LA PICONERA

LA PICONERA

viernes, 11 de febrero de 2011

UNA VIDA SIN VALOR...III

Los años pasaban.
Después de cinco años de servicio activo, me licencié con el grado de Cabo 1º, me prepararon una despedida muy emotiva, y me regalaron una placa con el nombre de todos los compañeros que habían pasado por la base, ese día se me saltaron las lágrimas cuando todos los compañeros que pudieron asistir al acto, me abrazaron. Después de muchos años, era la primera vez que me regalaban algo.

   Con veintiséis años a punto de cumplir, mi prioridad era alquilarme un pequeño piso que fuera barato y el encontrar trabajo, gracias al servicio militar había perfeccionado mi inglés y la informática, quería trabajar en este ramo, sabía que era difícil, pero no imposible, había madurado lo suficiente y sabía lo que deseaba.

    ¡Allí me ví! Era mi casa, no era gran cosa, apenas tenía muebles, tan solo una cama pequeña que me compré y una mesa con dos sillas que recogí de un contenedor que no estaban mal, así como los utensilios que compré en los chinos, poco a poco la fui acondicionando.

    Con dos años trabajando en la empresa, y con algunas chapuzas que realizaba fuera de horario, estaba ahorrando bastante dinero y mi pequeño piso ya lo tenía amueblado. No poseía grandes vicios, no bebía, no fumaba, y solo muy aficionado al cine. Un día sin esperarlo, mi jefe que se quería jubilar, me ofreció que me quedara con su empresa a cambio de una cuota mensual y un pequeño traspaso, le dije que si el banco me concedía el préstamo, aceptaba la oferta, con su ayuda me lo concedieron, yo sabía que con mis ganas de trabajar, saldría adelante.  
   Todo me iba de maravilla, aunque estaba entrampado hasta las cejas, pero seguía adelante. Gozaba de un piso, de coche, lo que me faltaba era conocer a una mujer, casarme y tener hijos, desde que estuve con la mujer de la casa de citas no había vuelto a estar con ninguna.

   Un día cualquiera, vino una chica joven a que le solucionara un pequeño problema en su ordenador, nada más verla, me puse muy nervioso, ella me miraba descarada, yo no podía levantar la vista, me daba vergüenza, ella ni corta ni perezosa me dijo que era vecina y que llevaba bastante tiempo observándome y que el traer su ordenador tan solo había sido solo una excusa para hablar conmigo, que yo le gustaba y que se había informado de mí, sabía que no estaba casado ni tenía novia y quería salir conmigo, me quedé cortado, no sabía que responderle. Me preguntó si quería salir con ella a cenar o a tomar una copa, yo nervioso le dije que sí, todo me temblaba, cogió su ordenador que no le pasaba nada, quedamos o mejor dicho, quedó ella a las 8.30 para ir a cenar y que la recogiera en la puerta de su casa.

    Cerré antes de tiempo la tienda, subí a mi casa, me duché y elegí la mejor ropa que tenía en esos momentos, me perfumé y mirándome al espejo no me encontraba atractivo para una chica tan guapa y que con veinte años poco más o menos se fijara en mí, yo lo achacaba a que tenía buena opinión del vecindario, por lo cual me dije... ¿y porqué no le voy a gustar a una mujer?

    Media hora antes de la cita estaba en la puerta de su casa con mi coche y sin saber donde la iba a llevar. Me dije para mí, ¡seguro que ella lo sabrá, la veo muy desenvuelta!

    Diez minutos antes de la hora, la vi salir de su casa, estaba guapísima, con una minifalda que quitaban los sentidos, su cabello rubio llevándolo por encima de sus hombros y una camisa ajustada a su talle, donde predominaba unos pechos no muy grandes, pero si muy hermosos, los cuales traslucían a través de la camisa, no necesitaba sujetador, empecé a sudar nada más verla, se me acercó y con una sonrisa franca me besó, se montó en el coche y la falda se le subió un poco, dejando entrever las hermosas piernas que poseía, ella me miraba y sonreía al ver la cortedad de mi mirada, me dijo que la llevara a un restaurante que conocía.

    La velada fue magnifica, ella no paraba de hablar y de preguntar cosas de mi vida, algunas le conté, no todas, por primera vez en mi vida estaba solo con una chica frente a frente, después nos fuimos a tomar unas copas, ella se extrañaba que no bebiera alcohol, después de media noche la llevé de regreso a su casa y cuando la despedía, ella me beso en los labios y me dijo ¡hasta mañana! Cuando llegué a casa, no paraba de acordarme de la cita, me había enamorado en un solo encuentro, estaba deseando que llegara el día de mañana para encontrarme de nuevo con ella.

    Si en mi primera cita estaba nervioso, no cuento cómo estaba en la segunda, los nervios me comían por dentro, quería verla lo antes posible y al mismo tiempo me daba miedo ese instante, pero ella con ese desparpajo que le caracterizaba todo lo hacía muy normal, enseguida me beso al llegar a mi altura, se metió en el coche y sin darme ninguna explicación, me dijo ¡quiero que me lleves a tu casa! llamaremos a un chino y que nos traigan la cena, ¿te parece bien?, me preguntó. No supe que responder, puse el motor en marcha y cogí dirección a mi casa que no se hallaba muy lejos de allí, una vez en ella, la recorrió de arriba abajo, yo detrás como un pasmarote, dijo que le gustaba como la tenía de ordenada, cogió el teléfono, marcó y llamó a los chinos, pidió un menú, se sentó en el sofá, me invitó a sentarme con ella a su lado, me cogió la barbilla y me besó muy suavemente en los labios, los míos temblaban, se dio cuenta de mi nerviosismo y sin cortarse un pelo me dijo que se notaba que no tenía mucha experiencia con mujeres, yo asentía a todo lo que decía, me volvió a besar, yo no sabía qué hacer, apreté fuertemente los labios contra los suyos, ella se separó de mí y me dijo ¡Tú déjame hacer a mí, yo te enseñaré a besar! Volvió a besarme y me entreabría los labios con su lengua y jugaba con la mía, una de mis manos se fue instintivamente a uno de sus pechos, me retiró la mano y me dijo que primero tenía que aprender a besar, que no fuera tan ligero, que habría tiempo para todo, continuamos besándonos, yo estaba excitadísimo y le iba cogiendo el gusto a los besos, de pronto sonó el timbre, pegué un respingo ya que me asusté, era el repartidor de comida china, le pagué y le di una propina.

    Yo quería seguir besándola y tocándola, pero ella muy tranquila dijo de preparar la mesa y comer antes que se enfriara, era una mujer nerviosa, enseguida preparó todo, como si conociera la casa, se movía como pez en el agua por ella.

    Su conversación era muy amena, dicharachera con una risa fácil y contagiosa, me hacía sentir bien y tranquilo, me daba bastante confianza a pesar de su juventud, la comida resultó bastante buena y ella tenía un gran apetito, saboreando cada uno de los platos del menú y revelando sus conocimientos de la cocina china.

   Una vez acabada la cena, retiramos todo a la cocina, se dirigió al cuarto de baño, se lavó los dientes con un cepillo mío, una vez terminado ese aseo, me ofreció el cepillo para que yo hiciera lo mismo.

   Volvimos al salón no sin antes examinar mi colección de música, eligió una suave, se acercó a mí y me invitó a bailar, era la primera vez que yo lo hacía, eso no le importó, me ilustró como debía moverme y entre risas y algún trastabillado que otro seguimos abrazados y besándonos al mismo tiempo, mis manos querían recorrerla, me daba corte, no sabía si era muy osado por mí parte, ¡pero oh sorpresa, ella cogió mi mano y me la puso en su trasero y se apretaba contra mí con movimientos sinuosos con su pelvis sobre mis partes, me cogió de la mano y nos tumbamos en el sofá, le desabroché la blusa apareciendo turgente sus pechos blancos y con dos grande aureolas rosadas, así con sus pezones erguidos hacia el techo, los cuales fueron manjar para mis labios ávidos de saciarme en ellos, mientras una de mis manos entre su entrepierna hacia acopió de ese tesoro que esa chiquilla me estaba dando por primera vez en la vida, sintiendo como se contorsionaba y gemía dulcemente como música celestial a mis oídos, los cuales me llevaron a una situación espasmódica dejándome ir sin poder remediarlo por mi parte, cayendo sobre ella, sintiendo cómo fluía entre mis pantalones todo el ardor guardado desde hacía tanto tiempo.

   Me dio una gran vergüenza lo que me había ocurrido y no sabía como disculparme, pero ella con gran afecto me consoló y continuamente me recalcaba que no pasaba nada, que eso solía ocurrir la primera vez, me besaba suavemente y sentía sus caricias con una gran ternura.

   Me llevó al cuarto de baño cogidos de la mano, me quitó los pantalones y mis slip que estaban todo emponzoñados y ella suavemente hizo que me sentara en el Bidé y me lavó cuidadosamente con unos suaves movimientos volviéndome a excitar, me besaba en el cuello, su lengua buscaba la oquedad de mi oreja, me levantó y se sentó en la taza del Waters y estando yo de pie se la introdujo en la boca, era mi primera vez, algo maravilloso que me había perdido todos esos años atrás.

   Luego me invito a ir a la cama, me desnudó por completo y me tumbó en ella, mientras, se fue desnudando poco a poco con movimientos eróticos que me estaban llevando al frenesí, se colocó a mi lado y empezó a besarme recorriendo mis pezones donde ella se recreaba con ellos, mirándome al mismo tiempo a los ojos, viendo como disfrutaba, para seguir bajando paulatinamente hacia abajo siendo pasto mi cuerpo de todo su saber, los cuales bajo mi inexperiencia me parecía que eran muchos, luego me invito a que mi boca experimentara el sabor de su fruta más preciada y en ese instante también fue mía, era algo maravilloso sentir mi saliva y su jugo que se entremezclaban.

    Me preguntó si tenía preservativos, le dije que no, que nunca había comprado, se levantó y se fue a su bolso y sacó uno, el cual me puso ella, se subió encima, se introdujo mi pene y comenzó unos movimientos suaves recorriendo todo el contorno, aumentando el ritmo que al final se convirtió en frenético, mientras sus pechos se balanceaban, yo no sabía a dónde acudir, si cogerle los pechos, sus caderas o cerrar los ojos y dejarme ir. Mientras ella parecía en trance y con gritos desgarradores se fue cayendo encima mía, pidiendo que me fuera con ella.

   Una vez saciado nuestro apetito y descansado ella sobre mi pecho sudorosa, dándome besos, se levantó y con gran horror vimos que el preservativo se había salido y se había quedado en su interior, puso el grito en el cielo pidiéndome explicaciones que si no me había dado cuenta de ello y si me había ido sin él puesto, lo sacó y comprobó que toda la pasión estaba dentro del mismo, respirando por un momento y rogando que no pasara nada. Permanecimos en la cama durante un buen rato, yo quería repetir, pero a ella no le quedaban más preservativos y al final nos duchamos juntos, prosiguiendo el juego pero sin llegar hasta el final, haciéndome prometer que a la mañana siguiente compraría y que nunca me faltaría en casa mientras estuviera con ella.

    La acompañé a su casa, no se podía quedar a dormir, sus padres no se lo permitían, nos despedimos con un beso y me prometió que a día siguiente se pasaría por casa para estar de nuevo juntos.

Continuara……