LA PICONERA

LA PICONERA

sábado, 27 de noviembre de 2010

MI VIDA

Nació entre marañas de hierbajos y malas hierbas, cuando en brazos de su madre su cabeza asomaba entre las toallas que la abrigaba, me dije para mí, que eras una rosa en flor.

Presentí que esa niña sería la más bonita y así fue como pasó.

Su entorno malo se iba alejando, para dejar paso a lo más hermoso que he observado.
Crecieron sus hojas, el capullo surgió y este poco a poco se abrió, para dejar paso a lo más sublime de la creación.
En todo aquello que su vista posaba, cautivaba por su resplandor y era la más envidiada de su alrededor.
 
Así mi vida te conocí, te vi crecer y, cuando tu dabas tus primeros pasos, cerca estaban mis brazos por si tú caías evitarlo yo.

Rápidamente crecías, de mi pandilla te hice yo, correteabas conmigo y vivíamos mil historias ficticias de amor, tú eras mi princesa, capitán protector tuyo lo era yo.

El periodo de colegio pasaba, te habías convertido en la mujer que amaba, y todo el barrio también sabia, que para ti lo era yo.

El servicio militar me llamó y lejos de ti me alejaron, un gran dolor me afligía porque tus ojos en un tiempo no vería.

No pasaba un día que no te escribiera cartas de amor y de la misma manera las recibía, este, tu servidor.

Todo pasa y el final de la mili llegó, con gran regocijo con la blanca regresé, esperando estaba en el anden, desde lejos la divisé, estaba más hermosa que cuando de mi la separaron.

No pasó mucho tiempo de mi regreso, y al altar la llevé, convirtiéndola en mi mujer.

Se nos hizo interminable la ceremonia, banquetes y enhorabuenas, y demás parafernalia que impertérrito sufrimos los dos, ella con sus ojos me hablaba, deseaba estar a solas y entregarme lo que con tanto esmero desde pequeña me guardaba, su marido sería su jardinero y quien con amor su rosal podara.

En brazos la entré en lo que seria nuestro hogar, entre besos y risas la fui desnudando, primero el velo, después vendría lo demás y una vez desnuda, mis ojos se abrieron como platos de la maravilla que estaba contemplando.

Su anatomía era la viva creación de la maravilla que jamás humano imaginó, todo era perfecto, hasta el jergón, comprado con cuatro pesetas que me costó.

En una tupida maraña de vellos, allí estaba lo que guardaba con tanto primor, me hablaba con su mirada, tómalo, para ti lo guarde yo.

Mis dedos acariciaron su tesoro más preciado, era suave al tacto, sus vellos en mis dedos se enrollaron, siendo mis labios los que allí se posaron, entre besos tiernos se fue abriendo y sus pétalos me mostraron, cual rosa húmeda en un rocío mañanero, mis labios se llenaron y su sed calmaron, bebiendo con fruición de aquel manantial que no paraba de manar.

Me pedía entrar con mucho amor, y así lo traté, se abría poco a poco a mi empuje delicado, mientras la miraba, su camino se lubricaba y su entrada me facilitaba.

Una vez dentro, su altar era mi refugio, su estambre, pistilo y corola, fueron polinizados y no habría un día en todos estos años, que dentro de ella no me estuviese refugiando, ella le pedía a su jardinero que cuidara del jardín con esmero, que tendría mucho trabajo si quería que esa flor no se marchitara.

Recostado sobre ella, rememoro su nacimiento, los días, meses y años que juntos hemos pasados, entre más la miro, más la abrazo y le digo bajito en su oído enterrando mis labios entre sus cabellos.

 

TE QUIERO ROSA MIA.