LA PICONERA

LA PICONERA

martes, 18 de enero de 2011

¡¡SÍ, SOY PUTO!!

   Finalizado el año y por este medio que no deja de ser anónimo, quiero confesarme ante todos vosotros narrando lo que ha sido este año para mi y las circunstancias que han rodeado mi vida durante el transcurso de todos estos meses.

   Tengo cuarenta y cinco años recién cumplidos, divorciado hace tres años y con tres hijos fruto de mi matrimonio. En las separaciones como todo el mundo sabe, no siempre se llega a un acuerdo tácito, sino que siempre hay una de las partes que no está conforme, acabando la relación en disputas y tribunales.

   Yo fui un pequeño empresario que se defendía bien en su negocio, tenía mi casa, dos coches y un trabajo que me apasionaba, hace dos años mi negocio se vino abajo, tuve que despedir e indemnizar a los cuatros trabajadores de los que disponía mi empresa y acabando por cerrar.

    Mi vida fue de mal a peor, llegué a no poder pagar ni la pensión alimenticia de mi familia, pasé hasta hambre, al no encontrar trabajo alguno, fui abocado a pernoctar en una habitación que una mujer viuda bastante mayor alquilaba, residí allí por una buena temporada, llegando algún mes a no poder ni pagarla.

   Un mes que no había podido realizar apenas ninguna chapuza y mis bolsillos estaban totalmente vacíos, y mi ex solicitando la mensualidad que le correspondía, amenazándome con denunciarme por falta de pago, esta buena señora, conocedora de mi situación y sin recatarse un ápice, me propuso que me la llevara a la cama, dijo que lo necesitaba y daría por concluida la deuda que mantenía con ella, y si la situación prevalecía tendría cama y comida gratis mientras estuviera allí, yo me quedé sorprendido y no sabia que responder.

   Ante mi precaria situación económica, accedí, y esa misma noche nos fuimos a la cama, no fue muy agradable que digamos, eso sí, mi casera disfrutó a pesar de las mis reticencias a ciertos actos.

  En las semanas siguientes se repitieron los encuentros, ella era feliz y no paraba de darme las gracias constantemente, yo por esa parte me sentía satisfecho de ver a la señora en ese estado, incluso me había acostumbrado a yacer con ella, ya no era un inquilino, sino un mantenido al que no le faltaba nunca dinero en los bolsillos.

   Un día estando con ella en la cama y después de haberlo hecho, dijo que tenía ciertas amigas de confianza que estaban en su misma situación, y ella les había comentado lo que en la intimidad hacíamos, sus amigas se habían sorprendidos al oír la noticia, estas confesaron que les gustaría estar en su misma situación, que hacia mucho tiempo no habían estado con un hombre y mucho menos joven, que si me gustaría darles ese placer a ellas también, que me pagarían dentro de sus posibilidades.

   Así que de la noche a la mañana, me convertí en un mantenido y bajo las órdenes de la mujer que pasó de ser mi casera a mi proxeneta.

   El tiempo ha ido pasando, mis citas con estas mujeres se fueron incrementando y mi popularidad entre ellas iba subiendo, hasta llegué a acompañarlas en sus viajes, discotecas y comidas fraternales.

   Actualmente he encontrado un pequeño trabajo, no gano mucho, pero algo es algo, sigo viviendo con mi casera, mis citas han decaído un poco, pero aún hoy en día sigo de vez en cuando dándoles satisfacciones e incluso sin cobrar en ciertas ocasiones a las que no disponen de dinero suficiente. Aunque me puedo considerar un prostituto, también se que alegro la vida de muchas personas que ya por su edad estaban ausentes de tener relaciones y con verles la sonrisa en sus caras me doy por bien pagado.

   Algunos pensaran que soy un sinvergüenza, yo discrepo, jamás pude imaginar que iba a llegar a lo que he llegado, pero ahora soy feliz haciendo felices a muchas mujeres ya en las postrimerías de sus vidas.

Nota del autor:

No estoy a favor de la prostitución, ni en cualquier acto que se denigren a las personas. Desde los albores de la historia se ha utilizado a la mujer a hombres y niños para uso y disfrute, por personas carentes de compasión, obscenas y en beneficio crematísticos de unos pocos, donde la sociedad ha hecho oídos sordos a tanta barbarie e incrustándose en la vida como un servicio más, olvidándonos por completo de las circunstancia que rodean a estas personas que se ven obligadas a realizarlo, unas veces por necesidad y la mayor parte obligadas por las mafias.

   Los poderes políticos, eclesiásticos y demás entes que dominan la sociedad, nos han hecho creer que ese servicio ayuda a que la sociedad se vea libre de más violaciones, se ha llegado a legalizarla en ciertos lugares, permitiendo que existan lupanares, tanto en lugares cerrados como abiertos.

   Bien es cierto que hay personas que lo han hecho su oficio, pero no es más cierto que las mayorías se ven abocadas por engaños, amenazas etc. a practicarlo y nosotros la sociedad somos culpables aunque nos tapemos los ojos al permitirlo.