LA PICONERA

LA PICONERA

sábado, 14 de julio de 2012

LAS AVENTURAS DEL INSPECTOR FIBO


    Una calurosa tarde de verano a la hora de la siesta, no es el mejor momento para poner a trabajar al cerebro. Menos aún después de haber despachado una comida con su compañero Benito. Y  disfrutar después del ágape, de un digestivo a base de varios gin tonics  bien cargados y la compañía de una mujer de vida alegre.
    En estas se encontraba el inspector; recostado en una lúgubre cama con sabanas descoloridas y manchadas  de una triste pensión del casco antiguo de la ciudad. La mano derecha ocupada a partes iguales entre sujetar un ducado (cigarrillo negro fuerte)  y  rascarse los genitales. La otra mano  deslizándose sinuosamente por la espalda y el culo de la meretriz que dormitaba desnuda boca abajo junto a él. La mirada perdida en el ventilador de techo, este giraba en un vano intento por refrescar una estancia impregnada de un rancio aroma a sudor, colonia barata y tabaco negro.

.-Amparito, cariño... ¿tú dirías que soy un hombre atractivo?

El inspector Fibo rozaba los cincuenta, y no es que le preocupara sobremanera el hecho de ver marchitar sus encantos físicos, ya que no se puede decir que fuera un hombre de genética armoniosa, más bien chaparrete, de tez negruzca y rasgos aniñados. Sin embargo era su encanto personal lo que le confería algún tipo de atractivo.


.-Si Fibito si... eres como Charlton Heston  pero en gitano.

Amparito se concedía la licencia de llamarle Fibito, tal era la confianza que se profesaban tras años de relaciones comerciales, que habían dado paso si no a una amistad sincera, sí a una afectuosa camaradería.

 .-Pero, a ver Charito... ¿Charlton Heston en los Diez Mandamientos o en El Planeta de los Simios?

 .- En Ben Hur... cuando lo meten a remar en galeras.

A Amparito le regocijaba sobremanera cabrear a Fibo, cosa que raramente conseguía, ya que era un hombre templado y sobrio, de austero carácter, forjado por mil sinsabores, capaz de afrontar los desaires y reveses con la más fina ironía.

 .-Anda, pásame el paquete de Ducados, y date un enjuague que vamos por el segundo round.

 .- A la orden de Usía, mi Coronel... por cierto ¿cómo vamos de fondos? No se si debería recordarte que  mi religión me prohíbe trabajar  gratis.

.-Después de todo lo que hemos pasado juntos Amparito... tú y yo que hemos visto caer el muro de Berlín, las Torres Gemelas, a Gadaffi. ¿Cuándo he faltado a mi deber como pagador?

  ..-No me hagas hablar Fibo... no me hagas hablar. Y hablando de cosas caídas... no te veo yo ahora muy católico.

 .-Tú hazle el boca a boca y verás como resucita.

Y en  tal menester se estaba empleando Amparito, cuando irrumpió el compañero Benito, que se había ocupado en la habitación contigua con una compañera de ella. Aporreando la puerta y  vociferando como un basilisco.

.-Fibooooo ¡vístete que nos vamos! Me han llamado de la Central para que nos traslademos a la calle Conde, que al parecer se ha formado un lío de tres pares de cojones. Que allí nos espera el Comisario. Dúchate, y mientras tanto te espero en el parking, sabes que el jefe es un meapilas y no le gusta el olor a putas.
.- ¡Déjala ya Amparito!... se me ha cortado la inspiración, mañana continuamos.

 Una vez trasladados al lugar._.- ¡A sus ordenes Jefe. ¿A que vienen esas prisas, y que es lo que pasa?

-Ha llamado a la central tu chivato chapero, y ha comunicado que tiene retenido al Concejal de Seguridad del Ayuntamiento en este edificio,  y amenaza con rebanarle el cuello sino eres tú quién se entrevista con él. Así que entra ahí y trata de arreglarlo antes de que lleguen los periodistas.

       .- Abre Rata, soy el Inspector Fibo.

       -Pase señor inspector y cierre la puerta.

El cuadro que observa al entrar en la habitación, es al chapero de pie con la cara ensangrentada y desnudo, en una mano un cuchillo de grande dimensiones, con  la otra cogiendo por el pelo al concejal que se encuentra de rodillas teniendo atadas las manos a la espalda, y en su  boca el pene del “Rata” que le conmina a seguir mamando.

           .-Suelta el cuchillo o te doy de ostias ¡y ya me conoces!..  Explícame que ha pasado, pero antes déjame que os eche una foto con el móvil para que quede grabada para la posteridad, sonríe y que no se vea el cuchillo. Tú... sigue chupando y no te muevas sino quieres que este te arregle el cuello.

       .-Veras Señor inspector…este tío, me ofreció 100 euros por hacerle una mamada, después de hacérsela, dijo que no le había gustado y que no me iba a pagar, riéndose de mí me ha pegado un puñetazo en la boca llamándome maricón de mierda, cuando se iba a ir, he cogido el cuchillo que siempre llevo y le he dicho que me pagara, así lo ha hecho y para vengarme le he obligado que me la chupara. Entonces me ha dicho que era el Jefe de la Policía y que se encargaría de meterme en la cárcel… ¡Y ya sabes lo que le pasa a la gente como yo en la trena! Por eso te he llamado, para que me ayudes a salir de este lío.

 .-Bien señor Concejal, este asunto lo vamos a olvidar... El Rata se marchará tranquilamente de aquí, no habrá denuncia por su parte, usted se irá a su despacho, hará las gestiones que tenga que hacer para que a la Policía se le pague las horas extraordinarias que se le debe y se le restituyan esos derechos que usted tan arbitrariamente anuló, luego dimitirá por asuntos particulares. No creo que a tu mujer ni a tu partido político le interese que salga a la luz esta foto que celosamente guardaré y haré pública si no hace caso de mi recomendación. Y cuando salgamos le dice a mi jefe que ha sido un mal entendido, que no ha pasado nada ¿de acuerdo?  ¡Pues vamos allá!

.-Jefe... asunto terminado, todo ha sido un mal entendido que el Sr. Concejal le explicará mejor. Y ahora con su permiso... nos vamos  a continuar con el servicio que estábamos realizando.

  .- ¡Vámonos   Benito a seguir con lo nuestro... Amparito y la tuya nos esperan. Ahora tranquilamente te contaré lo que ha ocurrido!