LA PICONERA

LA PICONERA

miércoles, 13 de abril de 2011

MIS RECUERDOS III

     Aquí estoy una vez más, retomando esos recuerdos y pasajes de mi vida, algunos muy bellos, y otros quizás no tanto.

    Como ya sabéis, vivo en un núcleo rural poco habitado y alejado del mundanal ruido, donde todavía se puede vivir en plena naturaleza y con el necesario sosiego. En esta zona resido desde hace veinte años que me vi inmerso en un divorcio bastante traumático y doloroso, queriendo huir de todos los problemas y recuerdos. Me enclaustré en este lugar desde donde realizo mi trabajo y soy feliz.

    Con el paso de los años y con una vida prácticamente monacal, conocí el mundo chateril, estuve unos días observando como funcionaba, tan sólo me dedicaba a saludar y poco a poco fui cogiendo confianza. Mi primer nick fue “Cambalache” posteriormente fueron bastantes más, me hice un adicto y también bastante famoso, allí conocí a la primera mujer con la que estuve después de diez años. Ese primer encuentro siempre lo recordaré por ella y otra circunstancia que relataré un poco más adelante. 
   Después de un par de semanas de contactos a través de video-llamadas, decidimos conocernos personalmente, así que quedamos en vernos un sábado cualquiera en una capital de provincia distante 300 km de mi domicilio.

Una vez acudido al lugar de la cita, ella no se presentó a la hora indicada, permanecí por espacio de una hora sin tener noticias suyas y además su teléfono móvil se encontraba fuera de cobertura, cuando ya me daba por vencido y pensaba que había tenido un plantón en toda regla, recibí su llamada toda angustiada y comunicándome que se encontraba en urgencias del hospital, acompañando a su madre que había tenido una recaída y no podía abandonarla, sugiriéndome que me acercara, cosa que realicé de inmediato y pude hablar con ella una vez que ingresaron a su madre en observación. Me pidió perdón reiteradamente y que no podríamos estar juntos hasta el día siguiente una vez su otra hermana se acercara para relevarla, así que quedamos en vernos al dia siguiente por la mañana para desayunar.

   Allí me vi, en una capital desconocida para mí, no sabía si dirigirme al hotel y cenar en él o darme una vuelta para conocer un poco el ambiente nocturno. Elegí lo segundo, así que una vez que había cenado en un buen restaurante y degustado lo típico del lugar, encaminé mis pasos a la zona de copas que uno de los camarenos del restaurante me había indicado.

   Después de observar varios locales y no gustarme el ambiente, supongo que por la hora tan temprana, decidí dar un paseo y regresar al hotel que no se encontraba lejos, pero al pasar por un local, vi que había un poco más de ambiente y la música que salía del mismo me gustaba, así que decidí entrar y tomarme algo. Una vez dentro, observé algunas parejas acarameladas y me dió algo de envidia, hacia años que no estaba con una mujer, me acomodé en la barra, pedí una copa, saqué un cigarrillo y en ese momento una mujer preciosa que estaba sentada en un rincón acompañada por otra, me pidió fuego, mientras le acercaba el encendedor, no podía apartar mis ojos de los de ella, hermosos, profundos y mordaces. Yo, que soy un conversador nato que me gusta charlar hasta por los codos, no podía articular palabra, no sé como me salió mi nombre y me presenté, ella hizo lo mismo, la invité a una copa y aceptó no sin antes dirigirse a su amiga y disculparse, charlamos durante un par de horas, yo estaba embelesado de su belleza, la oscuridad del local, la música que me encantaba y su conversación tan amena, hizo que se me pasara el tiempo volando, me invitó a que la acompañara a la discoteca a bailar un rato, accedí encantado, ni me acordaba de mi cita.

    Después de una cuantas copas, nos dirigimos a la pista de baile, una vez la tenía ceñida por la cintura, ella se echó sobre mi pecho, su perfume me embriagaba, mis labios en su frente, su corazón lo sentía acelerado, mis manos no paraban de acariciar su espalda, ella se abrazaba cada vez con más fuerza, en un momento dado no pude más, le levante la barbilla y muy suavemente la besé, a lo que ella correspondió, yo estaba en la gloria, en esos momentos estaba sonando Sergio Dalma con su famosa canción de bailar pegados, nunca lo olvidaré, los besos continuaban ya sin pudor, mis manos y las suyas nos recorríamos intensamente, cuando acabó la música y agarrado de las manos, nos acercamos a un sofá que había en un rincón y allí nos entregamos a caricias y toqueteos cada vez más atrevidos, sus pechos duros y turgentes como hacia tiempo no había acariciado, ella colocó su prenda de abrigo sobre mi entrepierna, introdujo la mano en mis pantalones y sin tapujos la agarró, se agachó y se la introdujo en la boca, me hizo feliz ¡pero que muy feliz! ... Yo introduje mi mano bajo su falda en busca de su manantial, ella se retorcía abriéndose de piernas para que accediera más fácilmente y al llegar donde suponía que debía estar su tesoro, mi sorpresa fue de aúpa…no estaba lo que yo pensaba, si no que lo que toqué pertenecía a un hombre y en plena forma… Asustado y sorprendido me levanté de un salto y furioso le recriminé su engaño, ella o él se sorprendió de mi reacción y me preguntaba si no sabía lo que era, le dije que por supuesto que no, ella me dijo que donde nos conocimos era un bar de travestis y que suponía que yo al entrar en él lo daba por hecho. Le pedí disculpas y me marché aún con el ardor en mi cuerpo, pasando una mala noche,no por lo ocurrido, sino por mis pensamientos hacia ella o él y el hecho que estuve a punto de querer que solo me quedara “ montar en globo”.

   Al día siguiente sin apenas dormir, fui a mi cita con la amiga chatera, desayunamos, hablamos, nos divertimos y quedamos para otra vez…el resto será otra historia.