LA PICONERA

LA PICONERA

sábado, 26 de marzo de 2011

MIS RECUERDOS II

   Sigo con mis recuerdos mientras miro abstraído por la ventana y tomando otro café, gesto que inconscientemente hago idéntico al que hacía mi padre.

   Mi padre: camionero por cuenta ajena, trabajador del campo, inmigrante allá por las Alemanias y Francia, de lo que hiciera falta para llevar el pan a su familia, analfabeto de letras, sabio de la vida, gracioso, alegre, y ahora que lo estoy viendo en mis recuerdos (no había caído en eso) nunca lo vi enfadado ¡Que curioso!

   De él solo recuerdo de como me gustaba subirme a sus rodillas cuando venía de trabajar y sentir el olor que desprendía del trabajo después de un día agotador. Como mi madre le ofrecía un vasito de vino tinto, para seguidamente asearse y sentarnos juntos a la mesa a disfrutar de la comida, costumbre que incluso de mayores, hasta de casados íbamos a su casa y no perdonaba que no estuviéramos a nuestra hora para comer, hábito que yo también adopté. 
   Algunas anécdotas, frases que me han quedado grabadas, su amor por mi madre, "por eR Betis, y su cante jondo”, socialista hasta la médula, lector de novelas del oeste y la defensa a ultranza de la familia que nos inculcó, hecho que por cierto no he llevado a cabo y pena que se llevó con él.

   Sobrevivió a mi madre casi en cinco años. Siempre valoré los cuidados que le profesaba cuando ella cayó enferma, con la paciencia que la trataba a pesar de esa maldita enfermedad de no reconocer a nadie y no dejando que otra persona le ayudara en sus cuidados. Esas palabras cariñosas que le dirigía cuando la aseaba, vestía, peinaba y le daba de comer, o cuando la metía en la cama y la arropaba para luego abrazarse a ella.

   Cuando ella falleció el se sumió en una gran tristeza de la que nunca se recuperaría.

   Los últimos años quiso vivirlos solo en su casa, rechazó toda propuesta de mis hermanos y mía de marcharse a vivir con uno de nosotros para que no estuviera solo. Nunca aceptó, prefirió vivir lo que le quedaba de vida en su casa y con sus recuerdos y de allí nadie lo sacaría si no era con los pies por delante.

   Con el tiempo, debido a sus años, cayó enfermo y hubo que ingresarlo, en todo momento estuvo acompañado por nosotros, hasta la noche que ya nos íbamos y con su guasa habitual nos despidió con un hasta luego y que no se nos olvidaran los churros del día siguiente.

   No había pasado una hora y aun no habíamos llegado a casa recibimos una llamada del hospital y nos comunicaban su fallecimiento.

   Con muchas trabas burocráticas conseguimos que nuestros padres pudieran descansar juntos.

  También lamento mis silencios con él, el no haber hablado y preguntado sobre sus sentimientos, el no haberle dicho nunca lo que lo quería, lamento mis discusiones sobre nuestros puntos diferentes en política, lamento no haberle hecho caso sobre mi porvenir, y ser culo de mal asiento, algo que siempre me reprochaba y tantas cosas que no le dije y tantas cosas que me quedaron por hacer con él. Un besote papá.