LA PICONERA

LA PICONERA

sábado, 29 de enero de 2011

SILENCIO EN EL ALMA

    ¿Cuánto tiempo ha pasado? no lo sé, lo que sé es que aún permanece en mí como si fuera ayer, hoy, o tal vez fue en uno de mis sueños de esta pasada noche. El caso es que está ahí, perenne, punzándome el pensamiento y la razón, sin comprender como el devenir del tiempo me ha llevado a esta situación, en la que la vida sólo la entiendo si la vivo en el momento, sin importarme el ayer, ni el mañana.

    Aquí, en la soledad de mis pensamientos, ante un teclado que me ha hecho olvidar la textura del papel y el tacto de un bolígrafo, sin saber por donde empezar a plasmar en esta pantalla fría y carente de toda emoción lo que me aflige.

    ¡Yo!, un hombre en toda mi plenitud, que ha contemplado el pasar de los años siempre con atisbos de esperanza y felicidad desde que viera la luz por vez primera, trasladando a todos los que me han rodeado el mismo cariño que yo recibí de mis seres queridos, ahora me veo aquí, sólo, triste y encerrado en un habitáculo de una pensión que supura tristezas y melancolías de todos aquellos que han pasado por ella, dejando huellas indelebles de esperanzas, penurias, desdichas y amores furtivos. 
    Remontándome en el tiempo y cerrando los ojos, veo una casa rodeada de montañas nuevas y bravas en continuo crecimiento, con ese valle verde lleno de vida, el discurrir ruidoso de las aguas procedentes del deshielo de un invierno crudo y duro, mezclado con las vocecitas de unos niños corriendo detrás de unos perros compañeros infatigables de sus juegos, al mismo tiempo saliendo de la chimenea el humo de la vida que dentro de la casa se concibe.

    Me introduzco en ella, es una estancia pequeña, limpia y decorada muy alegre, con cortinajes de flores de vivos colores, en ella una hermosa mujer en sus quehaceres diarios en la cocina canturreando una melodía muy pegadiza, un fuerte olor a café recién hecho y magdalenas recién sacadas del horno impregnan toda la estancia.

    Ella se acerca a la ventana y a viva voz llama a gritos a los niños para que se acerquen a desayunar, los veo entrar corriendo y abalanzarse en brazos de la mujer, donde ella los cobijas llenándolos de besos y conminándoles a sentarse a la mesa; de otra estancia sale un hombre sonriente y con muestras de efusión besa a la mujer hermosa y cogiendo a los niños en brazos los llena de besos y abrazos, jugando con ellos haciéndoles cosquillas.

    Se desvanece la imagen, abro los ojos y ante mí surge de nuevo la estancia que me resguarda desde hace tiempo, unas lágrimas afloran en mi rostro y caigo rendido contra el teclado, no, no quiero dejarlo aún, no podría ahora.

    De nuevo me viene una imagen de apenas dos adolescentes, con una maleta cada uno en la mano, en un andén de una estación cochambrosa de un inhóspito lugar, despidiéndose de sus padres que con lágrimas en los ojos ven partir a sus dos hijos con destino a una guerra. Tan solo han recibido un telegrama del gobierno requiriéndoles sus servicios para una pretendida defensa del país, ¡ellos! que nunca han salido del entorno familiar, se ven envueltos en un conflicto que las malditas religiones han propiciado a lo largo de la historia, por personajillos que en su provecho han cultivando la incultura aumentado el odio y el miedo entre los que no comulgan con sus ideas o creencias.

    Retrotraigo el tiempo a la llegada al campamento de instrucción, donde cientos de niños juegan a ser soldados y donde, con un curso acelerado de tres meses, te dan un arma y te embarcan a un país que ni tan siquiera sabes que existe, a un país donde la pobreza, el analfabetismo y la radicalidad te acoge para mostrarte como si el tiempo no hubiese pasado, que sigue anclado en la edad de piedra. Un país regido por unos clanes que mantienen vivas las creencias y las desigualdades entre las personas, donde unos pocos reinan como pequeños reyezuelos a costa de un pueblo sumido en la pobreza y en la esperanza de un paraíso que nadie ha visto, un paraíso que los salvará de tanta esclavitud y penurias, un país donde los que no son correligionarios con sus dogmas son enemigos acérrimos y no pueden existir, hay que acabar con ellos, llegando a la inmolación como un premio a su fe. ¡Cuánta falacia!.

    Muerte y destrucción por intentar implantar una forma de vida en un lugar que no es posible, con un gasto de vidas derramadas e inútiles, sabiendo que el paso del tiempo lo volverá todo a su cauce y nada habrá valido la pena.

    La existencia de uno de los adolescentes se ve truncada y, aún con un halo de vida en los ojos, no comprende por qué se le acaba ésta sin haber vivido lo suficiente, lejos de su casa, de sus padres y con su hermano junto a él llorando desconsoladamente.

    La llegada del ataúd cubierto por una bandera a casa de los padres fue el colofón a un telegrama dándoles la noticia de la pérdida en combate de su hijo y glosando sus virtudes, así cómo su valor.

    Su otro hijo continuó en ese lejano país, sin poder acompañar a su hermano ni a sus padres en tan luctuoso trance, para más escarnio de unos padres muertos en vida, maldiciendo al gobierno, a tanto radical y a esos bestias que no saben vivir si no es odiando la vida. Ellos que siempre habían inculcado a sus hijos los valores de la amistad, el buen comportamiento, el respeto a los demás, ahora estaban derrotados y odiando los nacionalismos, la intolerancia religiosa y ambición de poder de unos depravados con ansias de lograr sus propios beneficios.

   Como habréis comprendido los que lleguen a leer esto, ¡él! era mi hermano y ellos eran mis padres, digo eran, porque ya no existen, un accidente de avión se los llevó cuando se trasladaban a otro país para estar conmigo en mi convalecencia debido a las heridas de guerra que me había producido una explosión dejándome huérfano de una pierna.

   Una vez me habían dado el alta médica, me trasladé a mi país, a mi antiguo domicilio, visité la tumba de mis padres y hermano, realicé las gestiones para donar la finca. Posteriormente me trasladé a España, a una zona con gran parecido a la tierra donde nací, aquí he vivido durante un tiempo, domino bien el idioma y ahora estoy a punto de hacer las maletas y marcharme en busca de otra paz.

   He sido feliz en España, un país maravilloso donde su historia es su mayor contribución al mundo, pero desde un tiempo a esta parte, los nacionalismos exacerbados, temas de tradiciones, la defensa de creencias religiosas por parte de unos y del ateísmo por parte de otros, políticos corruptos que gobienan en sus beneficios, libertinajes, el vivir defendiendo todos sus derechos pero sin cumplir con ninguna de sus obligaciones, hacen que, desde mi óptica, me vea encima de un polvorín a punto explotar y romperse por los cuatros costados. No, no quiero estar aquí cuando llegue ese momento, algún lugar existirá donde las personas seamos personas, donde la envidia, el poder y la maldad no exista, aunque creo que eso es un imposible, ya que es inherente en nosotros mismos y donde vaya ¡ahí estará! pero lo intentaré, esperando que algún día entremos en razones y podamos vivir en paz en todo el mundo. La vida es corta y en cualquier momento puede ser truncada ¿porque acelerarla hacia el final nosotros mismos?

   No permitamos que los niños sean esclavos, ni soldados, ayudémonos los unos a los otros, dejemos que cada cual viva su vida sin molestar a los demás, seamos respetuosos con la naturaleza, démosles la espalda a estos políticos corruptos, a la ambición desmesurada a costa de los demás, vivamos en paz y en armonía,seamos felices