LA PICONERA

LA PICONERA

martes, 21 de diciembre de 2010

¿CAPRICHO O LOCURA?

  Otro día más en mi soledad, fuera sigue lloviendo, para mi todos los festivos son iguales desde hace tiempo, los días que no trabajo y la mente no la tengo ocupada, me envuelve un sentimiento de culpabilidad ¿Qué he hecho con mi vida? sola, repudiada por mis hijos y familiares, ¿Es este mi castigo? Aún soy joven y relativamente hermosa, pero sin ganas de vivir.

  Tengo cuarenta y cinco años, divorciada, directora de empresa con un buen sueldo, luchadora, he tenido que trabajar el doble de duro en la jungla del hombre para llegar donde he llegado consiguiendo el respeto de todos y ahora abatida por uno de ellos, ¿como lo he podido permitir?

  Mi vida era feliz, tenía el trabajo que había soñado siempre, un marido ejemplar que me amaba y admiraba, unos hijos estupendos a los que quiero más que a mi vida, unos padres maravillosos que han luchado para ayudarme donde he llegado, lo he perdido todo y que me queda, ¿el trabajo?


  ¿Cómo empezó todo? lo recuerdo como si fuera hoy, una mañana salía de mi despacho con las prisas para solventar un pequeño problema en una de las dependencias de la empresa, uno de los empleados que estaba realizando unas practicas extracurriculares de fin de estudios en la empresa, y que apenas conocía de vista, llevaba un café en la mano y con mis prisas tropezé con él, desparramandome el café encima, el momento se puede decir que para él fue algo trágico, para mí un enfado monumental. Pero al ver la cara de consternación se me vino el mundo encima y trate de consolarlo, lo llevé a mi despacho, le pedí repetidamente perdón, manifestándole que no era culpa suya, que toda había sido por mi culpa por ir tan de prisa y sin mirar, no había consuelo para él.

   Le pedí que esperara a que me cambiara y que en desagravio lo iba a invitar a la cafetería, ahí comenzó todo, una vez tranquilizado, resultó ser un chico con una simpatía arrolladora, sus ojos pícaros me atraparon, sus gestos me alucinaron, su conversación me hechizó, lo que era un café se convirtió en una comida, transcurrió el tiempo sin darme cuenta, una vez en mi despacho, la imagen de ese joven no me la podía quitar de la cabeza, me marché a casa como ausente, lo echaba a faltar, mi estomago cada vez que me venia su recuerdo sentado frente de mí, se me alteraba, quería que llegara la mañana siguiente para verlo de nuevo.

   Esa noche hice el amor con mi marido, cuando sentía sus manos en mi cuerpo, sus labios en los míos, era ese joven, no mi marido, quería desecharlo de mi mente pero no podía, el clímax no llegó hasta que me venció mi mente.

   Al día siguiente tardé mas de lo acostumbrado en elegir mi vestuario y en arreglarme, no me encontraba bien con nada que me probaba, me vestí mas juvenil de lo que era en mi rutina, una camisa blanca semitransparente, una falda de tubo ceñida de color negro y los tacones más altos de mi costumbre para ir a la oficina.

  Cuando llegué, solo estaba pendiente de su entrada, lo ví entrar y no tardé en querer preguntarle como estaba, pero con ese aire desenfadado sin cortarse un pelo, me dijo que me encontraba hermosa y que si se lo permitía quería invitarme a cenar para corresponder a mi invitación del día anterior, me pilló desprevenida y no se como, le dije que sí, que aceptaría gustosa a su ofrecimiento.

  No pensé en nada, ni en la edad que nos separaba, solo quería compartir otro momento con él, el día se me hizo interminable, llamé a mi marido y le dije que me había salido una cena de empresa y que llegaría tarde a casa.

  Me llevó a un restaurante italiano, fue una cena memorable, más tarde me llevó a un local de copas donde me invitó a bailar, la luz tenue, la música suave, sus manos en mi cuerpo que atraía constantemente hacia él, yo me resistía, hasta que al final me dejé vencer y me apreté contra él, me dejé besar y lo besé, de ahí me llevó a su apartamento, me desnudó muy pausadamente sin dejar de besarme, me volvió loca de pasión, rastreó mi cuerpo por donde nadie lo había hecho, disfruté de su cuerpo hermoso, era infatigable, jamás había tenido un orgasmo parecido al que tuve, me llevó vencida a la bañera donde antes había preparado el baño, nunca lo había hecho de esa manera, todo para mi era nuevo, me llevó al clímax una y otra vez.

   En los meses sucesivos, nuestros encuentros llegaron a ser de contínuo, mi vida marital había desaparecido y cuando mi marido quería sexo, se lo daba como una autómata fingiendo continuamente, e incluso desatendí a mis hijos.

   Me había enamorado de un chico que casi podía ser mi hijo, le atendía en todo lo que necesitaba, dinero incluido. Yo estaba ciega, y él me decía que me amaba, yo era feliz.

  Una mañana entró a mi despacho, me excitó, quería hacerlo, me introdujo en el cuarto de baño y lo hicimos, mi cuerpo era suyo, había logrado que hiciera lo que el quería y a mi me gustaba, dejamos la puerta entreabierta y cuando yo estaba con la falda subida, mis bragas bajadas y en una posición de mirando hacia la entrada de mi despacho, entraron en ese instante mis hijos y marido que querían darme una sorpresa. La sorpresa se la llevaron ellos. Desde ese instante mis hijos no me han vuelto a hablar ni quieren saber nada de mi, mi marido quiso olvidarlo todo, pero yo no quise, en mi familia fue un escándalo, estaba tan loca por él que no quise verlo desaparecer de mi vida, me divorcié, alquilé un piso y se vino a vivir conmigo.

  Una vez acabadas sus prácticas, le ofrecí empleo en la empresa, lo desechó, tenía una oferta desde hacia tiempo para trasladarse al extranjero, le rogué e imploré de mil maneras, pero su decisión estaba tomada y ya no me pudo hacer más daño que al decirme que yo era muy mayor y que tan solo había sido una aventura muy agradable, recogió sus cosas y hasta la fecha.

  Si mi castigo por haber amado ha sido la pérdida de mis hijos y el cariño de mis padres, no estoy arrepentida, lo amé y lo sigo amando siempre lo mantendré en mi recuerdo. Mis hijos algún día me perdonaran y haré todo lo posible porque así sea.

  Mis padres jamás comprendieron que mantuviera una relación con un chico tan joven, entiendo sus puntos de vista, pero me entristece, si hubiese sido mayor que yo creo que lo habrían respetado, e incluso aceptado, pero la diferencia de edad sigue siendo un moneda de distinta cara dependiendo de si eres hombre o mujer, triste paradoja.Saben que estoy aquí y si quieren verme, serán bien recibidos.

  Mi soledad y mis pocas ganas de vivir es la ausencia de él, no me importan los motivos o por lo que quiso tener una aventura, tan solo me hizo feliz y con eso, me vale.