LA PICONERA

LA PICONERA

martes, 11 de enero de 2011

HACIENDO AMIGOS

      Hace unos días, encontrándome en un lugar de copas con un ambiente un poco frio y con ganas de fumarme un cigarrillo, salí a la puerta donde nos han mandado para saciar el vicio, debo reconocer que en el fondo algo bueno hemos sacado de eso y es que podemos gracias a ello entablar conversaciones con algunos de los pecadores del acto de llevarse el cigarro a la boca.


  Al poco de salir yo, salió otro cliente y me pidió fuego, entablamos un diálogo banal sobre el tiempo, el tabaco y la poca clientela que había en el local.

  Una vez de nuevo en la barra y sin una mujer que nos alegrara la noche, me invitó a una copa y entre esta, las salidas a la intemperie para volver a fumar, nos fuimos conociendo.

  Me dijo que era divorciado “que novedad” que tenía una hija y que era rara la vez que salía de marcha, que se le habían quitado las ganas de alternar, pero que de vez en cuando le entraban las ganas de estar con una mujer y que por ese motivo había salido, pero que por lo que advertía no era buena noche para eso.

  Yo le comente que era normal, después de tantas fiestas las mujeres ya estaban un poco hartitas y que esperara al viernes noche, que el local se pondría bien y habría posibilidades de ligar si le echabas un poco de morro.

  Me preguntó si yo iba a menudo a dicho local, a lo que le respondí afirmativamente, que normalmente venía cada fin de semana, que unas veces ligaba más que otras, pero que no estaba mal el lugar.

   Nos invitamos a seguir bebiendo, nos contamos nuestras vidas, yo le conté que también era divorciado, que tenía dos hijos, que cumplía con mis deberes de padre, tanto pasando la manutención puntualmente como alguna vez que otra dándoles algo más si recibía alguna paga extra para que mis hijos no pasaran estrecheces, que había perdido mi casa y que eran mis hijos, su madre y un novio que se había buscado los que la disfrutaban, la casa que tanto me costó conseguir, y que desgraciadamente después de pagar todas mis necesidades apenas me quedaba para mal vivir, que vivía en una habitación de una triste pensión, y que así era imposible hacer otra familia etc.

  Sabemos y conocemos que a veces por desgracia, en muchas separaciones o divorcios, los que lo sufren el verdadero drama en su mayoría son los hijos.

  También que por norma general la custodia de los hijos recae en la mujer, que esas cargas son grandes y se ven inmersas en problemas variados, casa, colegio y demás, no hace falta que lo recordemos, ya que todos lo sabemos de una u otra manera.

  El sacrificio que resulta tener que llevar la responsabilidad prácticamente solas, si a eso le añadimos las malas condiciones de la mayorías de las separaciones; manutenciones no pagadas, peleas desacuerdos y también los obstáculos por parte de ellas al impedir las visitas a los hijos fuera de los turnos establecidos por sentencia, y el desamparo que ciertos padres hacen en cuanto se han separado, olvidándose que tienen hijos.

  Pero a lo que voy, de una manera u otra, las mujeres ya sea por naturaleza, o porque se lo han inculcado de pequeñas, saben solucionar los contratiempos que se le vienen encima.

  Personalmente admiro a esas mujeres que se ven sumidas en esas situaciones y salen al frente !un once para ellas!

  Sigo con la historia… este hombre de mediana edad, divorciado, una hija que ya está entrando en la pubertad. También me contó su vida y como he dicho anteriormente, hombre de mediana edad, divorciado e hija pequeña a su cargo.

  Su ex, no me quiso explicar el motivo del porqué no se hizo cargo de la niña, me dijo que era el hombre más feliz del mundo, que tenía consigo lo que más quería, pese a las dificultades que le acarreaban.

  El no era de esta ciudad, se encontraba a cientos de kilómetros de los únicos familiares que le quedaban, además eran de lejano parentesco.

  Me explicó los pesares que tuvo que solventar al principio con la nena, no se acomodaba a la nueva situación, no comprendía que su madre no estuviera con ellos, los tres juntos, que había tratado de explicarle lo que había pasado, pero ella no alcanzaba a comprender nada.

  Debido a la mala administración por parte de su ex, mientras convivían más los gastos de abogados, su economía no era muy boyante, la justa para vivir día a día. La paga que recibía por su trabajo, no era muy generosa, más bien la de un mil eurista.

   En su trabajo tuvo que llegar a un acuerdo con su jefe, para que le permitieran ausentarse una hora diaria para llevarla al cole, en detrimento de su descanso en la hora de la comida y almuerzo que el recuperaba mientras los demás descansaban.

  Las cuatro o cinco noches al mes que le correspondía hacer turno de noche, sin que su jefe lo supiera, se llevaba a su hija y en un rincón al lado donde desarrollaba su trabajo le hacia una especie de cama para que la niña durmiera, ya que no podía dejarla sola toda la noche y no tenía medios económicos para tener una niñera que la cuidase.

  Con sonrisa lastimera me contó, las pequeñas dificultades que pasó cuando de pequeña le pedía que le hiciera trenzas o una cola de caballo que había visto en otras niñas, o tal o cual peinado.

  Tuvo que aprender a marchas forzadas a peinar y a depilar más adelante, conjuntar la ropa, o cuando le vino por primera vez la menstruación, tuvo que salir corriendo al súper y pedir consejos para comprar las compresas adecuadas para ella y que le explicaran como se usaban.

  Yo lo miraba admirado y envidioso, también me contó que solamente salía a divertirse cuando podía y en contadas ocasiones. Aprovechaba para salir cuando su hija se iba por vacaciones con su madre, ya que el resto de año la tenía el, que hacía mucho tiempo que no había estado con una mujer, y que no le parecía bien que su hija viera un desfile de mujeres por su vida. Al final de la velada, ni él ni yo, conseguimos plan pero eso sí, nos conocimos y hemos prometido seguir en contacto, le presentaré a algunas de mis amigas y espero que descargue su adrenalina.

  Paradojas de la vida… “fumar hace amigos”