LA PICONERA

LA PICONERA

miércoles, 2 de febrero de 2011

CRISTINA Y FIBO..III

 Siento en mi espalda su mirada. El desasosiego me lleva a un pozo sin fondo, no me quedan ánimos, tan solo quiero alejarme de ella y de sus recuerdos; la angustia, mis ojos acuosos, el dolor, la ofuscación, la ira, el desaliento, esos son todos los sentimientos que me acompañan.

    La veo marchar, quisiera seguirla y pedirle explicaciones, pero no... para ella tan solo fuí un juguete, es mejor así.

     No quiero pensar, enciendo la radio del coche, en ese momento suena Foreigner de Cat Stevens, mi mente retrocede sin poder evitarlo a nuestra primera noche de amor. Sentados en el pequeño sofá de la habitación, acerqué mi rostro al de ella, lentamente, temeroso de que la magia de ese instante acabase. Nuestros labios se rozaron con timidez buscando ese momento tan ansiado. Los besos se fueron haciendo más profundos, nuestras lenguas se unieron y la situacion fue subiendo de tono, con avidez mis manos y las de ellas buscaron los rincones de nuestros cuerpos. De repente me apartó, creí que todo se había acabado, y no fue así, lentamente empezó a desabrocharse la camisa, yo la contemplaba extasiado, se quedó en sujetador, se levantó la falda y me mostraba unos mulos prometedores, se sentó a horcajadas sobre mí, dejando que sus pechos aún con el sujetador se pegaran a mi rostro. Ella sentía mi virilidad en pleno apogeo a través de los pantalones.

    Con un ágil movimiento le desabroché el sujetador, mostrándome unos preciosos pechos, adornados por unos pezones más oscuros de lo que me imaginaba, erectos e invitándome a ellos. Todo era maravilloso, ella no paraba de gemir, se descabalgo, me quitó los pantalones y la ropa interior, ella era la que tomaba la iniciativa, sin quitarse aún la suya, volvió a subirse y apartando un poco su braguita se la introdujo en su interior, nos fundimos en uno, fue un momento delirante, como nunca lo había sentido antes, notaba su humedad, dio un pequeño lamento de placer y se derrumbó sobre mí.

    Luego nos fuimos a la ducha y seguimos con nuestra noche de amor. Confidencias, complicidad, dos almas que se entrelazan, fue inolvidable, así un día tras otro.

     En la radio seguía sonando música, la carretera se deslizaba ante mis ojos sin saber ni tan siquiera por donde iba, mis manos crispadas en el volante, perdí la noción del tiempo, mis recuerdos de todos esos meses buscando un porqué. Inesperadamente escucho un chirriar de neumáticos, un golpe seco me lleva contra la defensa de la carretera, no siento nada, solo el ruido acompasado de la música, el ulular de una sirena, alguien preguntándome si estoy bien, quiero contestarle, no puedo articular palabra, cierro los ojos.

     Radio Nacional de España, son las once, las diez en Las Isla Canarias; últimas noticias llegadas a nuestra redacción, según comunica La Dirección General de Trafico, se ha producido un accidente de circulación en la CM-321 a la altura del km. 10 , entre dos vehículos, con el resultado de un fallecido y dos heridos graves, que han sido trasladados al Hospital Comarcal.

     Ella siente como un vuelco en el corazón al oír la noticia, siente pena por esas personas. Mira a su bebé de poco más de tres meses que está bañando, siente una gran ternura por él, lo toma en sus brazos, lo aprieta contra sí y le dice muy bajito, ¡Hoy he visto a tu padre! algún día, te contaré una historia muy bonita de amor y espero que me comprendas, te llamas Fibo por él. Seca al bebé, lo viste y lo deja en la cuna observando como cierra los ojos y se queda dormido.

    Mirando a su hijo, fantasea y recuerda el momento que invita a Fibo a su habitación, quiere hacer el amor con él, lo desea, algo tenía ese hombre que le atraía, quería entregarse, quería y necesitaba sentirse amada.

    Desde que lo vio por primera vez, supo que él era el hombre de su vida, se enamoró a primera vista, y era feliz.

    Anhelaba que me besara, le incité con la mirada y cuando el se acercó, mi cuerpo se estremeció, su lengua jugaba con la mía, mis manos querían atraparlo y no dejarle escapar, deseaba su virilidad dentro de mí, no quería esperar, me desabrocho la blusa, quiero que me quite el sujetador, le ofrezco mis pechos, siento su lengua en mis pezones, los mordisquea, los saborea, me acaricia me vuelve a besar y llego al delirio. Me subo la falda, me siento sobre sus piernas, siento su pene erecto entre mis muslos, no puedo esperar más, estoy muy excitada, me bajo, le quito sus ropas, no paro de besarlo, quiero hacer realidad una fantasía que siempre he tenido, me mira extrañado, me vuelvo a sentar sobre él, aparto un poco mis braguitas y la introduzco dentro de mí, siento como entra, las paredes vaginales la aprisiona, me mira a la cara gozoso, yo lo hago más dichoso aún. No puedo más, arqueo la espalda, exploto y el lo hace conmigo, Los jadeos de ambos nos lleva al clímax mas maravilloso que nunca haya tenido, me derrumbo sobre él y me besa en el cuello, me coge en brazos y me lleva a la ducha, lo demás no quiero ni acordarme, ya que temblaría de nuevo tan solo de pensarlo.

     De regreso a casa supe que estaba embarazada, no sabía que hacer, por un momento pensé en abortar.

    Fue una sorpresa quedar embarazada, era inimaginable, según los médicos, no volvería a tener más hijos después de los gemelos.

    Hablé con mi marido de la aventura que había tenido y la consecuencia, estuvo de acuerdo en que se hiciera lo que yo quisiera, y si yo decidía tenerlo, el me apoyaría, le daría su apellido y que le querría como a un hijo más.

    Le miré agradecida, sabía que lo que me decía le salía del corazón, unas lágrimas asomaron a mi rostro, él me abrazó y me dio todo el ánimo del mundo para seguir adelante.

    En unas de las múltiples conversaciones que tuve con mi marido, él me aconsejaba que fuera en busca de Fibo y que pasara lo que pasara, estaría ahí para apoyarme.

   Llevaba casada con Alberto diez años, era feliz con él, me quería, me respetaba y los niños lo adoraban, tanto como él a ellos, era un regalo de Dios.

   Me había prometido en no abandonarlo mientras él no quisiera, es una persona atractiva en todos los sentidos, evoca una serena belleza, sus gestos, sus reacciones, sus respuestas, el resplandecer de su rostro cada vez que ríe y es bastante a menudo, es el padre perfecto para mis hijos.   No, mi vida esta con él, a pesar de lo que llegué a sentir y siento por Fibo.

Continuara...