LA PICONERA

LA PICONERA

lunes, 14 de febrero de 2011

UNA VIDA SIN VALOR...FINAL

      Como cada mañana desayunábamos los cuatro, yo tenía un compromiso importante, quería ampliar nuestro negocio, la cita era a las nueve y se me hacía tarde, esa mañana encontré a mi mujer un poco decaída, la dichosa jaqueca no la dejaba en paz, yo le dije de llevar a los niños al colegio, ella se negó en redondo, me dijo que tenía que ir a la reunión, que era lo que llevábamos tiempo esperando, que se tomaría una pastilla y se le pasaría, eso hizo, y yo me fui rápidamente porque no quería llegar tarde.

     No llevaba media hora en la reunión cuando me sonó el móvil, en un primer momento no quise atenderlo, pero ante la insistencia de la llamada lo cogí, era un número que no tenía en la agenda, al identificarse me dijo que era de la Policía de tráfico, que me personara en el hospital central, pues mi esposa había tenido un accidente con su vehiculo y la estaban evacuando en ese mismo instante, pregunté como estaba, que había ocurrido y no me dieron razón, de los niños tampoco, rápidamente me trasladé al hospital, mientras iba de camino le rezaba a todos los santos de que no fuera nada grave y que mis hijos estuvieran bien, el trayecto se me hizo interminable. 
    Una vez en el hospital, me informan que mi mujer se encontraba en el quirófano y no me daban razones de como se hallaba, tan solo me daban ánimos para esperar que terminaran los médicos y me informaran, de los niños no sabían nada.

    Mis hijos han fallecido en el accidente de tráfico, mi mujer murió en la mesa de operaciones y yo, muerto en vida con ellos.

    El sepelio se celebró a los dos días de fallecer, por expreso deseo se realizó en la intimidad, acompañado por la familia de mi mujer y pocos allegados.

    Hice todos los trámites necesarios para que mis dos hijos fueran enterrados juntos, no podría soportar que mi hijo pequeño con el miedo que le tenía a la oscuridad se encontrara solo sin su hermana a la que quería tanto, y mi esposa a su lado para protegerlos, así de esa manera, los enterradores cerraron lo que iba a ser su ultima morada.

    Vida que le han quitado a dos criaturas deseosas de vivir y a una esposa y madre joven que no habían hecho maldad en la vida, tan solo dar la felicidad a quienes rodeaban. ¿Quien es el culpable? ¿Quién puede decir que es cosa del destino? ¿Quién, Dios mío, permite esta atrocidad?

    No pude volver a mi domicilio, no podía soportar entrar en el y verlo tan vacío y con todos los recuerdos, jamás volveré a entrar, me acusaran de cobarde, dirán lo que quieran, pero este dolor que llevo en mis adentros, no se lo deseo a nadie.

    Estuve unos días en la antigua pensión de mi juventud y comprobé que no podría seguir viviendo sin ellos, después de pensarlo mucho y sin miedo, quiero reunirme con ellos, he dejado una carta a mis suegros para que me entierren con mis hijos y mi mujer y allí tendré la paz que necesito y ya nadie nos separará.

_ ¡No serás tan cobarde!
_ ¿cómo dice Padre?
_ No te vas a suicidar, ¡tú no! siempre has sido valiente en la vida
_ No puedo seguir viviendo sin ellos Padre.
_ Si que puedes, ¿Quién mantendrá a tus hijos y a tu mujer vivos?
_ Padre, ¡que están muertos! ¿es que no lo sabe?
_ Claro que lo sé, pero sólo mueren para siempre a quienes no se recuerdan y si tú haces esa tontería, ¿Quién los recordará? ¿Quien limpiara sus tumbas? ¿Quién les llevará flores? ¿Quién les hablará?
_ Por favor Padre, no me martirice más, ¿no ve que estoy muerto en vida? ¿Que ya no quiero vivir?
_ Eres joven aún, has padecido mucho, yo soy testigo de todas tus penurias y te he seguido en todo, y sé lo feliz que has hecho a tu familia, así que no me vale lo que pretendes hacer, tu aún puede hacer mucho y lo harás.
_ ¿Padre porqué Dios me los ha quitado?
_ No lo sé hijo, tampoco te puedo decir que pueden estar ahora en el paraíso y nos están viendo, he visto tantas injusticias que a veces dudo, pero de lo que estoy seguro, es que tu esposa no querría que hicieras eso, sabes que era muy valiente en todo y muy echada para adelante, ya sabes lo que hizo para conocerte y la vida que te dio, fueron pocos años, pero muchas personas que viven muchos mas, quisieran haber tenido los diez años que ella te ha dado, así que no la defraudes, baja de ahí y vente conmigo.

     Bajé y me fui con el cura, el único amigo o padre que tuve en todos estos años, dejé mi empresa y por mediación del Padre estuve en un convento durante un tiempo, todos los días iba a visitar a mi familia al cementerio y hablaba con ellos.

    Pasaron los años, el cura falleció y yo ahora soy feliz, me dedico a cuidar niños desarraigados del barrio y ellos ahora son mi familia, nunca más volví a estar con una mujer, no podría.