LA PICONERA

LA PICONERA

domingo, 16 de septiembre de 2012

GRACIAS OLVIDO


Recién duchada. El vaho cubriendo totalmente el espejo, la toalla descubre la imagen que de ella se refleja, se observa desnuda. Es bella y es todo suyo.
Cierra los ojos mientras la toalla realiza su misión de secar. Respira hondo varias veces. Recorre con sus dedos su pelo, su cara, sus labios, introduce sus dedos en la boca, sus pechos hermosos y turgentes con marcas del verano, su vientre plano, la parte externa e interna de sus muslos, sus nalgas. Se le remueve el cuerpo.
Se dirige al salón. La cámara testigo mudo de su pasión. Inmortalizar ese instante desea.
Observa su mano desnuda, expectante, la que tantas veces es olvidada y castigada, en ocasiones abrasada por el sol, incandescente, enrojecida e impregnada de sal, en otras ocasiones golpeada y amoratada por la sangre que intenta salir. Silenciosa y paciente realiza su función sin esperar nada a cambio, sin exigencias, sabiendo la importancia de su trabajo, postergando las sensaciones y placeres que se sabe capaz de concebir.
Ella se siente feliz y actriz: repasa y rememora. (Mira la cámara)  Se extasía dejando ir sus pensamientos a esos instantes de placer que esos dedos hábiles le proporcionan. (Vuelve a mirar la cámara)  Se retuerce a los compases de esos movimientos circulares en su monte de venus, cierra los ojos, los abre. Sus dedos arriba-abajo, abajo-arriba, con el índice introducido en la cavidad húmeda, sirviendo de eje y ayuda para que la rotación y la traslación sea uniforme.  Suave-frenética. (Mira la cámara)
Llega la hora final. La mano y dedos han cumplido su misión…descansada y  feliz se inclina  apagando la imagen.
*Para ti, con todos mis respetos y admiración, por  demostrarnos sin tu consentimiento, lo retrógrados  y malas gentes que aún pululan por esta piel de toro…Gracias  Olvido Hormigos