LA PICONERA

LA PICONERA

lunes, 15 de octubre de 2012

MÉNAGE À TROIS

¡Hola! Me llamo Alicia. Hace unos meses tuve la oportunidad que me brindó mi buen amigo Fibo de asomarme a esta ventana para narraros como fue mi primera relación sexual, titulando dicha entrega “Soy Bisexual”. 

Hace unos días me comentó que quería escribir sobre el tema de los tríos compuestos por dos hombres y una mujer y que, debido a su inexperiencia en tales prácticas me invitaba a que lo asesorara. Ante tal solicitud le propuse relatar como había sido mi primera experiencia en el “ménage à trois". Estuvo de acuerdo, así que me veo delante de esta pantalla rememorando ese día que jamás se borrará de mi mente. 

Para los que no leyeron mi anterior post, empezaré por presentarme, como ya he dicho antes me llamo Alicia, soy una mujer madura de cuarenta años y según la opinión de los hombres así como de las mujeres que me han conocido y han practicado sexo conmigo “tengo muy buena planta”. 

Quiero aclarar ante todo que no soy una profesional del sexo, solo lo practico porque me gusta y me apetece. He tenido parejas tanto femeninas como masculinas, he practicado tríos con ambos sexos y en la actualidad mantengo dos relaciones. Una con una amiga casada con la que me veo esporádicamente y desde hace unos meses con un amigo que desconoce mis tendencias sexuales. 

Este último al igual que casi todos los hombres a los que he conocido, tiene la fantasía de hacer un trío con dos mujeres. No pierde la ocasión para dejar caer el tema, insiste en lo que le gustaría y lo feliz que le haría. Pero casi al mismo tiempo le quita importancia con una media sonrisa socarrona, esperando una respuesta afirmativa por mi parte. He de reconocer que por malicia, sorna o por el placer de verle torcer el gesto, le insinúo que estaría dispuesta a ello pero con otro hombre. En ese momento le sale el machismo y su miedo a convertirse en homosexual (las mujeres que me leen, saben de qué les hablo), con esas frases tan manidas en ellos: “con otro hombre no, no sea que se equivoque en el ardor de la batalla y acabe dándome a mí” “a ver si al final me va a acabar gustando” o “por ahí, ni el bigote de una gamba”. 

El día de su cumpleaños le preparé una sorpresa que ni por asomo se podría imaginar. Hablé con una amiga y le comenté las apetencias sexuales de mi amigo, le pregunté si quería participar en un trío con el. Ella me contestó que sí, que le agradaría tener esa experiencia. 

Él pensaba que íbamos a estar solo los dos, pero cuando llegó ese día se encontró con la sorpresa de que mi amiga estaba en casa. Le dije que había llegado sin avisarme y que no había tenido más remedio que invitarla al cumpleaños. El no puso mayor objeción, podría decir que incluso se alegró, ya que mi amiga está de muy buen ver. No le quitaba ojo a su escote pronunciado, sus pechos grandes y turgentes, a sus piernas desnudas por la faldita corta que llevaba. He de reconocer que me estaba poniendo cachonda a mí también. 

El estupor de mi amigo fue, cuando una vez comiendo la tarta después de una velada muy agradable de risas, mi amiga se levantó de su asiento riéndose de cómo tenía yo los morros llenos de nata, me cogió la barbilla estampándome un beso en la boca, siendo correspondida por mi parte y metiéndonos manos. Yo lo miraba de reojo, no sabía donde meterse, ni que hacer. Mi amiga le invitó a participar cuando me cogió de la mano para llevarme a la habitación, y con la otra me la introducía por debajo de la falda, él nos seguía como un perrito faldero sin abrir la boca, cuando empezó a quitarme la ropa y él empezó a quitarse la suya, observamos como sin tocarnos se había desinflado como un globo y los calzoncillos todo manchados de esa sustancia espesa que todos conocemos. Posteriormente se recompuso y disfrutó como un poseso sin saber donde acudir, ni donde meter la mano, ni a que boca ofrecernos su miembro. Como si se fuera a acabar o todo fuera un sueño. 

Después de ese día tuvimos algún encuentro más, y reiteradamente me daba las gracias por haber hecho realidad sus fantasías. 

Las semanas posteriores le instaba a que me recompensara de la misma manera, siempre me daba largas con la excusa de no saber a quién buscar para el trío. Le comenté que porqué no se lo pedía a su amigo que estaba soltero, él se negaba en redondo a que este participara. Como mujer, sabía como me miraba su amigo cuando él no se daba cuenta, y lo que estaba pasando por su mente. 

Un día que le invitó a casa a presenciar un partido de fútbol, supe que había llegado la hora. Estaban los dos enfrascados en el partido. Salí recién duchada y perfumada tapándome solo con la toalla, me puse delante de su amigo, la dejé caer al suelo y le dije que si le gustaría hacer realidad mis fantasías, los dos se quedaron de piedra, me senté encima de su amigo y lo besé sin compasión permaneciendo este inmóvil y estupefacto, bajé y sin dilación le desabroché la cremallera, saliendo como un obús un inmenso pene que nunca me habría imaginado que pudiera tener, lo introduje en mi boca mientras con otra mano le agarraba el paquete a mi amigo sin dejar de mirarlo. 

El partido se acabó para ambos y empezó otro que fue inolvidable. Fue inenarrable el placer de sentir los dos miembros dentro de mi, cuatro manos y dos bocas succionando cada poro de mi cuerpo. Los múltiples orgasmos se fueron sucediendo uno tras otro como un río desbocado.

Hoy en día, seguimos con nuestros encuentros sexuales, participando también mi amiga en ellos. 

Deseo que Fibo esté satisfecho de esta entrega.