LA PICONERA

LA PICONERA

jueves, 13 de enero de 2011

SEXO EN LA NOCHE

    Está entre mis piernas, de espaldas a mí, el agua de la bañera tiene la temperatura adecuada, la música suena tenue, la espuma nos cubre, le froto con una esponja los pechos, mientras mis labios la envuelven en besos en su nuca y cuello.

  Sin decir palabras la sigo acariciando, ella se contorsiona y sus movimientos me expresan que parte de su anatomía es más sensible a mis caricias, mis sentidos están atentos a cualquier variación y redoblo hacia ese punto toda mi experiencia.

   La giro hacia mí y dulcemente la beso, paladeo su saliva espesa, su lengua busca la mía, siento el calor que emanaba de su cuerpo a pesar de estar en el agua, ella no para de gemir, sus uñas se clavan en mi pecho, sus pezones están erizados y parecen que se van a romper, mi lengua dibuja el contorno de su aureola, despacio, aumentando el ritmo y succionando como un bebé mama del pecho de su madre con avidez.

   Mis manos bajan raudas y sabias a su altar, ella me lo ofrece sin pedir nada abriendo sus piernas y dejándome hacer. Mis dedos como las agujas de un reloj dibujan en su interior, la música sigue sonando y el ruido acompasado de mis dedos en su intimidad se acopla al mismo ritmo de la música, ese gorgoteo cuando el agua hace choc choc, estoy excitadísimo como hace tiempo no lo había estado.

   Sus manos y su boca buscan frenéticamente de forma convulsa mi parte más íntima, yo no la dejo y ella se debate entre sus deseos y mi resistencia.

   Me mira extrañada al no dejarla que acceda aún a esa parte, sigue disfrutando de mis caricias, yo me debato entre dejarme llevar al no poder aguantar más, pero mi interior me pide deleitarme con el disfrute que en esos momentos le estoy produciendo, ella sigue contorsionándose y de pronto se le viene toda la felicidad de golpe, no hay manera de sujetarla, mis dedos no paran en su interior, me cuesta seguir su ritmo, hasta que oigo con voz entrecortada y fatigada… ¡Ya! ¡Ya! para por favor, déjame un momento descansar.

  Ahora te toca a ti, yo la miro embobado y feliz, la beso dulcemente alegrándome de su felicidad, le digo, ¿estás bien mi amor? Estoy ahora mismo en la gloria me dice con voz entrecortada por el cansancio. Y la felicidad reflejada en su cara.

   Salgo de la bañera, me seco, ahora ella, la arropo con la toalla y secándola muy tiernamente ella se deja hacer, mientras yo sigo besándola por cada rincón que le seco.

   La cojo en brazos, ella agarrada a mi cuello y besándonos al mismo tiempo la llevo al dormitorio, la tumbo sobre la cama y mi boca con ganas de ella se incrusta entre sus piernas comenzando a beber de su fuente del placer saciando toda mi sed y con sus manos apretándome fuertemente la cabeza para que no dejara de estar en ella.

  Mis besos, mi lengua, mis manos, todo yo recorriendo su cuerpo, sus pechos, su boca, otra vez sus pechos, su altar, la giro y quedo extasiado de tanta belleza que antes mis ojos se muestran, la hago mía, desde la nuca, hasta el último rincón de los dedos de los pies, la recorro incansablemente, mi sexo ya me pide también calmar su sed, yo aún no quiero, se la muestro llamando a su puerta, me alejo, de nuevo me acerco a llamar, ella con ansia me aprieta para que entre ya sin dilación.

  Se gira frenéticamente, coge mi sexo, quiere sentir su plenitud y hacerla suya recorriéndola desde la cúspide hasta la base, sé que no podré aguantar más y ella también lo sabe, se sube a horcajadas y muy despacio se va introduciendo en su cueva oscura, mojada y caliente, comenzando un vaivén acompasado.

  Se oye un ruido al fondo, no lo identifico, sigue sonando, no para, abro los ojos, estoy solo en la cama, el despertador sigue sonando, lo cojo con rabia, lo apago, me siento todo sudado y las sabanas mojadas.

  Estoy cabreado, todo ha sido un sueño, el puñetero reloj se podría haber quedado callado un rato más, siempre me ocurre lo mismo cuando voy a finalizar, nunca me deja acabar.

  Siento ese escalofrío de frialdad de las sabanas en mi cuerpo, pienso, ¿habré mojado las misma mientras soñaba con esa escena? levanto la sabanas y ¡OH sorpresa! la vejez me ha vencido ¡Me he meado en la cama!
 
Peni tento non penitenti.