LA PICONERA

LA PICONERA

martes, 1 de febrero de 2011

CRISTINA Y FIBO...II

    Cuando estoy a su altura, observo como me hace un gesto con la cabeza como negando y una mirada suplicante, ya se han acercado los niños y el hombre.

    Me dirijo a ellos, les doy los buenos días y les pregunto por una dirección, él, me señala hacia el lugar, le doy las gracias y los ojos de ella me lo dicen todo, una lagrima le resbala por la mejilla, me doy media vuelta y me marcho del lugar !En ese momento deseé estar muerto!
    Le veo venir, ¡Dios, es Fibo! ¿Cómo me ha encontrado? ¡Mis hijos, mi marido, por el amor de Dios, no me hagas esto por favor, márchate!, suplico en silencio.

    Observo como se acerca, le ruego con la mirada, él saluda, pregunta mirándome a los ojos por una calle aledaña a la nuestra, mi marido le responde, él, da las gracias y lo veo alejarse en dirección a su vehículo, su porte es el mismo que recuerdo, aunque está más demacrado, pero sigue siendo él.

        Suben los niños al coche, me despido de mi marido con un beso, pongo el coche en marcha y me marcho con dirección al colegio.

       Los niños juegan en la parte trasera, la música a tope, me vence la tristeza, la angustia y comienzo a llorar desconsoladamente.

       Miro por el retrovisor, esperando que él me siga y me pida una explicación, deseo dársela y aminoro la marcha, no me sigue, va en dirección contraria a la mía, veo como su coche se aleja.

 
       Dejo a los niños en el colegio, continúo el camino y rememoro ese tiempo atrás hace ya un año y veinte días, cuando dejé la nota en el espejo y me marché de la habitación sabiendo que había sido lo mejor que me ha ocurrido en toda mi vida, aparte del nacimiento de mis gemelos.

      Mi recuerdo se remonta a cuando recibí -la noticia- y mis fuerzas flaquearon, no pude soportarla y necesitaba salir del entorno que me rodeaba. Hablé con mi marido y le dije que necesitaba unos días para asimilar todo, él lo comprendió, cogí una pequeña maleta, unos cuantos libros y sin rumbo me dirigí a la costa.
 
        Tan solo llevaba horas en ese pueblo, cuando le conocí, en un principio me resistí, pero su amabilidad y el desear evadirme de los recuerdos hicieron que aceptara la invitación.

        Fueron los días más maravillosos que jamás he vivido, apenas pensé en lo que había dejado atrás, tan solo quería vivir, ¿es malo eso?! Pero no pensé en él, en Fibo!

        Hizo que me sintiera la mujer más importante del mundo, me ofreció todo lo que nunca había poseído y egoístamente lo tomé, sin pensar en él, solo pensé en mí.

       Todos estos meses atrás he creído que para él solo había sido una mujer más, una de esas de la capital que van en busca de sexo un fin de semana, y en cambio lo he tenido en mi mente todo este tiempo, sus manos, sus besos, sus caricias, su risa y su olor impregnado en cada poro de mi ser.

      Ahora sé que no he sido tan solo un ligue, que si me ha buscado, es porque signifiqué mucho más, sé que habrá tenido que luchar para encontrarme, cuanto me hubiera gustado abrazarle y besarle hasta el cansancio ¡Fibo, lo siento!

     En todo el tiempo que estuvimos juntos, no le conté nada de mí, ni tan siquiera que tenía el vehículo estacionado en el parking del hotel. "Si supieras las veces que paré y pensé en dar media vuelta y quedarme siempre contigo, no lo sabes amor". De lo único que me siento culpable, es de no haberle contado todo, el porqué estaba allí. Y de lo que nunca me arrepentiré "es de haberle amado como nunca he amado a ningún hombre y creo que jamás volveré a hacerlo de la misma forma. Deseo que algún día nos volvamos a encontrar y darte una explicación Tan solo te pido que no me odies.

   ¡Hasta siempre mi amor!

   Continuara..........