LA PICONERA

LA PICONERA

martes, 16 de noviembre de 2010

SI..SOY CULPABLE


Hoy tengo que confesar algo que me atormenta hace una semana exactamente y de esta forma no puedo continuar viviendo, lo llevo guardado desde ese maldito día, sintiendo una culpabilidad tan grande, que es como si tuviera un aguijón en el corazón y me estuviera matando por dentro lentamente.
Todo comenzó después de haber tomado unas copas con esa familia (perdón que no haga constar la familia, ella no tiene culpa de nada) ellos me aconsejaron que no tomara el coche esa noche, no estaba en condiciones de conducir, además unido a las inclemencias del tiempo, con una fina lluvia que caía constantemente y una niebla pertinaz que apenas dejaba ver la carretera, no era aconsejable que saliera de viaje.

Pero obcecado en que a la mañana siguiente tenía una reunión importante para el negocio que regento y mi confianza ciega en mis dotes como conductor, hicieron que desoyera las advertencias de mis amistades y tomé rumbo a la ciudad que distaba a pocos kilómetros.
En el momento que me puse en marcha, comprendí que el viaje de vuelta sería un infierno, ya que los reflejos no eran los óptimos y la visibilidad mínima, pero mi orgullo maldito no me hizo recapacitar y posponer el viaje.

  Apenas llevaba diez minutos de marcha, la niebla no me dejaba ver con claridad el asfalto, solo me guiaba por las rayas que delimitaban la calzada, cuando de pronto algo se cruzó delante del vehículo impactando con la parte delantera de este, sentí un golpe terrible, y mi auto pasó por encima de lo que fuera que se hubiera cruzado ante él.

Mi primera reacción, fue mirar por el retrovisor pero a causa de la mala visibilidad no observé nada, por lo que detuve el auto y al bajar de este, vi el cuerpo tumbado en el asfalto, mi mente se percató que no había señales de nadie más en la carretera, tuve un momento de duda de lo que hacer, si continuar viaje o tratar de ver lo que había atropellado, tomé la decisión más cobarde, me introduje de nuevo en el vehículo y salí huyendo del lugar.
No había recorrido ni un kilómetro y mi conciencia no me dejaba tranquilo, por lo que decidí dar media vuelta y volver al lugar de los hechos.
Una vez en el lugar, observé gran cantidad de sangre y un cuerpo inerte en la calzada, una vez comprobado que no tenía vida, decidí coger una manta que siempre llevo en el maletero, la extendí en el suelo y coloqué el cuerpo en ella, seguidamente lo introduje en el coche. Con la lluvia que caía incesante traté de borrar cualquier huella que pudiera delatar ese trágico accidente.

 Me sentía desfallecer, mi corazón estaba desbocado, un gran dolor me acompañaba, las lágrimas brotaron sin consuelo, estaba derrotado, quería morirme, no sabía que hacer, tenía su mirada clavada en la mía, gritaba en silencio y me maldecía por no haberme quedado en casa de esos amigos.

Sabia que tenía que dar parte del hecho a la autoridad, pero tuve miedo de las consecuencias y cobardemente renuncie y traté de ocultar el hecho, así que seguidamente, puse el vehículo en marcha dirigiéndome a mi casa, una vez allí, cogí un pico y una pala y en el jardín que tengo en la parte trasera de la vivienda, hice un hoyo bien profundo e introduje el cuerpo, no sin antes de hacerle una foto al cadáver y mirar si llevaba algo que delatara su procedencia o identidad.

Con gran esmero disimulé cualquier rastro que pudiera haber dejado, oré una plegaria por él y allí lo dejé con gran dolor.

A la mañana siguiente sin apenas dormir, me duché y me fui a la reunión que tenía, mi mente no olvidaba lo que había ocurrido y lo que yo había hecho, estaba como ausente, mis compañeros y mi socio de la clínica veterinaria se miraban extrañados, ya que el tema de que se trataba la reunión que tanto había esperado y que me apasionaba, apenas atendiera a las explicaciones que me estaban dando.

  Por lo que sin poder aguantar más, dejé la reunión, pidiendo que me perdonaran y regresé de nuevo a casa, desenterré el cadáver y lo examine más detenidamente, por si se me hubiera escapado algún detalle que pudiera llegar a identificarlo, solo encontré una plaquita con el nombre de “Pascal”.

  Hoy quiero confesar mi crimen, me declaro culpable de este horrendo hecho y no descansaré hasta dar con sus dueños, Pascal desgraciadamente se habría escapado de su refugio para ir en busca de alguna dama que estuviera en celos.

Te pido perdón a ti, un gato llamado “Pascal”.