LA PICONERA

LA PICONERA

martes, 10 de mayo de 2011

ADICTA AL SEXO

   Como ya sabéis por mis otros escritos, vivo en una aldea alejado del mundanal ruido, la mayoría de mis trabajos los realizo desde casa, y a través de Internet los envío a la empresa que me contrata, alguna vez que otra, tengo que desplazarme para comprobar que mi labor se desarrolla como la he creado, o para solventar algún problema que requiera mi presencia.


    En este último proyecto en el que estaba trabajando, tuve que estar en casi permanente contacto con la responsable que supervisaba a pie de obra, este era su primer trabajo y a la menor duda que se le planteaba inmediatamente me llamaba por teléfono, debido a eso, tomamos cierta confianza en el trato personal. Es una persona joven, dicharachera y con mucho humor, la verdad es que me divertía mucho con las conversaciones que manteníamos.

   Cuando la obra estaba casi finalizada, tuve que desplazarme para realizar los últimos retoques de la misma y permanecer unos días en aquella ciudad. Al llegar, lo primero que hice, fue ir directamente al hotel y desde allí, le comuniqué a esa persona que ya había llegado a la ciudad, quedando a una hora determinada para ir a la obra. Y cuál no fue mi sorpresa que no había transcurrido ni una hora, cuando suena una llamada en la puerta de la habitación, al abrir esta, me encontré con la mujer más despampanante que nunca había visto, joven, risueña, alta, muy morena y con los ojos verdes, así como una minifalda que dejaba ver unas piernas bronceadas y bien torneadas, me quedé anonadado y patidifuso, no reaccioné hasta que ella se abrazó a mi cuello y soltándome dos besos me dijo quién era. Sin parar de hablar un solo momento y dando vueltas por la habitación, no dejaba de expresarme lo contenta que estaba de conocerme en persona y lo mucho que admiraba mis trabajos desde su época en la universidad, ya que mis obras eran temas de estudios. Seguidamente, me invitó a comer en un restaurante que según ella era su perdición de lo bien que se comía, se agarró de mi brazo y me llevó a su coche, una vez sentada y sin recato de ninguna clase, se acomodó aún mas la falda, ya que al parecer le venia mas bien un poco ajustada, dejando ver más de lo que se puede contar.

    El trayecto no duró más de media hora, en todo el recorrido no paraba de hablar y su mano diestra la posaba encima de mi pierna, me tenía nervioso a pesar de la diferencia de edad, ya que podría ser casi mi hija. La comida resultó de lo más amena y divertida, una vez terminada, nos fuimos a la obra, me mostró todo el trabajo realizado, y me comentó las dudas que le habían surgido, le dí varios consejos para solucionarlos, lo demás estaba como se había diseñado en un principio.

    Una vez terminada la inspección, me invitó a conocer un poco la ciudad y también a cenar, pero antes me dijo que teníamos que pasar por su apartamento, se tenía que duchar y cambiar. Una vez allí, me invitó a una cerveza mientras se duchaba, yo le eché un vistazo al pisito que resultó muy acogedor y juvenil, me senté en un sofá y al momento salió tan solo tapada con una toalla, se sentó a mi lado, mis ojos inquietos no dejaban de mirar lo bella que era, de sopetón me dijo que la besara, que lo estaba deseando, y eso hice sin esperar a que me lo repitiera, pues yo estaba que me salía, le quité la toalla y ante mi, apareció su cuerpo joven, terso, unos pechos como hacia mucho tiempo no había visto, a no ser en alguna película o revista, allí sumergido entre su entrepierna me decía para mi... “Fibo, que suerte tienes joio” ¡Os podéis imaginar todo lo demás! me encantó porque no tenía tabúes, gritaba como si la fueran a matar, yo disfruté como un condenado, en todo momento fue ella la que llevaba la iniciativa. Una vez terminado nos fuimos a la ducha y allí comenzamos de nuevo.

    Después nos fuimos de cena y copas, luego me propuso que fuéramos a mi hotel donde la noche se nos hizo bien corta, no tenía fin y continuamente quería guerra, yo pensaba...”Fibo, pero que bueno eres en la cama” y le seguía el ritmo, mi abstinencia de semanas fueron calmadas con creces en esas pocas horas, no sé las veces que lo hicimos... Así un día tras otro durante los primeros cuatro días, en la obra me arrinconaba en cualquier sitio apartado, y me pedía hacerlo, y lo hacíamos.

   Al quinto día, estando en su pisito y después de practicar de nuevo sexo, yo caí exhausto ¡Ya no podía más, hasta me dolían mis partes con el solo roce, yo no estaba acostumbrado a ese ritmo tan frenético, por un momento me quedé adormecido en el sofá, cuando de pronto me sobresalté al sentir que se estaba introduciendo mi pene en su boca, la aparté y le pedí que me dejase descansar un ratito que la tenía dolorida, se levantó airada y se echó a llorar desconsoladamente, pidiéndome que quería hacerlo de nuevo, que lo necesitaba, que no podía esperar, todo esto a gritos... la miro extrañado y le dije...pero si acabamos de hacerlo tan solo hace un momento y no tengo más fuerza, respondiéndome, pero yo sí y quiero hacerlo ya. Entonces comprendí que tenía que salir de allí en ese instante. Me fui y la dejé llorando y maldiciéndome.

Como ya en la obra no me necesitaban para nada, me fui para despedirme del empresario y cual no fue mi sorpresa cuando me dijo...

_ ¿Te habrá dejado bastante satisfecho la aparejadora en la cama?

_ ¿Y eso? Le respondí yo

_Fácil, le encanta el sexo y lo necesita de continuo, doy fe de ello, y también en su trabajo es muy buena.

_Si, eso también lo he comprobado, es una gran profesional.

Hoy estoy aquí en la tranquilidad de mi aldea y de mi vida, no he vuelto a saber de ella, ni quiero, con mis ligues esporádicos tengo suficiente.