LA PICONERA

LA PICONERA

viernes, 15 de abril de 2011

MI AMIGA

Todo comenzó con un anuncio que leí en un diario de esos que se reparten gratuitamente a la entrada del metro, no  los  suelo leer casi nunca, ya que habitualmente me acompaña el libro que en ese momento esté leyendo, y cosa extraña en mí, abrí el diario por la  sección de contactos de amistad y bien resaltado había uno que decía lo siguiente:
   Mujer de mediana edad, quiere mantener correspondencia solo de amistad, daba su apartado de correos, ciudad de Bariloche (Argentina).

    Mientras el metro realizaba  el recorrido hasta el lugar donde me apearía, seguí ojeando en  el diario las noticias de de siempre, desgracias, guerras, política, eventos de sociedad, la bolsa, paro etc., al llegar al final del trayecto, no recordaba nada de las noticias que había leído referente a lo nacional e internacional, así como los espectáculos que se ofrecían en la ciudad.  Solo se me quedó grabado el anuncio, sentí como si algo dijera en mi interior que  tenía que ponerme  en contacto con ella.
     Yo, que siempre he sido un hombre reticente a la amistad  (no porque no la quiera o desee) más bien porque es difícil encontrarla, tenerla y conservarla. Las circunstancias han hecho que me pueda considerar un hombre solitario, en ese anuncio que había leído, tenía la corazonada  que algo bueno me   iba a ocurrir, quizás  por la necesidad o esperanza de que aunque no quiera reconocerlo, estoy falto de ella.
   Las horas en el  trabajo se me hicieron interminables, no veía la hora de acabar la jornada y de salir corriendo para mi casa, para así poder contestar ese anuncio que de forma incomprensible tanto me había impactado.
    Llegué, dejé la bolsa del   trabajo en el suelo del pasillo, me dirigí rápidamente al escritorio, tomé  papel y  bolígrafo comenzando una carta dirigida a una desconocida.  Hice infinidad de borradores, que quedaron esparcidos por el suelo,  hasta que por fin di con la redacción que creía más acertada.
   Le expliqué donde había visto su anuncio, mis  circunstancias  personales, así como la sensación que me había producido su solicitud. Una vez terminé la carta  salí rápidamente a llevarla al  buzón que hay cerca de casa.   No había regresado a casa aún y mi cabeza daba vueltas pensando en cuantas personas habrían  leído el anuncio y cuantas de ellas le habrían escrito, no quería ni pensar en eso.
   Conté los días que fueron transcurriendo, pregunté a inmigrantes que veía por la calle, cuanto tardaría una carta en llegar a Sudamérica,  a la semana  de haberla remitido, me decía a mi mismo que ya la habría recibido y leído, otro día más para contestar y otra semana para que me llegara su respuesta.
  Pasaron dos semanas, tres, cuatro, ya estaba desesperado al no recibir noticias, hablaba con el cartero, ya no confiaba en recibir carta alguna.
   Al día siguiente de cumplirse la cuarta semana, llegó la tan esperada respuesta, un sobre alargado y con una caligrafía nítida y bien estructurada.
  Abrí el sobre, procurando no dañarlo en excesivo, saqué un folio y empecé ávidamente a leer.
  Dicha carta la encabezaba con un hola y dándome las gracias por contestar a su anuncio, me dice que soy la única  persona que le ha respondido.
  Seguidamente me dice que se llama Verónica, la edad que tiene, sus circunstancias  personales y la necesidad de tener contacto con alguien que no sea conocido y que se encuentre lejano.
   Quedé pasmado por la facilidad de expresión  para escribir que poseía, me pedía perdón por la tardanza en contestar debido al mal funcionamiento de correos de su país, me conminaba a seguir manteniendo correspondencia, prometiéndome que en la próxima carta, me adjuntaría una foto  para que supiera a quien le escribía y que si era posible le remitiera una mía.
  Han pasado dos años desde que mantenemos correspondencia, en todo este tiempo, recibo una carta semanal al igual que ella recibe las  mías.
  Nuestra amistad ha ido creciendo en cada carta, hemos tenido problemas, alegrías, tristezas, angustias, de todo ha habido en este tiempo hasta le hago cómplice de mis devaneos. Mi vida ha cambiado radicalmente desde que es mi amiga, ya no soy el solitario de antaño, ahora salgo más a divertirme, me siento feliz.
  Eso se lo debo a un pálpito en mi corazón  un día en el metro de mi ciudad y a un simple anuncio de un panfleto que no llega a diario y que el destino puso en mis manos.
  Este verano me ha invitado a visitarla a su país, quiere  mostrarme sus bellezas, he aceptado porque quiero al  fin conocerla en persona y darle las gracias personalmente por ser mi amiga en la lejanía.
  Gracias Verónica por estar ahí.
  Hamete que pocas veces vio a Sancho Panza sin ver al rucio, ni al rucio sin ver a Sancho: tal era la amistad y buena fe que entre los dos se guardaban.
Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha