LA PICONERA

LA PICONERA

miércoles, 17 de noviembre de 2010

GENIO Y FIGURA

Como buen Virgo, soy un hombre metódico y de costumbres.

Es decir, que si diariamente tengo algo que hacer, lo hago en casa como mandan los cánones, además no me gusta salir de mis hábitos, como normalmente se dice “¡como en casa, en ningún sitio!” me estoy refiriendo por si no se percatan a las deposiciones. Que por costumbre hago cada día al levantarme, sea la hora que sea, y después de haberme tomado mi consabido café.

Al menos para mí, no hay un placer más intenso que fumarme un cigarrillo sentado en mi taza contemplando cualquier cosa, leyendo algo que me llevo para pasar el rato y si se me olvida siempre me queda la composición del champú.
Pero hete aquí, que hace pocos días con las prisas para no llegar tarde a una cita, "con una mujer por supuesto" tomé mi café y salí corriendo ¡se puede hundir el mundo, pero yo sin mi café no salgo de casa! y no me dirigí como es habitual a mi santuario mañanero.
¡Así que cogí las de Villadiego. (Tengo que mirar porqué lo de Villadiego y donde está).

Llegué a la cita puntual, (a una dama nunca se le debe hacer esperar, es de mal efecto), allí nos encontramos, que por supuesto llegó cinco minutos tardes (es ley de vida de ellas ) a la cafetería que está de moda en la capi en caso de ligue, las apariencias cuentan, pedimos unos cafés, yo solo y ella cortado descafeinado con sacarina, que ellas son muy finas siempre en las primeras citas, para demostrar que son sanas y que se cuidan, aunque a mi cita le sobraban algunos kilillos, pero ese es otro tema y yo no miro esas cosas cuando trato de ligar.
Charla que te charla, mi encanto sale a relucir a raudales por supuesto, le noto que está muy animada, ¿Cuándo se habrá visto con un hombre como yo? que la mire a los ojos, que de vez en cuando con gran naturalidad le meta el pelo por detrás de las orejas, que le diga que ojos más profundos, intensos y más tristes a la vez, pero con mucho que decir y me lo dicen todo, jajajaj se ruboriza.

La miro y la escucho sin oír lo que me dice, yo la observo como una nueva presa de unos días nada más, de pronto mi estomago empieza a producirme un cosquilleo y a retorcerse con las tripas dando por saco y de vez en cuando algún sonido gutural saliendo del mismo.

El café me esta haciendo efecto, no estoy acostumbrado a esos aguachí ris que te ponen por ahí.

Ya no estoy pendiente de ella, sino más bien a que me estoy inquietando en el asiento, me están dando escalofríos, sudor e incluso mareo, al final decido decirle la verdad, que me ha sentado mal el café y que es necesario que vaya al aseo antes que me lo haga encima.

Mi nueva amiga lo entiende y lo comprende, ella se confiesa para tener mas intimidad entre los dos, que es muy estreñida y le cuesta, ante tanta sinceridad sé que no se me escapará por hoy, mañana ya se verá.

Así que raudamente me dirigí al WC de la cafetería, sin darme casi tiempo a bajarme los pantalones, ya que el cinturón se me había enganchado y los retortijones me tenían acojonado, ya que como haga un mal movimiento mis pantalones guapos para el ligue, serán pasto de la descomposición del café, me siento en la taza y fue una explosión de alivio (diarrea).

Con mis pantalones guapos caídos estos por los tobillos, el cigarro que me he encendido después del alivio, me veo allí, en un lugar extraño para mí en esos menesteres, sin nada que leer, todo impoluto como corresponde a un lugar de esa categoría.

Ahora, con mis cincuenta y poco años a cuestas, ligando como los últimos años, sentado ahí, me acuerdo de esos tiempos de los Waters públicos donde cada uno ponía una frase en la puerta, para escarnio de quien se viera reflejado en ella, o simplemente para hacer constar que este o aquel habían pasado por allí.

Frases como: “te quiero vero”, “por aquí pasé yo”, “aquí senté mi real trasero”, “si quieres conocerme, llámame” y el conocido dicho "en este mundo de mierda, de cagar nadie se escapa: caga el rico, caga el rey, caga el obispo y el Papa y alguna que otra poesía escatológica.

¡Como pasa el tiempo! ya no es lo de antes, todo cambia y yo aún ligando, aunque esto ya no se llama ligar, atrás quedaron esos días que había que poner toda la carne en el asador para llevártela a la cama, ahora ya no sé si el que liga soy yo, o me ligan a mí, o simplemente me quieren llevar a la cama y como buen español, me creo el ligón... ¡el no va más!

Salgo de mi cubil y allí me la encuentro, esperándome ansiosa, estará pensando... ahora le meteré una buena ducha en mi casa y lo haré mío, yo me dejaré hacer por supuesto, le daremos el gusto, y la dejaremos que piense que me ha ligado, yo sigo siendo “Fibo” y no hay que dejar nada a un lado, ya vendrán tiempos peores.