LA PICONERA

LA PICONERA

viernes, 17 de diciembre de 2010

¿CASUALIDAD?

   Hoy me he levantado con una gran desazón, no sabía el porqué, hasta que me ha venido a la mente un caso ocurrido hace veinte años que precisamente hoy se cumplen, sinceramente no lo sé, sin embargo ha estado presente en mí desde que amanecí esta mañana.

   Recuerdo ese momento como si fuera hoy mismo, mi asistencia a los funerales de dos hermanos fallecidos en el mismo día. Este hecho me dejó marcado por mucho tiempo y aún hoy día no sé como calificarlo por las circunstancias que concurrieron en el fatal desenlace, ¿casualidades o destinos?

  Eran dos hermanos de treinta y cinco ella y treinta y seis él, nacidos en una pequeña provincia del país, desde pequeños habían estado muy unidos. A la mayoría de edad, cada uno tomó diferentes derroteros, el hermano mayor se trasladó al extranjero a cursar estudios de ingeniería y una vez acabados estos, se estableció allí para desplegar su carrera y ella se trasladó a la capital, donde desarrolló diferentes actividades.

  Durante todo este tiempo, los hermanos permanecieron en contacto casi permanentemente, no pasaba más de dos días sin que hablaran por teléfono, se visitaban de continuo, ella o él se trasladaban, así un año tras otro.

  Ella, que omitiré su nombre por respeto, tuvo una vida bastante agitada en la capital, se divertía todo lo que podía y no hacia oposición a los productos psicotrópicos que por aquel entonces estaban tan de moda y contrajo la maldita enfermedad que tantos jóvenes se han llevado de nuestras vidas.

  Su estado se fue deteriorando en muy poco tiempo hasta que tuvo que ser ingresada, pasando su último año de vida en el hospital.

  Su madre pasó todo este tiempo junto a ella y su hermano, cada mes iba a verla, la obsesión de su hermana cada vez que venia, era recordarle que le agradaría verlo con pareja estable y que la hiciera tía.

  Veinte años hace hoy que su hermano como todos los meses cogió su vehiculo, acompañado por la que era su pareja e iba a ser su esposa, venía para presentarla, justo al entrar al país, un desgraciado accidente le llevó al hospital en estado grave, la acompañante salió ilesa.

  La madre al recibir la noticia, se trasladó a visitar a su hijo al hospital y nada más llegar, le comunicaron que su hijo había fallecido.

  Una vez hechos los trámites para el traslado del féretro y la comitiva en marcha con destino a su lugar de nacimiento, a mitad del camino, recibe la noticia de que su hija acababa de fallecer.

  Una madre destrozada, que no pudo llegar a ver a su hijo vivo y su hija quien nunca había abandonado en todo un año de internamiento, fallece justo en su ausencia.

  El destino o la casualidad quisieron que en las partidas de defunciones de los hijos, se anotara el fallecimiento de ambos con unas horas de diferencia.

La madre falleció una semana después.

  En todos estos años no he dejado de darle vueltas a la cabeza, llegando a la conclusión de como si esas dos vidas se hubiesen mantenido unidas por un hilo, que al romperse un extremo, el otro lo hiciera tambien.