo impiden) solo con correr con los gastos que acarrean mis cuidados tienen suficiente, mis nietos ni sé el tiempo que hace que nos los veo (disculpas de los padres sobre los estudios y la gran cantidad de actividades extraescolares), mis hijos tienen mucho trabajo, (gracias a Dios con los tiempos que corren) y ellos se alternan las visitas cada varios días y una llamada diaria para saber como estoy, pidiéndome disculpas por no venir más a menudo, achacándolo al trabajo y lo exageran con esto de la crisis ¡ya sabes papá como está ahora la faena! Pero se olvidan de que de vez en cuando se les escapa eso de: 'Hemos estado con los niños en tal o cual sitio ¡Maldita vejez!

Sigo observando a través de la ventana por si viene algún pariente a visitarme o simplemente ver el paso de los vecinos transitar por la calle. Antes me faltaba tiempo y ahora todo me sobra. Hay días que ni tan siquiera quiero levantarme y otros se me hacen interminables. Para convertirse en días de soledad y llenos de silencio.

Hecho de menos a mi mujer, a mis hijos, el jaleo de la casa, a mis nietos correteando pasillo arriba-abajo, y a la abuela que se le caía la baba con ellos colmándolos de todas las chuches que secretamente les compraba.

Es ley de vida y esta no perdona, solo esperar que me dé el patatús y me lleven al Campo Santo. Tres días de luto (lo que marca el convenio) y como decía mi pobre padre que en Gloria esté "El vivo al bollo y el muerto al hoyo