LA PICONERA

LA PICONERA

lunes, 28 de mayo de 2012

HOY, SOY MÁS FELIZ QUE AYER




   Cómo cada día (excepto si he tenido un escarceo amoroso), me acuesto a la hora de las gallinas y me levanto antes que cante el gallo de mi vecino Eusebio. Esta noche he dormido a pierna suelta como un lirón, y el amanecer me ha sorprendido con el gorgoteo de los pájaros que anidan en este roble viejo que cubre parcialmente mi casa.

  Me he levantado feliz y silbando, algo raro en mí (digo lo de silbar), pues no se hacerlo muy bien y hasta mi gato ha salido despavorido al verme bajar las escaleras de esa guisa, me he puesto la cafetera y mientras salía el café en un descuido del minino, lo he cogido en brazos, lo he abrazado, besado y mientras maullaba trataba de morderme, ¡pobre gato! jajaja...si no le ha dado un ataque al corazón, seguro que ya no le da, porque ni él ni yo, estamos acostumbrados a darnos ninguna muestra de cariño. El pobre me miraba con ojos asombrados como pensando ¿Que le pasará a este, se habrá vuelto loco? (Benito, tengo que aclarar que es muy desaborío y con muy malas pulgas, eso sí, el pensará de mí lo mismo, pero bueno nos soportamos mutuamente).

Vive en casa desde que entró un día sin ser invitado, y bien que se ha posicionado que no hay manera de echarlo, al final hasta me he acostumbrado a él. Aunque nos ignoramos mutuamente durante todo el día, solo me habla cuando quiere comer, eso sí, me ha salido un gatito delicado, las gambas las quiere peladas, los boquerones crudos y limpios, su carne de una marca determinada que no puede ser otra. Además, tenemos una lucha diaria por ocupar el sillón, quién primero se levante, se queda sin él, yo creo que todas estas rencillas por su parte, es debido a que un día lo mandé capar (era un D. Juan gatuno) estaba harto de oír a tantas gatas alrededor de la casa y sin dejarme descansar, y creo que ahora me devuelve el favor cuando tengo visita femenina, se acerca a la puerta de la habitación, rasca y maúlla constantemente, hasta que salgo cabreado y sale por patas como alma que lleva el diablo.
Pero a lo que voy, que me he desviado con el dichoso Benito.
Hoy, a las doce de la mañana (toquemos madera), se casa de nuevo mi ex, trece años divorciados ¡trece años!, mes a mes pagando la pensión compensatoria, a causa de una sentencia que no quise recurrir por no quedar mal con mis hijos. Mientras ella ha estado desempeñados trabajos como pasante en una consulta médica sin declararlo.
Un divorcio que me costó la casa que con tanta ilusión y esfuerzo compré antes de casarme, y lo peor no fue eso, sino que puso a mis hijos contra mí, el no poder verlos cuando yo quisiera y poner impedimentos en las visitas concertadas, luchar por las vacaciones y estar constantemente a expensas de lo que ella dispusiera. Y la única solución que me daban, era que interpusiera denuncias que al final sólo servían para agravar más la poca relación que existía.
Para más inri, su jefe (el que será su marido en el día de hoy) vive en pareja desde hace ocho años en la que fuera mi casa... disfrutando de mi cama, mi cuarto de baño, mi sillón, mi despacho.
Y el matrimonio seguirá habitando en la misma casa, con la anuencia de mis hijos, que encarecidamente me han pedido que no ponga impedimentos. A mi pesar, el nuevo marido de mi ex ha sido quien disfrutó de la infancia que me correspondía a mí.
Gracias a Dios, tengo un trabajo que me ha permitido comprarme otra; pagar la manutención, la pensión compensatoria y aún poder vivir decentemente, eso sí, sin grandes alardes.
No voy a entrar en esos divorcios traumáticos, donde el padre se desentiende de todos y la madre con grandes esfuerzos saca a sus hijos adelante, sino más bien, en esos padres con un sueldo bajo, que tienen que pagar la manutención, parte de la hipoteca, sino toda, que no ven a sus hijos porque no les sale de las narices a la madre, que los indisponen contra él, que no pueden pagarse un alquiler porque no les llega, y mucho menos, montar otra familia, así como verse abocados casi a vivir en la calle o volver con sus padres por no tener los medios necesarios de subsistencia.
La ley nos juzga a todos con el mismo rasero. Yo soy padre como muchos otros, que queremos estar con nuestros hijos, ellos no tienen la culpa de las situaciones y sin embargo son los más perjudicados en estas.
En este día señalado, brindaré por los desposados, que su felicidad sea completa (en eso se beneficiaran mis hijos), me desplazaré a uno de los más caros restaurantes, y con el dinero de la pensión me comeré una gran mariscada, bañada eso sí, con el mejor vino de la bodega. Y le pediré al camarero que las sobras me las envuelva para mi gato Benito, que disfrutará también del banquete.
_Va por vosotros pareja.