LA PICONERA

LA PICONERA

domingo, 13 de febrero de 2011

UNA VIDA SIN VALOR...IV

    Los siguientes días fueron maravillosos, salíamos a todas partes, a cenar, a bailar, al cine y al final acabábamos en la cama, yo me estaba convirtiendo en un experto con ella, sabía ya todos sus puntos, pero aún me sorprendía con sus ocurrencias haciendo el amor, no había un lugar ni forma donde no se le hubiera ocurrido, jamás en todo ese tiempo hubo monotonía. Ya llevábamos un mes juntos y estábamos muy enamorados.

    Un día entró precipitadamente en la casa, ya que disponía de una llave que yo le dí, llorando se abrazó a mí desconsoladamente, me confesó que estaba embarazada, que no le había venido ese mes la regla, se había hecho una prueba y le había dado positivo.

    Yo le pregunté que como era posible, si utilizábamos los preservativos, se retiro enfadada de mí y empezó a gritarme como si yo pensara que había estado con otro, no supe que responder, además, era la primera vez que la veía en ese estado y me dolía muchísimo, la abracé fuertemente, trataba de calmarla, le repetía que no pasaba nada, que nos haríamos cargo de todo y que yo no dudaba que era mío, le hablé de volver a realizar otros análisis por si hubiera habido un fallo. Ya más tranquila, sopesamos la situación, si estaba embarazada, lo mejor sería contraer matrimonio, además yo deseaba hacerla mi esposa, ella me dijo que sí, que quería ser mi mujer, la besé y nos abrazamos. 
   Al día siguiente la acompañé a un laboratorio farmacéutico para el análisis, el cuál confirmó que se encontraba embarazada, por una parte le expresé mi alegría, pero me pasó un flash por la mente, lo rechacé inmediatamente. Yo estaba enamorado y ese hijo sería mío, (mi familia).

    Hablé con los padres de ella, les pedí su consentimiento para casarnos, les explicamos lo que había ocurrido, estos accedieron no sin antes reprocharnos un poco al no haber puesto más precaución y haciéndome responsable al ser yo mayor que ella. Nos dimos un abrazo, besé a mi futura suegra, y luego hicimos planes de como se iba a desarrollar el enlace, yo solo puse una condición, quería casarme por la iglesia y que nos casara el párroco que yo conocía, ni ella ni su familia se opusieron.

    El tener vivienda y amueblada era un problema menos, ella con su madre se encargaron de ir acondicionando el piso, yo seguía trabajando al igual que ella que lo hacía como dependienta, la relación de invitados fue hecha prácticamente con los familiares de la que sería mi nueva familia, tan solo dos empleados de los míos, el cura y un vecino serían invitados por mí.

   Yo cada día estaba más enamorado, era mi pasión, mi vida, todo lo que yo le pedía al futuro era estar con ella. Se acercaba el momento del enlace, yo ya me había comprado el traje y ella tambien, a los dos nos hizo ilusión no saber el modelo que íbamos a llevar, la luna de miel la íbamos a realizar en un país extranjero cercano que estaba muy de moda, ya teníamos los billetes y la reserva del hotel.

   Dos días antes de enlace, estando en casa con ella y después de haber hecho el amor, me levante para ir al cuarto de baño, cuando regresé la encontré llorando y hecha un ovillo en la cama, me asusté y la abracé pidiéndole que me contara que le ocurria, ella tan solo gemía y me abrazaba fuertemente exclamando que me amaba más que a nadie en el mundo, pero no se podía casar conmigo.

   Le pedí explicaciones, nos sentados en la cama y ella empezó a relatarme. Todo comenzó dos semanas antes de salir ambos por primera vez, cuando salió un día de fiesta, bebió un poco más de la cuenta y se marchó con un chico al que apenas conocía del barrio, este tiene fama de camorrista y mujeriego, hicieron el sexo sin preservativo debido a una locura, no lo volvió a ver más, ni tampoco quería, pero sabía que se había quedado embarazada, ya que ese mes no le vino la regla.

   No sabía que hacer, no quería contárselo a sus padres y menos abortar, ya que su conciencia no se lo permitía, pero lo que estaba segura era que lo tendría, pero no sola. A mi me conocía del barrio y le gustaba, además todo el mundo hablaba bien de mí y en un ataque de locura se fue esa tarde a la tienda a pedirme que saliera con ella, ya que sabía que no tenía novia. El día que nos fuimos a la cama, ya tenía preparado que el preservativo se quedara en su interior, y quedara la duda de si se podía quedar embarazada, ¿cómo lo hizo? ¡No lo sé! la cuestión es que efectivamente se quedó dentro.

   En los siguientes encuentros se fue enamorando de mí según me contaba, llegando a la conclusión de que era el hombre de su vida, pero la mentira le corroía cada día más, hasta que no pudo más y me lo contó, queriendo anular la boda al no haber sido sincera conmigo y haberme llevado a propósito a este engaño.

    Yo la miré, la abracé fuertemente y le dije que algo me sospechaba sobre la paternidad, pero era tan feliz, que la deseché de inmediato de mis pensamientos, que era tanto amor lo que sentía, que no me importaba, y además ahora era mucho más feliz al haber sido sincera conmigo, la boda seguiría tal cual la habíamos programado, su hijo sería mi hijo y los venideros que seguro tendríamos serían iguales. Ella es lo mejor que me ha ocurrido en esta vida, no quiero perderla y sé que ella me ama.

    Volvimos a hacer el amor con pasión, después le besé el vientre donde estaba mi hijo o hija y nos quedamos dormidos.

    Aquí en el puente, a punto de acabar con esta vida que me ha atormentado prácticamente desde que nací, recordando los pasajes que me han hecho llegar a esta circunstancia ¿estaré loco? No lo estoy, me encuentro perfectamente en mis cabales, pero cansado de vivir de esta manera, siempre padeciendo y sufriendo ¿porque no ha sido la vida amable conmigo? ¿A quien le he hecho daño?, no lo entiendo, yo solo he querido ser feliz y por un motivo u otro no lo soy, solo me han dado migajas para irme animando y seguir siendo una probeta donde la infelicidad se reencarna en mi persona.

    Sigo recorriendo mi vida, si es que se le puede llamar así, la boda fue preciosa, y el viaje de luna de miel lo más parecido a estar en el paraíso, pero todo acaba y volvimos a casa, a la rutina diaria, que con ella no era tal, fueron meses maravillosos, ella cada día estaba más guapa con su embarazo, le sentaba muy bien, una noche a las cinco de la mañana me despertó repentinamente, el niño o niña ya venia de camino.

   Ya teníamos preparado el neceser para llevarnos al hospital, corrí nervioso, no paraba, no encontraba el neceser ni las llaves del coche, ella más tranquila me animaba a que me calmara, rápidamente la llevé y enseguida la entraron en el paritorio, me invitaron a entrar con ella, yo sudaba la gota gorda, me disfrazaron con un traje verde y ahí estaba yo con ella, soplando al mismo ritmo y cogidos de la mano.

    La miraba y veía su sufrimiento, de pronto oí un llanto, era mi hija, estuve a punto de desmayarme, la limpiaron, la prepararon y se la pusieron a su madre entre los brazos, no he visto cosa más bonita en mi vida, tan pequeña y con un buen matojo de pelos en la cabeza, la mirábamos embobados, nos sentíamos felices, le contaba todos los dedos de la mano y los pies, no le faltaban ninguno, la besé y besé a mi mujer que sudorosa me miraba embelesada, ha sido uno de los días más felices de mi vida, tener esa criatura entre mis brazos, algo tan indefenso y pequeño, dándome miedo cogerla..

    La vida nos la cambió por completo, vivíamos por y para la niña, que por cierto le pusimos el mismo nombre de la madre, crecía sana, era muy buena, toda la noche dormía de un tiron, cada momento que tenía libre me gustaba estar a su lado, tanto en el baño, como cambiándole los pañales y llevándola de paseo en el carricoche, ¡eso si que era felicidad!

    A los dos años de casados, tuvimos otro hijo, que creció igual de sano como su hermana.

   Mi matrimonio estaba cada día más consolidado, lo teníamos todo, un negocio que nos funcionaba y, dos hijos preciosos a los que amábamos más que a nada en el mundo. Atrás quedaron los sinsabores pasados, tan solo eran unos recuerdos vanos que en seguida ahuyentaba de mi cabeza si alguna vez aparecían.

   De este modo los años iban pasando, los niños crecían fuertes y alegres, dándonos muchas satisfacciones, mi mujer con el paso de los años ganaba en belleza, tenía una serenidad asombrosa, no había un problema que no solucionara.

Hasta que llegó ese fatídico día.

Continuara……..