LA PICONERA

LA PICONERA

domingo, 29 de abril de 2012

SEGUNDAS PARTES

     Después de un año retirado de esta cacharrería por motivos que intentaré explicaros seguidamente, quiero retomarla a continuación del post causante de mi ausencia, suprimiendo la entrada sin terminar, titulada: ¿Quién es el asesino? ya que me siento incapaz de continuar con ella en estos momentos.
 
   En primer lugar, quiero pediros perdón y agradeceros todas vuestras muestras de cariño, y preocupación hacia mí en vuestros comentarios de mi última entrega reseñada anteriormente, algo que no me esperaba, y que al leerlas me han emocionado.
    Todo se inició a raíz de la publicación del post “Carta Abierta” donde mi ex-pareja se puso en contacto conmigo después de diez años. Hubo una comunicación personal entre nosotros a través del correo y contactos telefónicos durante un cierto tiempo. Mis sentimientos volvieron a aflorar al volver a oír su melosa y dulce voz, era como si no hubiera pasado el tiempo y todo lo ocurrido fuera un mal sueño.
    Desde entonces dejé apartadas y abandonadas casi todas las cosas que hasta esas fechas realizaba, mi mente estaba constantemente con ella y con el dilema de querer volver a verla, un día me lie la manta a la cabeza y le propuse un reencuentro, a lo que ella accedió con mucha alegría.
    Los días precedentes fueron un sin vivir, los nervios me atenazaban por completo. ¡Y llegó el día! esa mañana muy temprano y con trescientos km por delante me llevaron al lugar de la cita.
   Allí estaba, la reconocí en la distancia, era inconfundible, media melena rubia, falda corta con tonalidades rojas, camisa blanca, zapatos y bolso a juego, con los años había ganado en belleza, nos saludamos con un par de besos en las mejillas y nos alabamos mutuamente.
    Las horas pasaron muy deprisa, yo era feliz y ella se mostraba dichosa (habíamos obviado sin acuerdo tácito no hablar del pasado), al llegar el anochecer y después de cenar, la invité a la habitación que tenía reservada en el hotel, ella accedió con un beso (su hijo lo había dejado con su amiga y no tenía problemas en pasar la noche conmigo).
    Fue una noche maravillosa, la amé y me amó, lloré y lloró, por mi mente no pasaba nada que no fueran esos instantes, me creí rejuvenecer, la sentí como si no hubieran pasado todos esos años, no me cansaba de abrazarla, sentirla, besarla, contemplarla, en esos instantes no existía nada más que ella, a pesar del cansancio del viaje y las horas sin dormir, no quería cerrar los ojos y descubrir que todo era un sueño, el amanecer nos sorprendió abrazados y haciendo el amor.
    A media mañana me dijo que se marchaba, que tenía que recoger a su hijo, eso sí, me propuso comer juntos, a lo que accedí gustoso y con ganas de conocerlo.
    A la hora prevista y tan puntual como la recordaba, hizo su aparición acompañada de su hijo, (fiel reflejo de ella). Me presentó como un buen amigo, y éste una vez había estrechado mi mano, no dejaba de mirarme insistentemente. Roto el hielo, me apabulló a las más variadas preguntas, resultando ser un chico muy despierto, alegre, y sobre todo muy bien educado, la velada estaba resultando de lo más agradable, en esos momentos me sentía un hombre feliz, hasta que llegó la fatídica pregunta -¿tú tienes hijos?,- no supe que responder, una lágrima brotó de mis ojos y la congoja se apoderó de mí… -¿Qué te pasa Fibo?- nada, no te preocupes, ha sido tan solo una mota que se me ha metido en el ojo, pero no, no tengo hijos.
    Seguidamente se dio por finalizada la comida, ella trabajaba esa tarde, y tenía que llevar al niño a casa de su abuela, nos despedimos y quedamos en que me llamaría por teléfono una vez acabada su jornada laboral.
    El reencuentro no fue como el deseo primitivo o animal, donde impera ese instinto innato en todos los seres llevado por el deseo y la lujuria, donde las emociones, lloros, sufrimientos y pesares quedan aparcados visceralmente. En esos momentos mandaba el corazón y los rescoldos del amor, las promesas, los sueños de toda una vida juntos hasta envejecer el uno al lado del otro, su mirada tibia y jovial, sus rizos amarillos desparramados sobre mi cara, su olor corporal, su perfume, su cuerpo pegado al mío, su risa, nuestra casa, nuestros futuros hijos, todo un coctel de un pasado que volvió a activarse.
    Una vez en el hotel, salió a relucir esa dualidad que todos poseemos e hizo aflorar los fantasmas del pasado, y como un hierro candente la conciencia luchó y se incrustó en el corazón venciéndolo en tal desigual batalla. No podía volver con ella y menos volver a amarla.
    Tumbado en la vacía cama de hotel, con la mirada perdida en el techo, dejé que mi corazón se apagara deshecho y desconectado, dejando que se apoderara de mi memoria los recuerdos de su traición, y cada vez que observara a su hijo, que podía haber sido mío, mi cabeza se trasladaría al momento del engaño, a esos días, meses y años que sufrí sus palabras hirientes en el momento del abandono, martilleando incansablemente mi cerebro como el martillo del herrero golpea el yunque doblegando el acero.
    Vuelvo a la cruda y pura realidad. Ella no me merece y no puedo perdonarla, aún así, parte de mi corazón es suyo, aunque roto, desgajado, zurcido y remendado, pero suyo.
    Ella formó parte de mi vida de una forma especial, calándome tan hondo que esa huella siempre estará conmigo para bien o para mal, ahora creo que de esas llamas solo quedan las cenizas de sus brazas, nada más.
    Seguidamente recogí mis pertenencias abandonando el hotel y la ciudad regresando a mi aldea, una vez en ella, recibí su llamada telefónica y le expliqué los motivos de mi marcha, no me reprochó nada en absoluto y con un sollozo entrecortado, me colgó el teléfono.
   Ahora tan solo me queda la imagen del restaurante, una mesa redonda y tres comensales riendo felices, mi trabajo y el volver a retomar esta página donde iré desgranando pasajes de mi vida, donde tanto trabajo me costó ir olvidando, a volver a crearme nuevamente, y a olvidar el caos y el agotamiento mental sobre su reencuentro y recuerdos.
    Sin embargo, ahora mis lágrimas derramadas tendrán un valor y un sentimiento especial, porque ahora tú que me lees querida amiga…..sabes de mi historia, andanzas, de mi soledad y de mi retiro, ¡ahora tú, eres cómplice mía en esta cacharrería!