LA PICONERA

LA PICONERA

miércoles, 1 de diciembre de 2010

FETICHISMO

  Solo en mi cuarto y en un rincón, evocando lo que fui y lo que ya no seré, y como uno puede pasar de un extremo a otro, en cuestión de tiempo.

   Según mi madre me contaba, no era niño de chupete, lo odiaba, tampoco era de esos de estar con el dedo de la mano en sustitución de este, sino que al contrario, me pasaba el día en una extraña posición, con un dedo de mi pie siempre en la boca, a veces era tanto el tiempo que lo tenía metido, que se arrugaba y se ponía azul de tanto chuparlo.

   Mi madre se asustaba por esta costumbre y después de visitar médicos y pediatras, me diagnosticaron la enfermedad de “Podo filia” a la que por el momento no había tratamiento y la única solución era tenerlo vendado o con los zapatos puestos.  Así pasaron los años y para remate, mis padres eran propietarios de una zapatería, de la cual yo hice mi templo, donde ayudaba a los míos, no por ayudarles en la tienda, ya que no lo necesitaban, tan solo por el placer de tener los pies de las clientas en mis manos, mientras se probaban los zapatos.

  Fue una etapa muy bonita para mí, mis gustos seguían siendo los pies de la mujer;

  Tocarlos, acariciarlos, chuparlos, olerlos, lamerlos o besarlos. Se convirtió en mi mayor placer, no había chica que no saliera con ella, que lo primero que observara, eran los pies a hurtadillas, algunas no le gustaba mi obsesión con ellos, y para poder acceder a mis fantasías eróticas con ellas, lo enmascaraba con mi arte de hacerles el amor, dejarlas rendidas, satisfechas y así poder acceder ya sin tapujo a lo que a mí más me divertía y excitaba.

   Llegó la época de escoger carrera en la universidad ¡Por supuesto elegí podología! fui el más aplicado del curso, todas las notas las saqué con sobresaliente y acabé la carrera.

  No tarde en montar mi propia clínica, ¡ahora por fin podría tener los pies que quisiera conmigo! los podría retocar, tratar y todo lo que podría hacer con ellos estando mi control sobre los mismos.

   Lo que no imaginaba, eran los pies que me visitarían, callos, grietas, sucios, úlceras, uñas torcidas, uñas largas y negras, pie con roñas que olían a perros muertos, las que tenían los pies que daban asco de verlo, dedos torcidos, dedos montados, y algunos dedos gordos más feos que pegarle a un padre.

  Al cabo de tres meses, mi carrera se fue al garete, mi pasión por los pies, pasaron a mejor vida.

  Así que hice una tesina para todos aquellos fetichistas de los pies, en la que acababa por explicar, que si quieres dejar de ser adorador de ellos y no puedes dejarlo, hazte Podólogo.

  Ahora regento la zapatería de mis padres, pero hay dependientas y dependientes que se cuidan de los clientes, yo solo pongo la mano para cobrar, por cierto, me va muy bien.

  Y otra cosa más, mi pareja tiene unos pies que dan pena verlos, ni utilizando mi mayores conocimientos en ellos tienen arreglo, y para más inri, cuando tiene ganas de hacer el amor, me frota sus pies en mis partes pudientes y me los tienes desollados de las asperezas de ellos.

MALDITOS PIES.