LA PICONERA

LA PICONERA

domingo, 12 de diciembre de 2010

¡¡¡MALDAD!!!

  


Después de más de un año de ausencia de la ciudad, por haber estado este en prisión, me encontré con él en uno de los bares que frecuento, lo observé cabizbajo, desaliñado,desmejorado, triste,apesadumbrado, bebía de la botella de cerveza que nos habíamos pedido sin ganas, me dio pena de ese hombre, al que tanto había admirado por su fortaleza, simpatía, ganas de vivir, y ahora lo veía derrotado.
 Un reencuentro con un amigo después de más un año me ha hecho reconsiderar a lo que se puede llegar con la maldad de algunas personas.

   Él no me miraba, sus ojos estaban puestos en sus manos que sujetaban el botellín, de pronto estalló en sollozos, yo no tenía palabras para consolarlo, las personas que había a nuestro alrededor nos observaban extrañados.

  Con voz entrecortada y apenas audible comenzó a narrarme su vida anterior, tenía que hacer esfuerzos para entender lo que me estaba contando.

   Todo empezó al irse a vivir con Verónica, la que había sido su pareja durante siete años, todo iba bien, esta, tenía como ya conocíamos, una hija llamada Belén, tenía por aquel entonces apenas un año de edad.

   La niña tuvo dificultades al nacer por falta de oxigeno en el parto, nació hermosa, rubia, un color de trigo recién cosechado, pero con un pequeño retraso que le impedía crecer como todas las niñas, ella crecía más lentamente.

  La niña lo consideraba su padre y le llamaba papá, a lo que él con buenas palabras, siempre le decía que lo llamara Alberto, que su padre era el que visitaba los fines de semana.

   De vez en cuando se le escapaba a la niña lo de llamarle papá y él en su interior se alegraba de que la niña así lo hiciera, e incluso a su madre, la llamaba abuela.

   La llevaron a los mejores especialistas del país, le ayudaba en sus ejercicios diarios recomendados por los médicos, jugaban juntos, no veía la hora de salir del trabajo para reunirse con la niña, era su hija, no biológica, pero era su niña.

   Así transcurrieron los seis años que estuvo con su madre, estaba totalmente enamorado y amaba a la niña como si fuera suya, en realidad la consideraba suya.

   Pero ocurrió lo que pasa en muchas parejas, en sus vida entró otra persona, un compañero de trabajo muy querido por él.

   Cuando ella le comunicó el hecho de que le dejaba, que se había enamorado de otra persona y se iban a vivir juntos, el mundo se le vino encima, no se lo esperaba y además ni sospechaba que su mujer le estaba siendo infiel.

   Le rogó, le imploró que no lo hiciera, pero ella ya había tomado su decisión.

   Tuvieron ciertas palabras muy duras en esos momentos, de él a ella y de ella a él, de ahí se pasó a denunciarlo en los juzgados, el cuál dictaminó medidas cautelares de alejamiento, tanto de la denunciante como de la nena.

   Unos días después de estas medidas cautelares, intentó a la puerta del colegio hablar con la madre y poder ver a la nena a la que echaba de menos, rogándole, suplicándole hasta de rodillas, que la dejara estar con ella algunos momentos, a lo que ella gritando delante de todo el mundo, le dijo que no era su padre y no tenía derecho a nada.

   Al oír el griterío de la escena, unos policías que vigilaban los accesos de la salida del colegio, hicieron acto de presencia, ella les dijo que su ex la estaba molestando y en contra de su voluntad quería ver a su hija no siendo el padre biológico y que tenía orden de alejamiento judicial.

   Seguidamente los Policías lo detuvieron a lo que él se resistió gritando que no había hecho nada, pero el mundo se le vino abajo, cuando en el suelo le estaban engrilletando, se oyó una voz que gritaba, papá, papá, papá, era su nena y lo había visto en esa situación, por lo cuál abatido y roto se dejó llevar al coche patrulla, observando desde el interior del mismo, como un Policía hablaba con su ex y esta tenía oculta a la vista de él a la nena.

   Lo juzgaron por quebrantamiento de orden Judicial y resistencia a la fuerza de orden público, por lo que fue condenado en juicio rápido a una pena de tres años y seis meses, ingresando en prisión.

   Después de un año y medio de condena, le habían concedido el tercer grado.

   Su trabajo lo había perdido, su domicilio embargado por falta de pago y su ex y la nena se habían marchado fuera de la ciudad, sin saber bien donde.

   Así me lo contó y de la misma manera lo narro.

   Según mis últimas noticias, perdió su casa, no encontraba trabajo, por lo que tuvo que marcharse de la ciudad.


   Que Dios lo cuide.