LA PICONERA

LA PICONERA

domingo, 23 de septiembre de 2012

LA BUSQUEDA


Los primeros rayos de sol se filtran por la ventana mientras Isabel, como cada mañana en los últimos treinta años, recoge el desayuno que acaba de compartir con su marido.
 
Frente al espejo, él termina de anudarse la corbata y recoge su portafolio. Se dirige a la puerta acompañado por Isabel, se despiden con un beso y con las consabidas palabras "Te quiero y ten cuidado al conducir".
 
Lo observa partir, rauda entra en la casa, realiza el mismo ritual del último mes. Se arregla, coge su bolso y dirige sus pasos hacía la parada del autobús que la llevará hacía un nuevo punto de la ciudad.
 
Cariacontecida, triste y sin prestar atención a lo que le rodea. Va inmersa en sus pensamientos, ya no le queda tiempo, tampoco cree que su búsqueda dé el resultado que ella espera.

 
Todo un mes disimulando ante su marido, es la primera vez en toda una vida que le oculta algo, no se lo perdona y se reprocha no habérselo contado, ahora es tarde, todo ha sido culpa suya. No quiere que él sufra, lo ama más que a su vida, pero ha sido un error que no se perdonará jamás y lo tiene que solucionar.
 
Hoy tiene que continuar su búsqueda, tiene que encontrarlo como sea, mañana cumplen treinta años de casados y no puede fallarle de esa manera.
 
Ya ha recorrido casi toda la ciudad, los lugares más inverosímiles y raros, no ha sido posible encontrarlo, pero algo en su interior le dice, que hoy puede ser su gran día, que lo localizará.
 
Llora en silencio, no puede reprimir sus lágrimas, las personas con las que se cruza, la miran y sienten piedad, lo nota, no le da vergüenza que la vean de esa manera.
 
Lo que le interesa es hallarlo y si no lo encuentra, no tendrá el valor para presentarse delante de su marido y comunicárselo.
 
Sabe que él ya le habrá comprado el regalo de aniversario y ella tiene el suyo desde hace más de un mes bien guardado.
 
Hoy le toca un mercadillo de antigüedades, es su última oportunidad, le han dicho que quizás en ese lugar lo encuentre.
 
Va con toda la ilusión al lugar, está abarrotado de gente bulliciosa de todas partes. Mira y remira con detenimiento, se para, pregunta, nadie le da razón. La congoja le vence y rendida se sienta comenzando a llorar convulsivamente.
 
Una señora mayor la observa hace rato, Isabel entre las lágrimas la mira y esta le hace señas para que se acerque.
 
Cuando está a su altura, le dice: _Sé lo que buscas…Isabel se queda pasmada y confusa. _ ¡No te asustes mujer, no busques más, lo tengo yo! sabía que algún día vendrías a por él.
 
Isabel balbucea palabras inconexas, llora, ríe, y abraza a la mujer, ésta la separa de sí, cogiéndola de las manos y secándole las lágrimas, le dice: _A una mujer que como tú profesas tanto amor por su marido, al igual que él por ti, el destino no os puede castigar de esta forma.
 
La mujer mayor la invita a entrar a una tienda vieja, llena de polvo y telarañas. Deja a Isabel sola, se introduce en la trastienda, y al cabo de un rato sale, llevando consigo un paquete, lo abre. _ ¿Es lo que buscas con tanto ahínco?
 
No puede articular palabras, esta ahí, delante de sus ojos, lo coge, lo abraza, llora, ríe, salta, abraza a la mujer dándole cientos de besos, se arrodilla llorando. _ ¡Pídame usted lo que quiera!
 
_No quiero nada, lo que contiene el bolso me ha hecho recordar que yo, en los años que compartí con mi marido, teníamos algo similar y lo utilizábamos como vosotros.
 
-¿Como supo que era yo? _Fácil niña, por las fotos que contiene en su interior y por una de las cartas que me he permitido leer. Al no contener dirección, no he podido ponerme en contacto contigo, pero sabiendo la importancia de su contenido, sabía que habría sido un error lo de la pérdida y que algún día vendrías a buscarlo.
 
_Pero dime una cosa, ¿como pudiste perderlo?... _Es algo que no me perdonaré jamás, resulta que mi nuera se quedó encargada de nuestra casa mientras mi esposo y yo realizábamos un pequeño viaje. Quiso hacer limpieza general y darme una alegría. En el desván donde almaceno cosas antiguas y la mayoría cosas sin valor. Dentro de una caja tenía guardado el bolso, ella al ver que estaba pasado de moda y algo estropeado, se lo dio a un trapero junto a otras cosas.
 
Cual fue mi sorpresa al regresar y ver lo que había hecho, me quedé aturdida y no pude contárselo a mi marido, así que le pedí explicaciones a mi nuera de a quién se lo había entregado y desde entonces, he ido detrás de la pista, mañana es nuestro aniversario y este bolso es parte de nuestras vidas.
 
_Vete niña, cuida de tu marido y sed felices, yo ya estoy pagada con ver cómo esa mirada ya no es la misma que la que hace diez minutos.
 
Llegó el día e Isabel estaba feliz, había celebrado con la familia el treinta aniversario; se rieron, fotos, videos, pasteles, abrazos de los nietos, todo había salido muy bien, pero quedaba lo mejor para cuando se marcharan todos y quedaran a solas.
 
Ella se metió en el cuarto de baño, se preparó como cada noche, él la esperaba en la cama, Isabel salió con un bolso negro colgado al hombro, se puso a su lado, él le dio un beso, abrieron éste y él depositó un sobre en el interior de un bolsillo ex profeso para ello, Ella, hizo lo mismo, se dieron un beso de nuevo y lo cerraron.
 
Treinta años casados, treinta cartas de cada uno en su interior, una por año, solo las podrían abrir en el caso de que alguno de los dos faltara.
 
Fue una promesa que se hicieron cuando cumplieron el primer aniversario de boda, él se lo regaló y se prometieron introducir cada año una carta cada uno, para llenarlo del amor de los dos.
 
Lo que ocurrió después de apagar la luz, es algo que sólo Isabel y su marido saben.