LA PICONERA

LA PICONERA

domingo, 7 de noviembre de 2010

TRAICION

Esta historia, se basa en un hecho verídico que me han relatado y que por mediación de un familiar del protagonista, he tenido acceso a unas cartas que trataré en adelante resumir y ser lo más fiel posible a su contenido, sin dar datos de quien o quienes fueron los protagonistas, aunque es un hecho que pasó ya hace años y muy conocido por los lugareños donde resido actualmente.

Se trata de un matrimonio joven, él 32 años y ella 27 con un hijo de tres años en común. Su profesión era y seguirá siendo aparejador, ella ama de casa y al cuidado del hijo en común, un piso recién comprado con mucho sacrificio, pues ella se quedó embarazada antes de tiempo y tuvieron que unirse en santo matrimonio como se rezaba antiguamente, por el que dirán, antes que la barriga de la mujer fuera muy ostensible a la vista de todos. Aunque era vox pópuli que iba al sagrado sacramento embarazada y todos evitaban nombrar esa eventualidad.

Asumían sus dificultades y salían adelante a trompicones, aunque eso sí, nadie dudaba del amor que se tenían ambos desde pequeños, ya que se conocían desde que iban a la misma escuela.

Era un matrimonio muy bien avenido, pero la crisis económica que asoló España hace unos años fue muy fuerte y se quedó sin empleo, además sus tendencias políticas le alejaban de cualquier oferta pública para acceder a otro trabajo cualificado.

Las deudas les perseguían y se les amontonaban, era poca la ayuda que los padres de ambos les podían ofrecer.

Cada mañana se levantaba con la misma rutina y bien temprano para irse a un bar donde se concentraban los parados y donde los patronos aparecían a ofrecer jornadas de trabajo en el campo o cualquier otro lugar. Un día tras otros, siempre igual y sobre las nueves de la mañana sino conseguía peonada, volvía a casa donde se dedicaba a estudiar hasta bien entrada la madrugada para acceder a alguna oposición.

Su única dicha era su hijo y su mujer a los que amaba más que a nada en el mundo, estaba dispuesto a realizar cualquier trabajo con tal de sacar a su familia a delante, más de una vez se quedaba sin cenar para que pudieran hacerlos ellos, con la concebida frase de “yo no tengo hambre” pero era solo por las penurias que estaban pasando.

Una mañana estando en el bar y habiendo pasado ya los patronos, escuchó la conversación de otro parado, comentando que se iba a Lérida a la temporada de la fruta, que pagaban bien, que las condiciones no eran muy buenas y que para ganar algo de dinero tenían que trabajar muy duro, que duraba sobre dos meses y que valía la pena, ya que así conseguirían traer algo de dinero a casa.

Se informó de cómo eran los tramites y lo que costaría el viaje, seguidamente se fue directamente para su casa y habló con su esposa, explicándole todos los pormenores, ella era reticente a su marcha, decía que no podría resistir su ausencia, lloró, clamó y al final accedió visto la tozudez de su marido y sabiendo interiormente que era la única solución para paliar la economía.

El problema vino para reunir el suficiente dinero y viajar en el tren en tercera clase, pero lo consiguió a base de pedir prestado. Se hizo de una pequeña maleta y con una barra de pan y algo de tocino, se encaminó al pueblo de al lado andando para coger el tren.

La despedida fue muy dura, las lagrimas le desbordaban y le atenazaban, le daba miedo dejar a su mujer y su hijo solos sin su protección, su mujer se agarraba a su cuello impidiéndole marchar e implorándole que no los dejara, ya que no sabría cuando volvería y era la primera vez que se separaban, ella le acompaño en su recorrido de madrugada unos dos kilómetros intentando retenerlo hasta ultima hora.

Una vez en el tren se dejó caer rendido, no sabía si la opción que había elegido era la correcta, no llevaba ni unas dos horas fuera de su casa y ya los echaba de menos, tampoco sabía si lo podría soportar.

El traqueteo del tren en movimiento y las largas noches en velas por las preocupaciones le vencieron, no sin antes pensar si tendría suerte y si encontraría trabajo en ese lugar donde se trasladaba tan lejos de su hogar.

El trayecto en el tren, duró cerca de veinticuatro horas, una vez en la famosa estación de Francia en Barcelona, tuvo que hacer transbordo hasta llegar a Lérida y de ahí, una veces en auto stop y otras andando con las penurias del camino, llegó a la zona de frutales, donde los pageses contrataban a los trabajadores foráneos para la recogida de la manzana, el trayecto lo realizó en tres días aproximadamente.

Nada más llegar le dieron trabajo en una finca muy grande, lo alojaron junto a los demás trabajadores en una casona, donde cada cuál se las apañaba para dormir cómo podía en unos jergones de paja de varias temporadas atrás.

La jornada comenzaba a las seis de la mañana y finalizaba cuando las últimas luces se iban, con una interrupción de una hora para la comida.
Con el poco dinero que le quedaba, tenía lo justo para comprar pan y algo de leche que les vendían los amos, con ese alimento pasaba cada jornada hasta que pudiera cobrar el primer jornal al cabo de una semana.

El trabajo era agotador bajo el fuerte sol que caía en esa estación. Si tenía un percance o caía enfermo y no trabajada esos días, no los cobraba y resultó que a la tercera jornada de trabajo, al subirse a un manzano con una escalera resbaló, y se cayó de la misma, produciéndose un gran daño en un costado, casi no podía respirar del dolor. No pudiendo asistir al médico al no tener dinero para pagar la visita y expuesto a su vez a ser despedido, por lo que a duras penas y con ayuda de otro jornalero, se anudó un trozo de trapo que se encontró por allí y aguantó todo lo que pudo con tal de no dejar de trabajar, siendo inmenso el dolor que soportaba cada vez que tenia que cargar o subir a cualquier árbol.

Su primer jornal resultó de trescientas pesetas, de las cuales 250 se las envió a su mujer y él se quedó con cincuenta, y lo primero que hizo con ese dinero fue, comprar lápiz y una libreta para poder escribir, así como sobre y sellos y el resto para poder subsistir a base de pan y algo más que pudiera conseguir a bajo precio y mucha manzana por comer de la que disponía.

Bajo la luz de un candil, una vez que tuvo la libreta y el lápiz, se puso a escribir una carta a su mujer, no importándole lo cansado y dolorido que se encontraba.

Querida y amada esposa:
Espero que os encontréis bien al recibo de esta, yo bien a Dios gracias.
Hoy te acabo de mandar 250 pesetas, para que podáis ir tirando de momento, sabiendo que yo os seguiré enviando todo lo que pueda, yo me he quedado con 100 pesetas para mi comida y poder comprar algo de aseo.
El patrón nos trata muy bien y posiblemente tengamos trabajo para dos meses, tenemos una casa muy grande y limpia y una cama muy confortable que me ha proporcionado el jefe, todos están muy contentos conmigo y el trabajo no es muy cansado.
Por lo demás, echándote de menos querida mía, anhelo tanto tu ausencia y la de nuestro hijo, realmente es muy duro esto, el no estar con vosotros, el no compartir la cama contigo y sentirte abrazada a mí como hacíamos siempre mientras dormíamos.
Te quiero tanto amor, que daría mi vida por ti, pero este trabajo nos dará al menos un respiro de momento y tú te puedas permitir comer algo mejor al igual que nuestro hijo.
Del dinero que recibas, si es posible, das una parte para ir pagando lo que nos habían prestado para el viaje.
Cuando recibas esta carta, me contestas si ya has recibido el dinero, y me cuentas cosas de ti y de nuestro hijo, así cómo están mis padres y los tuyos.
Por lo demás, se despide este tu esposo y padre que os quiere y os ama con locura.
Y sin más que contar me despido hasta la tuya.

Lleva cerca de un mes trabajando en la fruta, el dolor de la caída aún continúa, las penurias y la fatiga por el trabajo le persiguen, apenas hay camaradería entre los jornaleros, cada uno va a lo suyo, el capataz les aprieta cada día con insultos y llamándoles vagos, pero tiene que aguantar hasta que la temporada acabe, ya queda menos y no sabe qué hará, con las pocas conversaciones que ha entablado con algunos de sus compañeros, le han comentado que la temporada de la vendimia en Francia está a punto de comenzar y se piensan marchar a la misma ya que los franchutes pagan muy bien y en una temporada se puede conseguir un buen dinero para volver a casa, pues les pagan en francos y con el cambio resulta muy rentable.

Aún no ha decidido comunicárselo a su mujer, como fue previsor se trajo el pasaporte que se hizo antes de venir, el problema es que sin contrato le resultará más difícil, tendría que entrar como turista y esperar a que alguien le contrate y siempre expuesto a que lo deporten del país, un compañero, al parecer tiene contrato y está dispuesto a hablar con el patrono y que lo contraten.
Con esos dos meses de fruta y la temporada de vendimia si tiene suerte, podrá salir adelante y pagar lo que debe en el pueblo y aguantar otra temporada hasta que empiece la de la aceituna, esos eran sus planes, pero no sabe cómo se lo tomará su esposa, el estar tanto tiempo alejada de ella, con el consiguiente inconveniente que su mujer se tiene que hacer cargo de todo en su ausencia.
Ha recibido dos cartas de su casa y él ha enviado otras tantas, así como semanalmente les envía el dinero que gana casi en la totalidad.
En la última carta recibida de su esposa, ella le dice que le echa mucho de menos, y que su hijo continuamente pregunta por su papá, que tiene ganas de que pasen estos dos meses y que vuelva pronto a casa. Que ya se las apañaran como puedan, pero él sabe que si vuelve y sin trabajo en el pueblo, la cosa no funcionara bien y que de momento la única salida es esta, aunque tenga que sufrir la separación forzosa de su familia, tiene muy presente que es el sostén de la familia y sólo él debe llevarla adelante, pese a la fatiga que le acarrea todo eso y las condiciones casi infrahumanas a la que se ve sometido, ya que hay mucha mano de obra en espera de ser contratado y no se puede permitir que lo dejen sin trabajar, por lo tanto tiene que aguantar todo esto.

Ha decidido que en cuanto termine esa jornada, le escribirá a su mujer y le contará lo que tiene pensado.


Querida esposa:

Te escribo estas cuatro letras en contestación a la tuya y esperando que al recibo de la misma, te encuentres bien en compañía de nuestro hijo, yo bien, a Dios gracias.
Por tu carta sé que has recibido el último giro que te he enviado y que ya le has pagado todo a quien nos dejó prestado el dinero y que el resto te está ayudando a continuar llevando la casa y los pagos que tienes que realizar.
Yo también os echo de menos y no sabes cuánto amor mío, los días son eternos sin vuestra presencia y solo vuestro recuerdo hace que esta ausencia la pueda soportar.
Por lo demás te digo, que el trabajo como siempre muy bien, el patrón está muy contento conmigo y me trata con mucho respeto, e incluso algún día que otro nos manda comida hecha por su mujer, así que fíjate lo bien tratado que estamos, he tenido suerte a pesar de todo al elegir esta finca y patrón.
Ya apenas queda trabajo y en poco tiempo habremos acabado, tengo dos alternativas, o regresar a casa con vosotros o irme a la vendimia a Francia con unos compañeros estupendos que me han hablado muy bien y que se gana mucho dinero, durando la temporada unos tres meses.
Así que espero tu contestación y juntos decidimos, pero quiero decirte que sería una solución muy buena, aunque estemos separados un tiempo más.
Atentamente se despide tu esposo que te quiere.
Un beso para ti y otro para nuestro hijo.

La temporada de fruta ha terminado, ha decidido marcharse a Francia. Se lo ha comunicado en la última carta, además al final ella ha comprendido que la situación no ha mejorado, que no hay otra cosa, que no tienen otra salida, que tendrán que seguir sacrificándose. Ella le ruega que se cuide y que le escriba tan pronto llegue.

Con dos compañeros que llevan contrato de trabajo, toman camino los tres hacia la frontera de Francia, el primer escoyo que debe salvar es el demostrar que va de turista, llevando el dinero que no ha mandado a su mujer para acreditar que tiene medios para subsistir.

Una vez pasado el control aduanero sin apenas dificultad, se encaminan a la zona de campiña donde espera que lo contraten.

Han tardado dos días en llegar, una vez en el lugar no ha tenido problemas para que le contrataran ya que va con estos dos compañeros, lo contratan sin papeles, el único problema, será que no podrá salir de la finca ni ir al pueblo ya que los gendarmes lo pueden localizar y expulsar inmediatamente sin cobrar ni tan siquiera las peonadas ya realizadas.

El trato con el patrón es muy bueno y sus condiciones son las mismas que los contratados, le quedaban dos puestos por ocupar, uno de cortador y otro de cargador, en la de cargador le pagan un franco más y por eso ha escogido ese puesto de trabajo.

No tendrá problemas con el dinero que tenga que enviar a su esposa ya lo tiene solucionado, el hijo del patrón, se encargará de hacerlos en su nombre. Las condiciones de la vivienda están muy bien e incluso la comida que les proporciona el patrón es muy digna, así que ha tenido mucha suerte.

Querida y amada esposa:

Te escribo estas cuatro letras esperando que a la llegada de esta mía, te encuentres bien en compañía de nuestro hijo, yo bien gracias Dios.
Estoy muy contento, todo me ha ido bien desde que he llegado a Francia, y ahora a trabajar mucho y ganar todo el dinero que pueda, ya que tenemos un extra según el trabajo y horas que haga, te seguiré enviando dinero y a esperar que pase el tiempo y pueda volver a casa con vosotros.
Os añoro, sobre todo a ti mujer, que te amo más que nada en este mundo y te echo tanto de menos que no veo pasar los días como yo quisiera y tenerte de nuevo entre mis brazos y hacerte el amor como tantas veces lo hemos hecho. A veces me quedo dormido soñando en los días que nos quedan que pasar, que todo esto terminará, volveremos a hacer planes juntos, reiremos y lloraremos al compás y te prometo que nunca volveremos a separarnos ni un minuto más, compañera de mi vida, mi amor hecho realidad.

La vendimia está a punto de acabar, posiblemente le queda una semana de trabajo, todo le ha ido muy bien, ha ganado un buen dinero que ha ido enviando a su mujer cada vez que ha cobrado, su patrón le ha prometido un extra cuando acabe la temporada y le ha dicho que el año que viene le mandará un contrato para que venga a trabajarle, ha trabajado muy duro y siempre ha estado dispuesto a lo que los patronos le han solicitado.

Ya tiene ganas de regresar, han sido cerca de siete meses lo que va a estar fuera de su casa, de su mujer, de su hijo y tiene ganas de abrazarlos.

Le ha encargado a un compañero que le compre algún souvenir de la France como recuerdo para llevar.

Mi querida y amada esposa:

Te escribo esta en contestación a la tuya que recibí ayer, esperando que al recibo de esta te encuentres bien, yo bien gracias a Dios.

Ya falta poco mi amor para mi regreso, quizás cuando recibas esta carta ya esté de viaje y llegue junto con ella, es muy larga la ausencia y tengo muchas ganas de ti, ¡cuántas noches te he soñado amor!, no ha habido un momento que no me acuerde de vosotros, la añoranza es lo peor en esta larga separación, no importa lo duro que ha sido el trabajo y la estancia fuera de casa, sino el estar alejado de vosotros.
Mi patrón está muy contento conmigo y posiblemente el año que viene podamos venir los dos con contratos y traernos también a nuestro hijo.
Por hoy me despido y el próximo contacto será estando juntos para siempre.
Un beso amada esposa y otro para nuestro querido hijo.
La temporada finalizó tres días antes de lo previsto, su patrón como le había prometido le pagó el extra y lo despidió con un abrazo, quedando en volver a verse en la próxima campaña.

El patrón se encargó de llevarlo a la estación del tren para su vuelta a España, en un par de días estaría de regreso en casa junto a sus seres queridos.

Su llegada a la ciudad fue ya fuera del horario del autobús que pasaba por su pueblo, por lo cual tendría que pasar la noche en la ciudad y coger el de la mañana siguiente, pero tuvo la suerte de que un camionero había llegado a recoger a un familiar y le propuso que se fuera con ellos.

Sobre las 01,00 de la mañana le dejó el camionero en la puerta de su casa, estando la puerta cerrada y sabiendo que por la parte de atrás podría entrar a ella, quiso darle una sorpresa a su mujer mientras estaba durmiendo.

Saltó una pared que daba al corral y desde allí podía acceder a su casa, una vez dentro, se dirigió a su alcoba sin hacer ruido, pero antes se pasó por la habitación de su hijo, el cuál dormía plácidamente y estaba destapado, no hacia frío, pero sí algo de fresco, lo beso y lo tapó con la sabana, seguidamente se fue directamente a su habitación donde estaba su querida y amada esposa.

¡Abrió la puerta con mucho cuidado y cual fue su sorpresa! su esposa no estaba sola en la cama, estaba acompañada por un hombre y juntos estaban abrazados y dormían, los observó y reconoció al hombre, uno de los solteros del pueblo y muy conocido por él.

En un momento estuvo a punto de explotar, pero se dio la media vuelta, cerró la puerta con cuidado, se fue a la cocina y en ella cayó derrotado, llorando desconsoladamente y totalmente vencido, no sabía qué hacer, a veces le daban ganas de entrar y acabar con los dos, en otra solo con él y en otra con ella, así fueron pasando las horas.

Con una tranquilidad pasmosa, ya cerca de las seis de la mañana, preparó café y rebanadas de pan frito para los tres, sabiendo que no tardarían mucho en levantarse, ya que pronto amanecería.

A las seis y cuarto de la mañana, ya tenía el desayuno en la mesa, no había tomado nada en toda la noche esperando que se levantaran.

La primera que apareció por la cocina fue su mujer, desnuda, la cual se sorprendió al verlo allí y pegó un grito descomunal, y al ruido apareció su acompañante en calzoncillos corriendo en la cocina preguntando que le pasaba, quedando al mismo tiempo parado y atónito.

El con una escopeta de dos cañones de caza, sólo les solicitó que se sentaran a la mesa y se pusieran a desayunar sin rechistar y que hablaran de lo que quisieran, como si él no estuviera allí, y lo hicieran cómo siempre lo habrían hecho desde que estaban juntos, pero tenían que comer y beber todo lo que les había preparado, mientras él estaba sentado y apuntándolos sin abrir la boca.

La pareja de amantes sudaban la gota gorda, ella le pedía perdón y que le perdonara, que no había podido resistir tanto tiempo el estar sola, desamparada, que las dudas la angustiaban, que siempre pensó que él nunca volvería. el amante, suplicaba que quería marcharse de la casa, que había sido ella la que se le había insinuado, él les dejaba hablar, se reprochaban de cómo había sido y el tiempo que llevaban juntos, llevando ambos más de tres meses viéndose cada noche.

A trancas y barrancas, con gimoteos y reproches se tomaron las rebanadas de pan frito y el café con leche.

Una vez finalizado el desayuno, les invitó a que no se movieran de donde estaban, salió a la calle y gritó fuertemente y pegando un tiro al aire, salieron los vecinos a la puerta pidiendo explicaciones de lo que pasaba y él los llevó a su casa, donde varios vecinos vieron la escena de la pareja de amantes desnudos y sentados en la cocina, les explicó cómo los había encontrados cuando él llegó.

Acto seguido les dijo a los vecinos que se marcharan de la casa, estos reticentes no se querían marchar por lo que pudiera pasar. Amenazándolos con la escopeta para que lo hicieran, algunos corrieron al cuartel de la Guardia civil para que se personaran en la casa y otros se quedaron expectantes en las afueras de la misma, esperando lo peor.

Él le pidió a su mujer el dinero que había en la casa, y esta se lo trajo, apenas 1.000 pesetas de lo que había ganado en esa temporada, luego les conminó a que se vistieran y que ella hiciera su maleta y juntos los hizo salir a los dos fuera de la casa, donde se habían congregado la mayoría de los vecinos donde fueron increpado por parte de ellos y delante de los vecinos les juró por sus muertos, que sí alguna vez los volvía a ver por el pueblo, acabaría con los dos.

Al momento llegó la Guardia Civil, estos le solicitaron el arma y él accedió sin ningún problema, les explicó lo que había pasado y estos comprendieron todo al instante.

Una vez estos se fueron, desayunó tranquilamente, despertó a su hijo, lo abrazó y se lo llevó a casa de sus padres, dejándolo al cuidado de ellos, junto con las 1.000 pesetas que le había dado su mujer y las 15.000 pesetas que traía él, una vez hecho esto, cogió su maleta y se fue del pueblo.

Se comenta que estuvo vagando de pueblo en pueblo durante más de un año, se echó a la bebida, vagabundeaba de aquí para allá, y fue detenido varias veces por la Ley de vago y maleantes.

Al cabo del tiempo, regresó a su pueblo, cogió a su hijo y se lo llevó a su casa, allí se encontró con los contratos de trabajo que le habían enviado desde Francia para su mujer y para él, para la temporada de vendimia ya pasada y los rompió.

Consiguió trabajo en el pueblo y continuaba estudiando para hacer oposiciones.

Un año más tarde, por fin hizo realidad su sueño y aprobó los exámenes.

Posteriormente junto con su hijo, se trasladó a la capital a desarrollar su trabajo, nunca más estuvo con ninguna mujer, de la suya y de su amante nunca más se supo, se comentaba que estaban viviendo juntos y lo estaban pasando muy mal.