LA PICONERA

LA PICONERA

jueves, 10 de febrero de 2011

UNAVIDA SIN VALOR...II

    Todas mis pertenencias en dos bolsas de plásticos, cincuenta euros y veinte años a cuestas, me fui directamente a la pensión de donde había salido anteriormente antes de conocer a los amigos que me traicionaron. Le expliqué mi situación a la posadera, la cual accedió a hospedarme con la condición de que le adelantara veinticinco euros de fianza, así lo hice y con el resto que me quedaba, tenía que tener para vivir el resto de la semana hasta que cobrara en mi trabajo. Fue una semana muy cruda, la mitad de los días solo comía algo de pan que me compraba y algún café con leche que algún compañero me invitaba, ellos desconocían mi situación, ya que no les había hablado de ello por vergüenza.

   Así hasta que pude cobrar la mensualidad y pude salir adelante por un tiempo, que fue bastante poco, ya que la obra finalizó dos meses después, con lo poco que había podido ahorrar y hasta que cobrara el paro, tenía para poco tiempo más, y con la esperanza puesta en que pronto comenzara otra obra (el capataz me había prometido que me llamaría) todos los días salía en busca de trabajo, y trapicheando por aquí y por allá, iba saliendo adelante.

   Algunas tardes me dejaba caer por un parque que había alrededor de la pensión para pasar las horas, me aburría bastante en la habitación, demasiadas horas en soledad, y tan solo acompañado por un pequeño transistor. Allí observaba a jóvenes de mi edad que reían, a chicas y chicos que se abrazaban y besaban, a padres de familias jugando con sus hijos y de vez en cuando se me saltaban las lágrimas al recordar a mis padres antes de su separación, ¡que feliz era por aquel entonces! habían transcurrido pocos años y me parecía un siglo, ¡me sentía viejo con tan solo veinte años! Cuanto deseaba tener una familia, un sitio donde vivir, reír, jugar, llorar, padecer, lo que fuera, pero en unión de una familia que me quisiera y me protegiera y no sentir la soledad que me estaba matando, luego me retiraba a la pensión y a esperar que llegase el siguiente día para tratar de conseguir algo de trabajo.

   Me inscribí en un cursillo de inglés e informática que daba el ayuntamiento por las noches, apenas tenía ropa decente que ponerme, así que decidí comprarme en el mercadillo algo de ropa barata, como un pantalón vaquero y algún jersey. No disponía de mucho dinero, pero por lo menos iría decentemente a clase. 
   Me repetía sin cesar que me tenía que dar ánimos, que no siempre todo me iria tan mal, que algún día todo mejoraría y a lo mejor hasta lograba tener una novia como todos los chicos y la podría besar. ¿Cómo sería besar a una chica me preguntaba? A veces frente al espejo hacía muecas con los labios como si estuviera besando y me besaba la mano.dejando mi imaginación volar paseando con ella de la mano por el parque, aunque enseguida volvía a la realidad y desechaba la idea, ¿Qué chica, con el físico que yo tenía se iba a fijar en mí?

    Me habían hablado del ejército, se ganaba un sueldecillo, al menos por unos años tendría donde cobijarme y hasta hacerme un hombre de provecho. Pero no sabía si con mi estatura me admitirían, y al mismo tiempo tenía miedo de que me enviasen a algún país de esos en guerra, no es que fuera cobarde, pero con la mala suerte que había tenido para todo, seguro que no saldría bien librado de ella. Un día me dije, me voy al centro de reclutamiento y haber que pasa, ¡quién sabe! a lo mejor es la solución que espero para salir de este pozo en el que me encuentro e incluso estaré hasta guapo con el uniforme. Me presenté en la caja de reclutamiento, me dieron las bases de la convocatoria y varios formularios que rellenar, no era difícil el programa de acceso, a lo único que le temía era a las pruebas físicas, aunque estaba fuerte, daba las mínimas para acceder por poco, me compré el temario y por las noches después de acabar mis clases nocturnas, la dedicaba a estudiar, y por las mañanas a practicar algo de deporte, en un mes se celebrarían lo exámenes.

    Los días pasaban rápidamente, parecía que las cosas me iban mucho mejor, tenía trabajo por horas, aunque no ganaba mucho, me valía para seguir adelante. Lo que sí tenía que agradecerle a mi padrastro, es que me enseñara que cada cosa que se aprende diariamente son acumulaciones de experiencia que te van a ayudar en el futuro. También aprendí a no guardar el dinero en casa, me abrí una cuenta en el banco para ir ingresando los pequeños ahorros que pudiera conseguir y no fiarme de nadie.

   Aprendí a planchar y coser, como así mismo a cocinar en un pequeño hornillo que me había comprado y sin que la dueña de la pensión se enterase, me cocinaba alguna cosilla fácil de un libro de recetas, quería comer mejor y más sano, ya estaba harto de bocadillos.

   Mi primera nochebuena compre un buen filete de carne, unas pocas gambas, y unos dulces, cene en la habitación, me acosté bien temprano para no oír la algarabía de la calle y casas colindantes, la nostalgia me embargaba, me acordaba de mi casa, de mis padres. En la pensión, excepto, la dueña y yo, no quedaba nadie.

  ¡Año Nuevo, vida nueva! a mediado de mes, me examiné para ingresar en el ejército y al cabo de dos semanas me comunicaron que había aprobado, el esfuerzo había valido la pena. En unos días tenía que incorporarme, pero antes de ir al destino que había elegido, debía pasar un periodo de entrenamiento. Me compré una maleta y con mis pocos efectos personales me marche al campamento de instrucción.

   El periodo de entrenamiento fue muy duro, pero gracias a los compañeros que tenía en mi camareta que me ayudaron bastante, logré pasar esa etapa. Lo pasé bien e incluso los fines de semana que no teníamos guardia, lo aprovechábamos para divertirnos, algo que yo jamás había disfrutado de esa manera, era feliz y de momento estaba contento con la elección que había tomado.

   Mi destino definitivo fue en un radar en lo alto de una montaña con ocho compañeros más, Nos distribuimos las guardias y gracias a mis pocos conocimientos de informática y esas pocas frases de inglés que había aprendido, me asignaron a un puesto en el control de mando y realice un curso intensivo de esas materias. Mis compañeros se marchaban a ver a sus familias cuando no tenían guardia, yo me quedaba y me volví un enamorado de los libros, me gustaba la soledad de la montaña, y me pasaba muchas horas paseando por ella.

  Un día con dos de mis compañeros que estábamos libres de servicio, me llevaron a una casa de cita, ellos sabían que nunca había estado con una mujer y me convencieron para ir. La experiencia no me resultó muy agradable, esperaba algo más, me costó treinta euros la chica y los cubatas lo pagaron ellos. La chica con la que subí era de mediana edad, me gustó desde el principio, yo estaba muy nervioso, era la primera vez que veía desnuda a una mujer, me resultó todo muy frío, ella masticando chicle me dijo que me desnudara, me cogió el pene y lo lavó, seguidamente me dijo que me pusiera el condón y se tumbó en la cama boca arriba, yo quería besarla, pero ella no me dejó, dijo que eso no entraba en el precio, me subí encima y mientras seguía masticando chicle como si yo no estuviera, teniendo sus pechos en mis manos me fui enseguida, me preguntó si había acabado, le dije que sí, se levantó, se lavo y me dijo que nos fuéramos para abajo, mis compañeros me felicitaron, y nos fuimos del local, esa fue mi primera y última vez que estuve con una de estas chicas.

Continuara….