LA PICONERA

LA PICONERA

miércoles, 30 de marzo de 2011

ELLA

 Otra vez regreso sobre mis pasos, esos pasos que me retornan al mismo lugar una y otra vez como un autómata, donde los recuerdos hacen que afloren la felicidad y mis tormentos. Es difícil evitarlo, como imposible de estar sin ellos, como una droga que me ayuda a vivir y morir poco a poco en silencio, pagando por un error todo el daño que causé, y queriendo volver a vivirlo hasta el infinito, con la esperanza de que el final fuese distinto, pero ya es tarde, además, mi cobardía me impide adentrarme en este mar y acabar de una vez con este martirio.



  Y todo continúa igual, la misma barca desvencijada, el mismo cielo con sus estrellas resplandecientes, el arrullo de las olas al morir en la arena, la cálida temperatura que aumenta con el recuerdo de ella. Al recordarla. la veo deslizarse sutilmente con sus cabellos rizados al aire por la brisa del mar, ese brillo de su cuerpo reflejados por la luna llena y silenciosa como la noche se recuesta apoyada entre la barca y mi hombro, me mira dulce y tiernamente, fijando sus ojos negros en los míos,y entre susurros prometiéndonos palabras de amor, que solamente callábamos cuando fugazmente nuestros labios se rozaban en un tierno y dulce beso de amor. 
  Mi corazón latía como potro desbocado, al acariciarla mi sangre recorría todo mi cuerpo como una corriente embravecida, todo en mi se estremecía y mis vellos se me ponían en punta. Ella en todo momento se percataba de mis sensaciones y con risa burlona me decía ¿Es que tienes frío? yo con risa nerviosa le contestaba, no, ¿como puede existir en el mundo frío? ¿que es el frío? Cuando estoy junto al más calido manantial que emana el más puro y Bello amor jamás conocido-

  Se acurrucaba en mi pecho, me rodeaba con sus manos y el olor de sus cabellos terminaban de embriagarme de ella. Entonces permanecíamos así por un largo tiempo, en completo silencio, esperando divisar una estrella fugaz para pedirle un deseo ¡Que nunca se acabe este momento!

  Es tarde, tenemos que marcharnos me dice, nos levantamos y cogidos de las manos marchamos y al encumbrar la cuesta hacia la carretera, me giro y miro hacia atrás, las olas borran nuestras pisadas, el lucero del alba empieza a despuntar. Me apremia, venga ¿que haces? un segundo más por favor… se gira y se pone frente a mí, descubre la felicidad en mi cara, cinco minutos después se despide con ojos entumecidos, con un beso tan fuerte y tan profundo como un volcán en erupción.

  Hoy estoy aquí, años después “SOLO” con esa carta que he leído tantas veces y que apenas se distingue su escritura de lo desgastada que está, la foto que le hice al pie de la barca donde se mostrabas feliz y sonriente, el anillo de prometida, eso es lo que me queda de Ella, luego solo un adiós. Diviso la vieja barca y me encamino hacia ella, no me atrevo a recostarme, me apoyo en ella y saco un cigarrillo, con la mano temblorosa y a duras penas logro encender, exhalo el humo con fuerza, con la intención tal vez de sacar dentro de mi todo mis recuerdos, sentimientos, toda mi culpa, pero no surte efecto.

  En completo silencio, miro todo con detenimiento y en mi cabeza se agolpan sensaciones que bullen sin darme un segundo de respiro, ¡No puedo más! me marcho con la cabeza baja y al llegar a la cuesta, miro hacia atrás, las olas borran mis pisadas yo no me doy cuenta hasta que una voz me dice: Señor ¿le ocurre algo? con voz entrecortada y titubeante puedo decir “NO” estoy llorando desconsoladamente y echo a correr.

   Al escribir estas líneas es lo más cerca que he estado de ver la realidad, pues es la primera vez que me desnudo y cuento mis sentimientos mas íntimos que celosamente siempre he guardado. Pero ya puesto, tengo que ser valiente y honesto conmigo mismo, la verdad es que la perdí por una infidelidad que cometí  y no saben cuanto lo he sentido y lamentado desde ese día.

¡Ojala ELLA me puedas perdonar, esté donde esté, porque yo nunca me he perdonado y no me podré perdonar!

Gracias Juanma amigo, por estar siempre ahí.sin tu apoyo no hubiera podido soportarlo.