LA PICONERA

LA PICONERA

jueves, 3 de febrero de 2011

CRISTINA Y FIBO...IV

     La enfermera Jefe desde el ventanal de su despacho, observa a Fibo dando su paseo matinal por los jardines del hospital como todas las mañanas desde hace dos semanas.

     La Doctora Bermúdez le dará el alta mañana, se ha recuperado muy bien. Cuando lo trajeron estaba en estado crítico, no se tenían esperanzas de que se salvara, estuvo al borde de la muerte al menos tres veces, pero se aferraba a la vida, como si algo o alguien lo impulsara a seguir viviendo. El personal del hospital se ha extrañado que nadie lo visite, ni tan siquiera una llamada, ¡nada! solo los de la aseguradora.

    Según su expediente, no tiene familia, es hijo único, sus padres fallecieron hacen dos años en un accidente de circulación; biólogo marino, soltero, 45 años.

    Se comenta que la doctora Bermúdez está enamorada de él, y ¿quién no? es guapo, moreno, alto, muy interesante y una constitución bien proporcionada, en estos meses ha perdido masa muscular, pero enseguida volverá a recuperarla. 
    Jamás comenta nada de su vida, y si alguna vez le preguntan sale con mucha educación con otro tema. Todo el personal está intrigado con el nombre que pronunciaba cuando deliraba, "Cristina" nadie sabe quién es, si alguna vez se le pregunta, esboza una pequeña sonrisa enmascarada de tristeza y contesta que son solo sueños, que no recuerda nada. Se sospecha que esa mujer de nombre Cristina, tiene que ser la causante de la melancolía que le aflige.

     Lo echaremos de menos, su educación, su dulce voz y sus modales. El nunca querer molestar, sobre todo cuando se le tenía que asear y él azorado agachaba la cara como de vergüenza, es una buena persona ¡que le vaya bien en la vida!

    Fibo, pasea por el jardín, ya sabe que Marta su doctora, le dará mañana el alta, regresará a su pueblo, volverá a solicitar su trabajo, los ahorros se le han ido y la indemnización de la aseguradora tardará en recibirla.

    Teme la vuelta, después de todo lo que ha ocurrido se pregunta si podrá soportar volver a ver los lugares que le recordaran a ella, a ese amor que le hace tanto daño.

    Pero sabe que la vida es así, que tiene que asumir todo y alegrarse al menos de haber conocido el amor, aunque haya sido de esa manera, no todos pueden decir lo mismo, es un afortunado en ese aspecto.

   Tal vez quede con la doctora, sé que le agrado y ella me gusta, es una mujer preciosa, la invitaré y haber que pasa, quizás ella me haga olvidar todo. Es una buena mujer, guapa, inteligente y simpática, es fácil enamorarse de ella, tengo que rehacer mi vida.

   Cristina estará con su marido y sus hijos, seguramente sin pensar que una vez me conoció, que fue mía y yo de ella ¡que sea feliz!

    La enfermera jefe ve como entra en el hospital de nuevo, pero le ha notado algo que antes no tenía, “ganas de vivir”

    Fibo se encuentra en la puerta del hospital con una pequeña maleta en su mano, espera un taxi que lo llevé a la estación, de pronto oye un claxon y a su altura para un vehiculo, en su interior está la doctora Bermúdez,-¿te llevo a algún lado? Sonríe, ¡por supuesto Marta!
 
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    Cristina, tengo que ir a visitar a mi padre ¿lo entiendes? Me ha llamado su administrador para que acuda a su casa porque está muy enfermo, quizás cuando llegue sea tarde para él. No quiero ir ¿lo sabes, verdad? sé lo que te afecta que hable de él, yo tampoco lo deseo, no tardaré en regresar, lo justo para llegar, verlo y volver a casa.

    Sé muy bien el daño que te ocasionó, pero tengo que averiguar que es lo que quiere, no creo que sea solo para despedirse, nunca tuvimos una relación normal padre e hijo, pero quiero saber sus intenciones, desde que nos fuimos nos ha dejado tranquilos, hasta ese día que vino y te amenazó para que me dejaras, yo, como bien sabes, después de que te fuiste a la costa esa semana fui hablar con él y le advertí que no volviera a esta casa ni te molestará si aprecia en algo su vida, y esta repentina solicitud de verme me escama, y quiero estar preparado, tanto por ti, como por los niños.

    Ella lo mira, asiente, pero no quiere saber nada del padre de Alberto, lo abraza y le da un beso, y le susurra... vuelve pronto.

   Observa como Alberto se aleja montado en su coche, y retoma su vida hace once años, cuando trabajaba para la familia de su marido.

    Ella era una chica que no sabía nada de la vida, joven y deseando un futuro mejor. Empezó a trabajar en esa casona tan grande, su vida transcurría tranquila y feliz, hasta que pasó aquello que le destrozó todas sus ilusiones, esperanzas y esa vida que anhelaba.

    Tan solo el recordarlo le hace daño, no podrá olvidarlo nunca, y gracias a Alberto, pudo salir de todo y llevarlo mejor, nunca podrá agradecer lo que él ha hecho por ella.

     Recuerda como Alberto la sacó de la casona de sus padres donde él también vivía, la acompañó, la ayudó en todo y la escondió en otra ciudad donde no estuviera al alcance del poder de su padre. La vida fácil que Alberto llevaba, la abandonó por ella, por la atrocidad que su padre había cometido. Tuvo que ponerse a trabajar en cualquier cosa que le salía, un hombre que no estaba acostumbrado a ello, y a continuar sus estudios por las noches, además de cuidar de ella y lo que vino después, ha sido como un padre, aparte de un amigo, le quiere y desea lo mejor.

     Aún tiene pesadillas de cuando estaba en su habitación de la casona, era tan linda, nunca había tenido una como esa, la había decorado con sus recuerdos y sus deseos, pósters y fotos de sus sueños.

    Hasta aquella fatídica noche, cuando estaba profundamente dormida, entró el dueño de la casa, cerró por dentro y cuando me di cuenta, me sacó de la cama, me desnudó, me tapó la boca y me ató, violándome las veces que quiso, yo trataba de gritar, me resistía, pero su ímpetu y furia me destrozaron. Una vez saciados sus deseos, me desató y me dijo que a la mañana siguiente no quería verme allí, que no se me ocurriera denunciarlo, que él, era muy poderoso y nadie me creería.

    No sabía que hacer, ni donde ir, cuando a la mañana siguiente me marchaba, me vio Alberto, que desde que estaba en la casa se había portado muy bien, me preguntó que donde iba con la maleta, no supe contestar, agaché la cabeza y me eché a llorar. El padre que nos estaba observando, le dijo que se separará de mí y que me dejara marchar, él lo miró extrañado y supuso lo que había ocurrido. Alberto me dijo que lo esperase en las afueras, que él me recogería, y así fue como nos fuimos a vivir juntos, aún no sabe porqué tomó esa decisión.

   Comenzamos una nueva vida, en un principio fue muy dura, pero él no se desanimó nunca, siempre me alentaba y todo fue más fácil. El día que di a luz, no se separó ni un instante, el parto se complicó y me hicieron una cesárea, la cosa no fue bien, pero todo quedó en eso, en solo un susto y en no poder tener más hijos.

    Los días y los meses fueron pasando, los niños crecían felices, formábamos una familia, Alberto terminó la carrera de arquitectura y a raíz de ahí, todo comenzó a ir mejor económicamente, él se dedicaba a lo que más le había gustado desde siempre, y yo a cuidar de la casa, de los niños y de él.

    Y ahora vuelve otra vez la pesadilla, ¿cuando se acabará todo? ¿Donde estará Fibo? ¿Que hará? ¿Se habrá casado? ¿Tendrá otros hijos? Preguntas y preguntas sin respuestas.

Continuará…..