LA PICONERA

LA PICONERA

viernes, 1 de abril de 2011

ANHELOS

   Sentada en un banco, bajo el frondoso ramaje de un nogal centenario, contemplo el boceto que he extraído de la fotografía que viene impresa en la revista en la que se anuncia la próxima exposición de obras itinerantes que se celebrará próximamente en la ciudad.

    Quedo maravillada de la simetría y líneas que moldean algo tan bello “APOLO” Dios de la luz y el sol. Su mirada, la voluptuosidad de su cuerpo, sus largos rizos negros, algo tan bello que ante su sola presencia siento que mi cuerpo se estremece, tan solo pensar ¿Quien habrá sido el ser que ha servido de modelo?

    Cierro los ojos para imaginarlo, pero algo se interpone, lo presiento, abro los mismos y ahí está delante de mí… me lo ofrece sin recato… mi piel rezuma por cada poro, mi cuerpo arde en deseos, lo miro fijamente, insiste, ¡no, no quiero! es tan grande, nunca había visto cosa igual, color fresa, mis ojos no pueden aparatar la vista ¿Cómo sabe él, que es lo que quiero y deseo ahora mismo?

    Me apremia a cogerlo, tengo que decidirme, me acerco, lo tengo junto a mi, sigue insistiendo, me lo acerca más y más, quiero retirar mi cara, me invita a cogerlo, miro a un lado y a otro, no hay nadie más.    Los vellos se me erizan, mis pezones se ponen duros y firmes y se dejan traslucir como buscando la luz debajo de la camisa clara y fina que llevo puesta sin sujetador, una corriente me recorre la espina dorsal.

   Él me mira a los ojos impaciente, insiste con él en su mano, como diciendo: comételo, es tuyo y solo tuyo, flojeo, no puedo resistir la tentación ¡Es tan maravilloso, tan grande, tan consistente!

  Con mi mano casi temblorosa lo tomo, tiene la medida exacta, ya lo tengo, es mío, solo mío, él me sonríe, se alegra.

   Lo acerco lentamente a mi boca, no me decido si empiezo por bocaditos tiernos o por chupaditas, es tan goloso a los ojos y a la boca, la lengua decide por mí, acerco esta y siento que está a una temperatura que me agrada, huele bien ¡ummm... que rico! paso la lengua de abajo hacia arriba, me estremezco y ardo en deseos.

   Hace dos días, tuve en mi boca uno parecido, pero no igual, este lo supera, sobre todo en tamaño, ¿quién no sucumbe ante esta tentación? ¡Ante tanto placer!

   No puedo resistirlo, abro la boca y me lo introduzco todo, casi ocupa toda ella, tiene el tamaño adecuado, mis labios hacen la presión justa, mi lengua juega con él, por la comisura de mis labios caen unas gotas, las recojo con las yemas de mis dedos y me las vuelvo a introducir.

  Él me mira con ojos perversos, sé lo que piensa, no, no está equivocado, ¡siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, está muy rico me digo para mí!

   Y lo que él supone es verdad, me lo comeré todo, no pararé hasta saciar mis ganas, lo saco de la boca, lo miro y sus dos bolas me incitan más a seguir con él, tengo que acabar lo que he empezado, el tiempo me apremia, aunque esto no se hace con prisas.

   Cerca muy cerca, otra chica me contempla y siente envidia, sus ojos y sus gestos, me dicen que lo quiere para ella, pero no, es mío, solo mío y de nadie más, tendrá que elegir otro.

   Sigo comiendo, lamiendo, chupando, el calor de mi boca hace que poco a poco pierda esa textura y dureza del principio, se derrite, me pide que acabe, que no lo deje así, me lo introduzco de nuevo, cada vez está más suave, llegó su éxtasis y sus gotas se derraman por su tronco y llena mis manos, las siento pegajosas, le pego un lametón a mis dedos, ¡ummm... que rico está!

  Ya es todo mío, he acabado con él, siento algo extraño, toco algo con la lengua, introduzco los dedos, busco en el interior de ella y Dios mío ¿Que es esto?

  Lo miro acercándolo a mis ojos, noooooooooooooooooooooo, nooooo por favor ¡ Es un pelo grande, duro y negro.

   Doy arcadas, siento que voy a vomitar, nunca me había pasado nada parecido, él me mira extrañado, lo miro con rabia, quiero insultarlo, le lanzo una patada y le tiro el carrito de los helados al suelo.

   Lo siento señorita me dice, jamás me había ocurrido esto, mis helados están hechos con mucho cariño por mi madre, son artesanales, ¡Escoja otro por favor, la casa invita!

   Me doy media vuelta, salgo corriendo a vomitar detrás del árbol, el chico se queda todo dolido y casi lloriqueando.

  Nota de Fibonacci: Yo me digo para mis adentros, que el deseo y el placer es una fuente inagotable del pensamiento “La realidad es otra”