LA PICONERA

LA PICONERA

sábado, 11 de diciembre de 2010

PERDON

   Hoy quiero confesarme, es algo que siempre he querido hacer, quitarme este peso que llevo arrastrando casi toda mi vida y que nunca he declarado, siendo para mí una tortura y algo que ha dejado huellas en mi para siempre.

   Ante todo, quiero decir, que mi niñez ha marcado todo el desarrollo posterior en mi vida, creo que a mejor.

   No fui un niño como se dice bueno, la verdad es que fui demasiado travieso o algunos dirán que casi cruel, pero eran otros tiempos y ahora todo eso se ve diferente.
   Ahora, cuando veo esas personas que salen diariamente con sus animalitos de compañía a pasearlos, rememoro mis tiempos atrás y que diferencia, eso antes no existía, no se concebía que alguien paseara a ningún animal por la calle, que lo cuidara o tratara como un familiar muy allegado.

   Como he dicho anteriormente, mi juventud hasta los catorces años, fue la de hacer gamberradas y a jugar todo el día en la calle, desde que amanecía hasta el atardecer, cuando no ayudaba a mis padres en las tareas del campo.

   Eran tiempos difíciles y toda la mano que se pudiera realizar para el sustento de la familia era poca, y en eso creo recordar, que yo me sentía muy satisfecho en poder estar siempre que mis padres me lo solicitaban.

   Pero a lo que vamos, quiero confesar partes de mis atrocidades que hacia de pequeño y no quiero dejarme ninguna, así que las relatare una a una, aunque creo, que algunas se quedaran, no por intención, sino como han sido tantas, no creo que me acuerde de todas.

  - Me acuso de: juntarnos todos los de la panda, (unos cuantos por cierto) e irnos a hacernos pajillas y ver quien acababa antes.

  - Me acuso de: coger lagartijas, meterlas en una lata, llenarla de orina, ponerla al fuego y ver como hervían.

   -Me acuso de: cuando veíamos unos perros entrelazados en la coyunda, ir a separarlos tirando de ellos.

   -Me acuso de: esperar que el gato de mi abuela entrara por la gatera y cuando metía la cabeza para entrar en la casa, darle en la cabeza con la escoba.

   -Me acuso de: Ir por la noche a coger nidos, coger a la madre, meterle un cohete en el pico, echarlas a volar y que explotara.

   -Me acuso de: Coger lagartos de medio metro y atarlos por el cuello, pasearlo por las calles del pueblo y azuzarlas a las niñas.

  -Me acuso de: Coger culebras y utilizarlas como látigos.

  -Me acuso de: esconderle  las crías a los gatos y perros. para ver como los buscaban desesperado.

   -Me acuso de: Engañar a las niñas de nuestra edad, para que nos mostraran las bragas y a las menos listas el aparato de mear.

   -Me acuso de: saltar a las fincas y coger los frutos de ellas, hacerle burla al guarda o a los dueños y provocarlos para que nos siguieran.

   -Me acuso de todo lo malo que había en el pueblo en esa época de travesuras y maldades, de ser el inductor de ellas.

Hoy pido perdón por todo y si volviera a nacer, jajajajaajajjajaajjaaj, lo haría de nuevo.

¡Que bien me lo pasaba!