LA PICONERA

LA PICONERA

lunes, 10 de septiembre de 2012

SILENCIO EN EL ALMA

Aquí, ante la soledad de un teclado que me ha hecho olvidar la textura del papel y el tacto de un bolígrafo. Sin saber por dónde empezar a plasmar en esta fría pantalla y carente de toda emoción, y  poder expresar todo lo que me aflige desde que salí hace años de mi casa y de mi país, siendo aún casi un niño.
 
¡Yo! Un hombre en casi toda mi plenitud, que ha contemplado el pasar de los años siempre con atisbo de esperanza y felicidad, teniendo el cariño de mis allegados y por esa cognición la he trasladado a todos los que me han rodeado. Me veo aquí, solo, triste y encerrado en la habitación de una pensión que supura alegrías y melancolías de todos aquellos que han pasado por ella, dejando huellas indelebles de esperanzas, penurias, desdichas y amores furtivos.
Cerrando los ojos me remonto en el tiempo. Veo una casa rodeada de montañas nuevas en continuo crecimiento, con un verde valle lleno de vida, el cercano discurrir ruidoso de las aguas procedentes del deshielo de un invierno crudo y duro, mezclado con las vocecitas de unos niños corriendo y jugando con unos perros compañeros infatigables de sus juegos. Al mismo tiempo, sale de la chimenea el humo de la vida que dentro de ella se concibe.


Me introduzco en ella. Es una estancia pequeña, limpia y alegremente decorada con cortinajes de flores y vivos colores. Y en la pequeña cocina, una mujer hermosa canturrea una melodía muy pegadiza. Un fuerte olor a café recién hecho y magdalenas recién sacadas del horno impregnan toda la sala.
La mujer se acerca a la ventana, y a viva voz grita a los niños para que se acerquen a desayunar. Los veo entrar corriendo y alborotados, abalanzándose en brazos de la mujer donde ella los cobija, llenándolos de besos y conminándoles a sentarse a la mesa. De otra habitación sale un hombre sonriente y con muestras de efusión besa a la mujer, y cogiendo a los niños en brazos los llena de carantoñas y besos.
Se desvanece la imagen, abro los ojos y ante mí surge de nuevo la estancia que me resguarda desde hace tiempo, unas lágrimas afloran y caigo rendido contra el teclado. La emoción me puede, necesito un pequeño respiro, no sé sí podré continuar con mis recuerdos.
De nuevo me viene la imagen de un andén en una pequeña estación cochambrosa de un inhóspito lugar. Apenas dos adolescentes sujetando con fuerzas dos petates más grandes que ellos. Y unos padres despidiéndolos con lágrimas en los ojos. Con destino a un campamento de reclutamiento y posible destino a una guerra. Tan sólo han recibido un telegrama del gobierno requiriéndoles sus servicios para una pretendida defensa del país. ¡Ellos! que nunca han salido del entorno familiar, se ven envueltos en uno de los conflictos que las malditas radicalidades de las religiones han propiciado a lo largo de la historia.
Retrotraigo el tiempo a la llegada del campamento de instrucción. Donde cientos de niños juegan a ser soldados, y con un curso acelerado de tres meses, les dan un arma y los embarcan a un país que ni tan siquiera saben que existe. Donde la pobreza, analfabetismo y radicalidad te acoge, para mostrarte como el tiempo no ha pasado, que sigue anclado en la edad de piedra, regido por unos clanes que mantienen viva las creencias y la desigualdad entre las personas, donde ellos reinan como pequeños reyezuelos a costa de un pueblo sumido en la pobreza y la esperanza en un paraíso que nadie ha visto y que todos ellos glosan como el maná que los salvará de tanta esclavitud, y los que no son correligionarios con sus creencias, se convierten en enemigos acérrimos. Incluso la inmolación es un premio a su fe, siéndoles concedidos el paraíso… ¡cuánta falacia!
Muerte y destrucción por intentar implantar una forma de vivir desconocida para ellos. Con un gasto de vidas derramadas e inútiles, sabiendo que el paso del tiempo lo volverá todo a su cauce y nada habrá valido la pena.
La existencia de uno de los adolescentes se ve truncada, y aún con un halo de vida en los ojos, no comprende por qué se le acaba sin haber vivido lo suficiente, lejos de su casa, de sus padres y con su hermano junto a él llorando desconsoladamente.
La llegada del ataúd cubierto por una bandera fue el colofón a un telegrama dando la noticia de la pérdida en combate de su hijo, ensalzando las virtudes y valor de este.
Su otro hijo continuó en ese lejano país, sin poder acompañar a su hermano ni a sus padres en tan luctuoso trance, para más escarnio de unos padres muertos en vida, maldiciendo al gobierno, y a tanto radical.
Ellos que siempre habían inculcado a sus hijos los valores de la amistad, el buen comportamiento y el respeto a los demás. Ahora estaban derrotados, odiando los nacionalismos, las intolerancias religiosas y la ambición de unos depravados personajillos con ansias de lograr sus propios beneficios.
Como habréis comprendido los que lleguen a leer esto ¡Él, era mi hermano y ellos eran mis padres! Digo eran, porque ya no viven. Un accidente de avión se los llevó cuando viajaban para estar conmigo en mi convalecencia debido a las heridas de guerra que me habían producido. Una explosión me había dejado huérfano de una pierna.
Una vez me habían dado el alta médica y la baja para el servicio activo, me trasladé a mi país, a mi antiguo domicilio, visité la tumba de mis padres y hermano, realicé la venta de la finca, y posteriormente me trasladé a España, a una zona con gran parecido a la tierra donde nací. Aquí he vivido y me he integrado a sus costumbres, domino bien el idioma, y he hecho de este país el mío. Y ahora estoy a punto de hacer las maletas y marcharme en busca de otra paz.
En este país desde un tiempo a esta parte, los nacionalismos exacerbados y separatistas con proclamas de independencia. La desobediencia al poder central por parte de algunos de esos pequeños reinos de Taifas, tradiciones defenestradas, políticos corruptos, libertinajes, todos derechos y nada de obligaciones. Un país maravilloso, donde su historia es su mayor contribución al mundo, y que unos politiquillos con sus ambiciones personales y de partido, soliviantan al pueblo, distorsionando su pasado y su realidad. Todo esto unido a la grave crisis económica en la que está inversa por la mala gestión de unos gobernantes ineptos, la veo hoy desde mi óptica encima de un polvorín a punto explotar y romperse por los cuatros costados. Con soflamas de algunos político y agentes sociales de que van arder las calles, e incluso llegan a asaltar supermercados con la excusa de que lo hacen por los más necesitados. No, no quiero estar aquí cuando llegue ese momento.
Algún lugar habrá en el mundo donde aún se pueda vivir en paz y armonía…si existe, lo encontraré.