LA PICONERA

LA PICONERA

domingo, 17 de octubre de 2010

UNA VIDA SIN VALOR

¿Cómo he llegado a esta situación? ¡Aquí estoy, a punto de derrumbarme! No veo otra salida, ni tampoco ganas de seguir viviendo, tan solo se trata de dar un paso adelante y dejarme caer al vacío y todo acabará para siempre y por primera vez, seré yo quien decida por mí.

Todo se remonta a mi adolescencia de cuando tenía catorce años, mis padres separados y un padrastro autoritario, quién con la complacencia de mi madre o de su silencio, autorizaba a que él dictara lo que sería mi vida y guiara la misma sin respetar ni tan siquiera mi opinión.

Mi madre no sé si amaba a ese hombre, lo que sí sé, es que tenía miedo a perder el estatus social y la tranquilidad económica que había logrado al casarse, por lo tanto, todo lo que ese hombre hiciera para guiarme la vida lo consentía, a pesar de las veces que llorando le supliqué que intercediera por mí y dejara que yo decidiera algunas cosas sobre lo que quería.

Mi padre biológico desapareció de mi vida por completo, no quiso saber más de mí, en unas de las últimas discusiones que mantuvo con mi madre, creo que oí que le decía que yo no era su hijo, algo que ella negaba y que con el paso del tiempo acertó, ya que posteriormente siendo ya mayor comprobé que efectivamente no era su hijo.

La relación de mi madre con su marido, se fue degradando paulatinamente, le dió por la bebida y no le importaba nada de lo que ocurría a su alrededor.

Un día mi padrastro estando borracho me llevó al sótano y allí me violó, por una única vez, amenazándome de que ingresaría a mi madre en un centro para enfermos mentales si la informaba de lo que había ocurrido.

La degradación de mi madre era cada vez mayor y la convivencia en la casa era insoportable, mi padre adoptivo decidió que lo mejor para mí era que ingresara en una institución privada para seguir los estudios, a lo que yo me negaba y él con saña me reprendía, volvía a amenazarme con lo que le podría ocurrir a mi madre si yo me negaba.

Por lo que pasé dos años en una academia sin poder ver a mi madre en todo ese tiempo que estuve en ella, ya que cuando llegaba la época de las vacaciones las enlazaba en campamentos juveniles, decía que era para que me curtiera para la vida.

Con diecisiete años volví a la casa, mi madre era totalmente una piltrafa de mujer, apenas me reconoció y mi padre adoptivo se jactaba de que nos aguantaba y mantenía tan solo por lástima y por que su credo le impedía divorciarse.

A la mañana siguiente de mí llegada a la casa, me dijo que me incorporara a la fábrica de la que era propietario, que me presentara allí que iba a saber lo que era realizar un trabajo.

Una vez allí me presentó al capataz de la misma, un hombre mal encarado y con fama de duro entre los obreros y delante de mí, le dijo que me tratara como a cualquier aprendiz que hubiera habido y que cualquier trabajador que tuviera trato de favor hacia mí, fuera sancionado inmediatamente.

A mí me proporcionó una triste habitación dentro de la fábrica para que hiciera también el trabajo de vigilante, permaneciendo allí después de acabar mi jornada de trabajo.

Mi jornada comenzaba a las seis de la mañana, ¡limpieza de letrinas y zonas comunes de los trabajadores! Así como estar al tanto de cualquier solicitud de los mismos.

Mi padrastro me proporcionaba la comida diaria, cada tres días me traía algo de ropa para que me cambiara, de mi madre no sabía nada, ya que cada vez que le preguntaba, su respuesta era la misma, que estaba bien y que si quería que siguiera así, tendría que permanecer callado y sin preguntas.

A veces pensaba escapar con mi madre e irnos los dos muy lejos de allí, pero era cobarde y débil y aceptaba todo por miedo a mas represalias, no me importaba nada el trato que me daba, ya que interiormente creía que me lo merecía, por ser como era.

Con dieciocho años recién cumplidos y un año trabajando con mi padrastro, falleció mi madre.

Apenas había tenido contacto con ella desde los quince años, pero no fué óbice para que mi dolor fuera muy grande y una gran zozobra me llenara, pues no tenía más familia que ella y la soledad me inundó por completo.

Mi padre adoptivo pasada una semana del sepelio, me echó del trabajo y acompañado por unos policías me acusó de haber robado en el interior de la casa y dentro de la taquilla donde tenía unos pocos efectos personales, encontraron joyas perteneciente a su familia, fui denunciado, detenido y acusado de robo. Me condenaron a seis meses de cárcel, de nada valió mi declaración de inocencia y las torturas que había cometido contra mi, mi propio padre adoptivo.

Así que con apenas dieciocho años recién cumplidos, entré en un penal a cumplir la condena impuesta, allí fuí juguete de unos y de otros, debido a mi juventud y a mi escuálido físico.

Tuve varios intentos de suicido, ya que no podía soportar la dureza de la prisión, pasé varios exámenes psicológicos, algo que llevaría cómo un sambenito en mi haber.

El tiempo pasó y al cumplir cinco de los seis meses de condena, fui puesto en libertad, me vi libre, sin dinero y sin un lugar donde dirigirme.

Fueron semanas de pasarlo mal, dormía donde podía y comía lo que me daban mendigando por la ciudad, así como cogiendo los productos de las tiendas depositados en los contenedores ya caducados o estropeados.

Así fueron pasando las semanas y los meses, hasta que un día, un cura de una iglesia se interesó por mí y me encontró trabajo de peón de albañil en una obra cercana a su iglesia.

Con mi primer sueldo al cabo de una semana, pude coger una triste habitación en una pensión, al menos tenía un lugar para recogerme, el invierno se acercaba y era muy duro en la ciudad donde me encontraba.

De esta manera pasé cerca de un año, mi vida había cambiado muchísimo, no dependía de nadie y me sentía satisfecho por primera vez en la vida, se podría decir que era feliz.

Un día conocí a una pareja de amigos, nos hicimos inseparables, a cabo de un tiempo me invitaron a irme a vivir con ellos, y compartir los gastos del pequeño apartamento que tenían alquilado.

Yo seguía trabajando en la obra, aprendía todo lo relacionado con el oficio y aspiraba a ser algún día maestro de obras.

Ahorraba cada céntimo que podía, mientras mis amigos que eran pareja, trabajaban de repartidores y los sábados Salíamos a divertirnos, estos se habían convertido en mi familia. Pero un día cuando estaba a punto de acabar la obra, volví a casa y me la encontré vacía, me extrañó, ya que siempre que regresaba, estaban los dos en ella, pasaron varias horas sin tener noticias de ellos, ya estaba preocupado y entré en su habitación, cosa que nunca había hecho y cual no fué mi sorpresa que se habían llevado todas sus pertenencias, corrí rápidamente a mi escondite donde guardaba el dinero ahorrado y no estaba, solo una nota que decía "Lo sentimos, pero lo necesitamos” 2.500 euros me habían robado, todo el dinero que había ahorrado en todo ese tiempo.

Solo me quedaban cincuenta euros en el bolsillo y nada de comida en el frigorífico. Y lo peor de todo estaba por llegar, una vez acabado el mes, se personó el propietario pretendiendo cobrar la mensualidad y los atrasos que se le adeudaban, que resultó ser que se le debían cinco meses de alquiler que no se le había abonado, cuando yo había hecho entrega de mi parte a mis amigos, así que el propietario ni corto ni perezoso me echó en ese instante del apartamento, me vi en la calle en pleno invierno, sin dinero ni un lugar donde pernoctar.

En dos bolsas de plástico todas mis pertenencias, cincuenta euros y veinte años a cuestas, así como nadie que me esperase, me fui directamente a la pensión de donde había salido anteriormente antes de conocer a los amigos que me traicionaron.

Hablé con la posadera y le explique mi situación, accedió a hospedarme a condición que le diera veinticinco euros de fianza, así lo hice y con el resto tenía que tener lo suficiente para vivir el resto de la semana hasta que cobrara en mi trabajo.

Fue una semana bien cruda, la mitad de los días solo comía algo de pan que me compraba y algún café con leche que algún compañero me invitaba, ellos desconocían mi situación, ya que no les hablaba de ello.

Así hasta que cobré y pude salir adelante por un tiempo, que fué bastante poco, ya que la obra finalizó dos meses después y con lo poco que había podido ahorrar y hasta que cobrara el paro, tenía para poco menos de dos meses más.

Y con la esperanza que pronto comience otra obra ¡el capataz me había prometido que me contrataría! todos los días salía en busca de trabajo, y trapicheando por aquí y por allá iba saliendo adelante.

Algunas tardes me dejaba caer por un parque que había alrededor de la pensión para pasar las horas, me aburría bastante en la habitación, demasiadas horas en soledad, a veces solo acompañado por un pequeño transistor.

Allí observaba a jóvenes de mi edad que reían, a chicas y chicos que se abrazaban y besaban, a padres de familias jugando con sus hijos y de vez en cuando se me saltaban las lágrimas al recordar a mis padres antes de su separación, que feliz era por aquel entonces, a transcurrido cerca de seis años y parece que hace un siglo, me siento viejo con tan solo veinte años.

Cuanto deseo tener una familia, un sitio donde vivir, reír, jugar, llorar, padecer, lo que sea, pero en unión de una familia que me quiera y me proteja y no sentir esta soledad que me está matando, dentro de un momento me retirare a mi habitación a esperar que llegue el siguiente día, y tratar de conseguir algo de trabajo.

Apenas tengo ropa decente que ponerme, parezco un vagabundo, mañana iré a comprarme en el mercadillo algo de ropa barata, como un pantalón vaquero y algún jersey. No dispongo de mucho dinero, ¡pero si tengo que ir por las noches al curso gratuito al que me he apuntado en el ayuntamiento de ingles e informática, por lo menos tendré que ir decentemente!

Tengo que darme ánimos, no siempre todo me irá tan mal como hasta ahora, algún día todo irá mejor y quien sabe, a lo mejor hasta tengo una novia como todos los chicos y la podré besar.

¿Que se sentirá al besar a una chica? ¡Me gustaría tanto tener una novia y pasear con ella de la mano! Espero algún día tenerla, aunque con mi físico seguro que no tendré esa suerte, soy pequeño de estatura, flacucho y no muy agraciado, lo tengo todo.

Me han hablado del ejercito y que me aliste, que se gana un buen dinero y al menos por unos años tendré donde cobijarme y hasta hacerme un hombre de provecho como me comentaba mi capataz.

Pero no se si con mi estatura y delgadez me admitirán y al mismo tiempo tengo miedo de que me lleven a algún país de esos en guerra, no es que sea cobarde, pero con la mala suerte que tengo para todo, seguro que no saldría bien librado de ella.

Un día de estos, iré al centro de reclutamiento y haber que pasa, quien sabe, a lo mejor es la solución que esperaba para salir de este pozo en el que me encuentro e incluso estaré hasta guapo con el uniforme.

De momento dejaré de soñar y continuaré con la búsqueda de un trabajo.

Hoy me he presentado en la caja de reclutamiento del ejército, me han dado las bases de la convocatoria y he tenido que rellenar varios formularios, no es difícil el programa de acceso, el único problema es mi complexión, aunque estoy fuerte no tengo una buena estructura ¡vamos que sí lo paso será de milagro! Estoy dentro de las medidas mínimas que piden, pero bueno, al menos lo intentaré y dentro de un mes que se hagan las pruebas ya se verá, ya solo me queda comprar el temario y por las noches a estudiar todo lo que me pide, que excepto el tema de La Constitución que nunca lo he dado, no me resultará muy complicado y procuraré hacer además algo de ejercicio para cuando tenga que realizar las pruebas.

Los días pasan rápidos, parece que la cosa me va mucho mejor ahora, tengo trabajo, aunque no gano mucho, me vale para seguir adelante, y los estudios de inglés e informática me gustan.

Lo que sí tengo que agradecerle al mi padrastro, es que me enseñara que cada cosa que se aprende diariamente son acumulaciones de experiencia que te van a ayudar en el futuro.

También he aprendido y no se me olvidará jamás es a no guardar el dinero en casa, que me tengo que abrir una cartilla en el banco e ir ingresando los pequeños ahorros en ella y no fiarme de nadie.

Ya plancho mi ropa y asimismo la coso, cocino un poco en un pequeño hornillo que me he comprado y sin que la dueña de la pensión se entere me hago alguna cosilla fácil de un libro de recetas que me he comprado, quiero comer mejor y más sano, ya estoy harto de bocadillos y bollería industrial.

Hoy es nochebuena, saldré a comprar algo especial, algo para beber, compraré unas gambas, dulces de Navidad y me las comeré en la habitación, me acostaré bien temprano y así no sentiré nostalgia de nada al oír la algarabía de la calle y de las casas colindantes, en la pensión excepto los dueños y yo, no queda nadie, mañana que es fiesta me levantaré y me iré a dar una vuelta por la ciudad y si están abiertos los cines me meteré en uno de ellos y pasaré estos días como mejor pueda, hecho de menos a mi madre, hecho de menos una familia, no me gustan estas fiestas, me hacen recordar mi niñez.

Año Nuevo, vida nueva, hoy me han comunicado que he aprobado las oposición para ingresar al ejercito, he trabajado duro, el esfuerzo ha merecido la pena, en dos semanas tengo que incorporarme, pero antes de ir al destino que elegí, debo pasar un periodo de entrenamiento. Tengo que comprarme una maleta y algunos efectos personales que me harán falta.

El periodo de entrenamiento ha sido muy duro, pero gracias a los compañeros que tengo en mi camareta que me han ayudado bastante. Lo he pasado bien e incluso los fines de semana que no teníamos guardia, lo hemos aprovechado para divertirnos, algo que yo jamás había hecho de esa manera, soy muy feliz y de momento estoy contento con la elección que he tomado.

Mi destino definitivo es en un radar en lo alto de una montaña con ocho compañeros, Nos distribuimos las guardias y gracias a mis pocos conocimientos de informática y esas tantas de ingles, me han asignado un puesto en el control de mando y estoy realizando un curso intensivo de esas materias.

Mis compañeros la mayoría tienen vehiculo y se marchan a ver sus familias cuando no tienen guardia, yo me quedo y me he vuelto un enamorado de la lectura y además dispongo de una televisión en una habitación que me han asignado, la verdad es que me gusta esta soledad de la montaña, permitiéndome de vez en cuando hacer algún recorrido por ella.

Al parecer según los mandos, es muy difícil que nos trasladen a ningún lugar fuera de España, quieren soldados capacitados y experimentados en el puesto que desempeño y al estar tan y apetecible por los soldados, por lo que seguramente me pasaré los cinco años aquí.

Me servirá para estudiar y ahorrar algo para el día en el que finalice mi estancia en el ejército, y a lo mejor puedo hasta comprar un coche, porque el carnet de conducir me lo puedo sacar gratis aquí.

Ayer con dos de mis compañeros que estábamos libres de servicio, me llevaron a una casa de cita, ellos sabían que nunca había estado con una mujer y me convencieron para ir.

La experiencia no me resultó muy agradable, esperaba algo más, me costo cincuenta euros la chica y treinta los cubatas, ella era de mediana edad, me gustó desde el principio y subí con ella a la habitación, yo estaba muy nervioso, era la primera vez que veía desnuda a una mujer, me resultó todo muy frío, ella masticando chicle, me dijo que me desnudara, me cogíó el pene y lo lavó, seguidamente me dijo que me pusiera el condón y se tumbó en la cama boca arriba, yo quería besarla y pero ella no me dejó, dijo que eso no entraba en el precio, me subí encima y ella la introdujo, mientras seguía masticando chicle como si yo no estuviera allí, teniendo sus pechos en mis manos me fuí enseguida, ella me preguntó si había acabado, le dije que sí, se levantó, se lavo y me dijo que nos fuéramos para abajo, mis compañeros me felicitaron, y nos fuimos del local, esa fue mi primera y última vez que estuve con una de estas chicas.

Los años pasaban.

Después de cinco años de servicio activo, me he licenciado con el grado de Cabo 1º, la despedida fue muy emotiva, he pasado los mejores años de mi vida con ellos, hicieron una cena y me regalaron una placa con el nombre de todos los compañeros que han pasado por la base, se me saltaron las lágrimas cuando todos los camaradas que pudieron asistir al acto me abrazaron, después de muchos años, es la primera vez que me regalan algo.

Estoy a punto de cumplir los veintiséis años y mi prioridad es alquilarme un piso pequeño que sea barato y encontrar trabajo, gracias al servicio militar he perfeccionado mi inglés y la informática, quisiera trabajar en este ramo, sé que será difícil pero no imposible, he madurado lo suficiente y sé lo que quiero.

¡Aquí estoy! En mi casa, puedo decir que es mía, no es gran cosa apenas tengo muebles, sólo una cama pequeña que me he comprado y una mesa con dos sillas que recogí de un contenedor que no estaban mal, así como los utensilios que he comprado en los chinos que me ha salido barato, poco a poco lo iré arreglando mejor.

Llevo cinco días en la cama con vómitos y fiebre apenas me puedo mover, he cogido una gripe descomunal y lo peor es que apenas llevaba una semana trabajando y no sé lo que pensaran en el trabajo de mí, les he dicho que no quiero que me paguen nada mientras este de baja, lo estoy pasando mal, pues no me puedo mover ni para ir al cuarto de baño. No quiero pedir más ayuda al cura que me ha ayudado a conseguir el piso, (al no tener nómina, no me lo alquilaban), no quiero molestarle más, ya en su tiempo me ayudó a encontrar trabajo y ahora el piso, le tengo que estar agradecido y no le quiero importunar más.

Llevo dos años trabajando en la empresa, y con algunas chapuzas que hago fuera de horario, estoy ahorrando bastante dinero y mi pequeño piso lo tengo amueblado. No tengo grandes vicios además del cine, no bebo, no fumo, en definitiva, salgo poco.

Hoy mi jefe que se jubila dentro de poco, me ha ofrecido que me quede con su empresa a cambio de una cuota mensual y un pequeño traspaso, le contestado que sí el banco me concede el dinero, me quedo con él, con mis ganas de trabajar saldría adelante sin problemas y podría tener mi propio negocio.

Todo me va de maravillas aunque estoy entrampado hasta las cejas, pero sigo adelante, tengo mi piso y un pequeño coche, lo único que me falta es conocer a una mujer, casarme y tener hijos, desde que estuve con la mujer de la casa de citas no he vuelto a estar con ninguna.

Ayer vino una chica joven a que le solucionara un pequeño problema en su ordenador, nada más verla, me puse muy nervioso, ella me miraba descarada y yo no podía levantar la vista, me daba vergüenza, ella ni corta ni perezosa me dijo que era vecina y que llevaba bastante tiempo observándome y que el traer su ordenador había sido solo una excusa para hablar conmigo, que yo le gustaba y que se había informado de mí, sabia que no tenía pareja y quería salir conmigo, me quedé cortado, no sabía que responderle.

Ella me preguntó si quería salir con ella a cenar o a tomar una copa, yo nervioso le dije que sí, todo me temblaba, cogió su ordenador que no le pasaba nada, quedamos o mejor dicho, quedó ella a las 8.30 para ir a cenar y que la recogiera en la puerta de su casa.

Cerré antes de tiempo la tienda, subí a mi casa, me duché y elegí la mejor ropa que tenía en esos momentos, me perfumé y mirándome al espejo no me encontraba atractivo para que una chica guapa y con veinte años poco más o menos se fijara en mí, yo lo achacaba a que tenía buena opinión de la gente de la calle y que era un hombre responsable, por lo cuál me dije ... ¿y porqué no le voy a gustar a una mujer?

Media hora antes de la cita estaba en la puerta de su domicilio con mi coche y sin saber donde la iba a llevar, seguro que ella lo sabría, la veo muy desenvuelta.

Diez minutos antes de la hora, la vi salir de su casa, estaba guapísima, con una minifalda que quitaba los sentidos, su cabello rubio llevándolo por encima de sus hombros y una camisa ajustada a su talle, donde predominaba unos pechos no muy grandes, pero si muy hermosos, los cuales traslucían a través de la camisa, no necesitaba sujetador, empecé a sudar nada más verla, se acercó y con una sonrisa franca me besó, se montó en el coche y la falda se le subió un poco, dejando entrever las hermosas piernas que poseía, ella me miraba y sonreía al ver la cortedad de mi mirada, me dijo que la llevara a un restaurante que conocía.

La velada fue magnifica, ella no paraba de hablar y de preguntar cosas de mi vida, algunas le conté, no todas, por primera vez en mi vida estaba solo con una chica frente a frente, después nos fuimos a tomar unas copas, ella se extrañaba que no bebiera alcohol, después de media noche la llevé de regreso a su casa y cuando la despedía, ella me beso en los labios y me dijo ¡hasta mañana!.

Cuando llegué a casa, no paraba de acordarme de la cita, me había enamorado en un solo encuentro, estaba deseando que llegara el día de mañana para encontrarme de nuevo con ella.

Si en mi primera cita estaba nervioso, no cuento cómo estaba en la segunda, los nervios me comían por dentro, quería verla lo antes posible y al mismo tiempo me daba miedo ese encuentro, pero ella con ese desparpajo que le caracterizaba todo lo hacía muy normal, enseguida me beso al llegar a mi altura, se metió en el coche y sin darme ninguna explicación, me dijo ¡quiero que me lleves a tu casa! llamaremos a un chino y que nos traigan la cena, ¿te parece bien?, me preguntó.

No supe que responder, puse el motor en marcha y cogí dirección a mi casa que no se hallaba muy lejos de allí, una vez en ella, recorrió la casa de arriba abajo y yo detrás como un pasmarote, dijo que le gustaba como la tenía de ordenada, cogió el teléfono, marcó y llamó a los chinos, pidió un menú y se sentó en el sofá, me invitó a sentarme con ella a su lado, me cogió la barbilla y me besó muy suavemente en los labios, los míos temblaban, se dio cuenta de mi nerviosismo y sin cortarse un pelo me dijo que se notaba que no tenía mucha experiencia con mujeres, yo asentía a lo que decía, me volvió a besar, yo no sabía qué hacer, apreté fuertemente los labios contra los suyos, ella se separó de mí y me dijo ¡Tú déjame hacer a mí, yo te enseñaré a besar! Volvió a besarme y me entreabría los labios con su lengua y jugaba con la mía, una de mis manos se fue instintivamente a uno de sus pechos, me retiró la mano y me dijo que primero tenía que aprender a besar, que no fuera tan ligero, que habría tiempo para todo, continuamos besándonos, yo estaba excitadísimo y le iba cogiendo el gusto a los besos, de pronto sonó el timbre, pegué un respingo ya que me asusté, era el repartidor de comida china, le pagué y le di una propina.

Yo quería seguir besándola y tocándola, pero ella muy tranquila dijo de preparar la mesa y comer antes que se enfriara, era una mujer nerviosa, enseguida preparó todo, como si conociera la casa, se movía como pez en el agua por ella.

Su conversación era muy amena, dicharachera con una risa fácil y contagiosa, me hacía sentir bien y tranquilo, me daba bastante confianza a pesar de su juventud, la comida resultó bastante buena y ella tenía un gran apetito, saboreando cada uno de los platos del menú y revelando sus conocimientos de la cocina china.

Una vez acabada la cena, retiramos todo a la cocina, se dirigió al cuarto de baño y se lavó los dientes con un cepillo mío, una vez terminado ese aseo, me ofreció el cepillo para que yo hiciera lo mismo.

Volvimos al salón no sin antes examinar mi colección de música, eligió una suave, se acercó a mí y me invitó a bailar, era la primera vez que yo lo hacía, eso no le importó, me ilustró como debía moverme y entre risas y algún trastabillado que otro seguimos abrazados y besándonos al mismo tiempo, mis manos querían recorrerla, me daba corte, no sabía si era muy osado por mí parte, ¡pero oh sorpresa, ella cogió mi mano y me la puso en su trasero y se apretaba contra mí con movimientos sinuosos con su pelvis sobre mis partes, me cogió de la mano y nos tumbamos en el sofá, le desabroché la blusa apareciendo turgente sus pechos blancos y con dos grande aureolas rosadas, así con sus pezones erguidos hacia el techo, los cuales fueron manjar para mis labios ávidos de saciarme en ellos, mientras una de mis manos entre su entrepierna hacia acopió de ese tesoro que esa chiquilla me estaba dando por primera vez en la vida, sintiendo como se contorsionaba y gemía dulcemente como música celestial a mis oídos, los cuales me llevaron a una situación espasmódica dejándome ir sin poder remediarlo por mi parte, cayendo sobre ella, sintiendo cómo fluía entre mis pantalones todo el ardor guardado desde hacía tanto tiempo.

Me dio una gran vergüenza lo que me había ocurrido y no sabía como disculparme, pero ella con gran afecto me consoló y continuamente me recalcaba que no pasaba nada, que eso solía ocurrir la primera vez, me besaba suavemente y sentía sus caricias con una gran ternura.

Me llevó al cuarto de baño cogidos de la mano, me quitó los pantalones y mis slip que estaban todo emponzoñados y ella suavemente hizo que me sentara en el Bidé y me lavó cuidadosamente con unos suaves movimientos volviéndome a excitar, me besaba en el cuello, su lengua buscaba la oquedad de mi oreja, me levantó y se sentó en la taza del Waters y estando yo de pie se la introdujo en la boca, era mi primera vez, algo maravilloso que me había perdido todos esos años atrás.

Luego me invito a ir a la cama, me desnudó por completo y me tumbó en ella, mientras, se fue desnudando poco a poco con movimientos eróticos que me estaban llevando al frenesí, se colocó a mi lado y empezó a besarme recorriendo mis pezones donde ella se recreaba con ellos, mirándome al mismo tiempo a los ojos, viendo como disfrutaba, para seguir bajando paulatinamente hacia abajo siendo pasto mi cuerpo de todo su saber, los cuales bajo mi inexperiencia me parecía que eran muchos, luego me invito a que mi boca experimentara el sabor de su fruta más preciada y en ese instante también fue mía, era algo maravilloso sentir mi saliva y su jugo que se entremezclaban.

Me preguntó si tenía preservativos, le dije que no, que nunca había comprado, se levantó y se fue a su bolso y sacó uno, el cual me puso ella, se subió encima, se introdujo mi pene y comenzó unos movimientos suaves recorriendo todo el contorno, aumentando el ritmo que al final se convirtió en frenético, mientras sus pechos se balanceaban, yo no sabía a dónde acudir, si cogerle los pechos, sus caderas o cerrar los ojos y dejarme ir. Mientras ella parecía en trance y con gritos desgarradores se fue cayendo encima mía, pidiendo que me fuera con ella.

Una vez saciado nuestro apetito y descansado ella sobre mi pecho sudorosa, dándome besos, se levantó y con gran horror vimos que el preservativo se había salido y se había quedado en su interior, puso el grito en el cielo pidiéndome explicaciones que si no me había dado cuenta de ello y si me había ido sin él puesto, lo sacó y comprobó que toda la pasión estaba dentro del mismo, respirando por un momento y rogando que no hubiera caído nada dentro.

Permanecimos en la cama durante un buen rato, yo quería repetir, pero a ella no le quedaban más preservativos y al final nos duchamos juntos, prosiguiendo el juego pero sin llegar hasta el final, haciéndome prometer que a la mañana siguiente compraría y que nunca me faltaría en casa mientras estuviera con ella.

La acompañé a su casa, no se podía quedar a dormir, sus padres no se lo permitían, nos despedimos con un beso y me prometió que a día siguiente se pasaría por casa para estar de nuevo junto.


Los siguientes días los más maravillosos, salíamos juntos a todas partes, a cenar, a bailar, al cine y al final acabábamos en mi casa, en la cama, yo me había convertido en un experto, pero ella aún me sorprendía con sus ocurrencias haciendo el amor, no había un lugar ni forma donde a ella no se le hubiera ocurrido, jamás en todo ese tiempo había monotonía.
Ya llevábamos un mes juntos y estaba perdidamente enamorado, ella me confesaba lo mismo de sus sentimientos hacía a mí.

Un día entró precipitadamente en la casa, ya que disponía de una llave que yo le dí y llorando se abrazó a mí desconsoladamente, me confesó que estaba embarazada, que no le había venido ese mes la regla, se había hecho el predictor y le había dado positivo.

Yo le pregunté que como era posible si utilizábamos los preservativos siempre, ella se retiro enfadada de mí y empezó a llorar, chillando que si yo creía que había estado con otro, no supe que responder, además era la primera vez que la veía de esa forma y me dolía muchísimo, la abracé fuertemente, la calmé, que no pasaba nada, que nos haríamos cargo de todo y que no dudaba de que era mío, le hablé de volver a realizar otros análisis por si hubiera habido un fallo.

Ya más tranquila sopesamos la situación, si estaba embarazada, lo mejor sería contraer matrimonio, además yo deseaba hacerla mi esposa, ella me dijo que sí, que quería ser mi mujer, la besé y nos abrazamos.

Al día siguiente la acompañé a un laboratorio farmacéutico para el análisis, el cuál confirmó que se encontraba embarazada, por una parte le expresé mi alegría, pero me pasó un flash por la mente, lo rechacé inmediatamente. Yo estaba enamorado y ese hijo sería mío, (mi familia).

Hablé con los padres de ella, les pedí su consentimiento para casarnos, les explicamos lo que había ocurrido, estos accedieron no sin antes reprocharnos un poco el no haber puesto más precauciones y haciéndome responsable al ser yo mayor que ella. Sabían por el vecindario lo responsable que era y el buen concepto que tenían todos de mi, nos dimos un abrazo y besé a mi futura suegra, luego hicimos planes de como se iba a desarrollar el enlace, yo solo puse una condición, quería casarme por la iglesia y que nos casara el párroco que yo conocía, ni ella ni su familia se opusieron.

Seguidamente hablamos con el cura para pedirle que nos casara, le explicamos la premura y nos dio la fecha para un mes después.

El tener vivienda y amueblada era un problema menos, ella con su madre se encargaron de ir acondicionando el piso, yo seguía trabajando e igual que ella que lo hacía de dependienta, la relación de invitados fué hecha prácticamente con los familiares de la que sería mi nueva familia, Tan solo dos empleados de los míos, el cura y un vecino serían invitados por mí.

Yo cada día estaba más enamorado, era mi pasión, mi vida, todo lo que yo le pedía al futuro era estar con ella, lo mismo que yo observaba en mi futura esposa, la veía radiante, feliz, enamorada.

Se acercaba el momento del enlace, yo ya me había comprado el traje y ella lo mismo, a los dos nos hizo ilusión no saber el modelo que íbamos a llevar, la luna de miel la íbamos a realizar en un país extranjero cercano que estaba muy de moda, ya teníamos los billetes y la reserva del hotel.

Dos días antes de enlace estando en casa con ella y después de haber hecho el amor, me levante para ir al cuarto de baño, cuando regresé la encontré llorando desconsoladamente, hecha un ovillo en la cama, me asusté y la abracé pidiéndole que me contara que le pasaba, ella tan solo gemía y me abrazaba fuertemente exclamando que me amaba más que a nadie en el mundo, pero no se podía casar conmigo.

Le pedí explicaciones y me las dió, los dos sentados en la cama ella empezó a relatarme. Todo comenzó dos semanas antes de salir ambos por primera vez, cuando salió de un día de fiesta, bebió un poco más de la cuenta y se marchó con un chico al que apenas conocía del barrio, este tiene fama de camorrista y mujeriego, hicieron el sexo sin preservativo debido a una locura, no lo volvió a ver más, ni tampoco quería, pero sabía que se había quedado embarazada, ya que ese mes no le vino la regla.

No sabía que hacer, no quería contárselo a sus padres y menos abortar, ya que su conciencia no se lo permitía, pero lo que si sabía era que lo tendría, pero no sola, a mi me conocía del barrio y le gustaba, además todo el mundo hablaba bien de mí y en un ataque de locura se fue esa tarde a la tienda a pedirme que saliera con ella, ya que sabía que no tenía novia y tampoco era gay.

El día que nos fuimos a la cama, ya tenía preparado que el preservativo se quedara en su interior, y quedara la duda de si se podía quedar embarazada, ¿cómo lo hizo? ¡no lo sé! la cuestión es que efectivamente se quedó dentro.

En los siguientes encuentros se fue enamorando de mí según me contaba, llegando a la conclusión de que era el hombre de su vida, pero la mentira le corroía cada día más, hasta que no pudo más y me lo contó, queriendo anular la boda al no haber sido sincera conmigo y haberme llevado a propósito a esa situación.

Yo la miré, la abracé fuertemente y le dije que algo me sospechaba sobre la paternidad, pero era tan feliz con ella que la deseché de inmediato de mis pensamientos, que era tanto amor lo que sentía, que no me importaba y además ahora era mucho más feliz al haber sido sincera conmigo, la boda seguiría tal cual la habíamos programado, su hijo sería mi hijo y los venideros que seguro tendríamos serían iguales. Ella es lo mejor que me ha ocurrido en esta vida, no quiero perderla y sé que ella me ama.

Volvimos a hacer el amor con pasión, después le besé el vientre donde estaba mi hijo o hija y nos quedamos dormidos.

Aquí en el puente, a punto de acabar con esta vida que me ha atormentado prácticamente desde que nací, recordando los pasajes que me han hecho llegar a esta circunstancia, con este déjà vu donde en mi subconsciente creo oír esas voces de Inés, Wpa, María, Marie, Bombón, Lía ,Scarlet, Carmen, una tal Madeira, Verónica y Alejandro, no sé quienes son, pero sé que están viviendo mi historia como algo suyo, haciendo comentarios y deseándome todo lo mejor, padeciendo con mis penurias y alegrándose con mis satisfacciones, pero se olvidan de una cosa, que es que estoy a casi cien metros de altura en un puente y, a punto de acabar con mi vida, ¿estaré loco?.

No lo estoy, me encuentro perfectamente en mis cabales, pero cansado de vivir de esta manera, siempre padeciendo y sufriendo ¿porque no ha sido la vida amable conmigo? ¿A quien le he hecho daño?, no lo entiendo, yo solo he querido ser feliz y por un motivo u otro no lo soy, solo me han dado migajas para irme animando y seguir siendo una probeta donde la infelicidad se reencarna en mi persona.

Sigo recorriendo mi vida, si es que se le puede llamar así, la boda fué preciosa, y el viaje de la luna de miel lo más parecido a estar en el paraíso, pero todo acaba y volvimos a casa, a la rutina diaria, que con ella no era tal, fueron meses maravillosos, ella cada día estaba más guapa con su embarazo, le sentaba muy bien, una noche a las cinco de la mañana me despertó repentinamente, el niño o niña ya venia de camino.

Ya teníamos preparada el neceser para llevarnos al hospital, corrí nervioso, no paraba, no encontraba el neceser ni las llaves del coche, ella más tranquila me animaba a que me calmara, rápidamente la llevé y enseguida la entraron en el paritorio, me invitaron a entrar con ella, yo sudaba la gota gorda, me disfrazaron con un traje verde y ahí estaba yo con ella, soplando al mismo ritmo y cogidos de la mano.

La miraba y veía su sufrimiento, de pronto oí un llanto, era mi hija, estuve a punto de desmayarme, la limpiaron, la prepararon y se la pusieron a su madre entre los brazos, no he visto cosa más bonita en mi vida, tan pequeña y con un buen matojo de pelos en la cabeza, la mirábamos embobados, nos sentíamos felices, le contaba todos los dedos de la mano y los pies, no le faltaban ninguno, la besé y besé a mi mujer que sudorosa me miraba embelesada, ha sido uno de los días más felices de mi vida, tener esa criatura entre mis brazos, algo tan indefenso y pequeño, dándome miedo cogerla..

La vida nos la cambió por completo, vivíamos por y para ella, que por cierto le pusimos el mismo nombre de la madre, crecía sana, era muy buena, toda la noche dormía de un tiron, cada momento que tenía libre me gustaba estar a su lado, tanto en el baño, como cambiándole los pañales y llevándola de paseo en el carricoche, ¡eso si que era felicidad!

A los dos años de casados, tuvimos otro hijo, que creció igual de sano como su hermana.

Mi matrimonio estaba cada día más consolidado, lo teníamos todo, un negocio que nos funcionaba y, dos hijos preciosos a los que amábamos más que a nada en el mundo; Atrás quedaron los sinsabores pasados, tan solo eran unos recuerdos vanos que en seguida ahuyentaba de mi cabeza si alguna vez aparecían.

De este modo los años iban pasando, los niños crecían fuertes y alegres, dándonos muchas satisfacciones, mi mujer con el paso de los años ganaba en belleza, tenía una serenidad asombrosa, no había un problema que no solucionara.

Hasta que llegó ese fatídico día, cómo cada mañana desayunábamos los cuatros, yo tenía un compromiso importante, quería ampliar nuestro negocio, la cita era a las nueve de la mañana y se me hacía tarde, esa mañana encontré a mi mujer un poco decaída, la dichosa jaqueca no la dejaba en paz, yo le dije de llevar a los niños al colegio, ella se negó en redondo, me dijo que tenía que ir a la reunión, que era lo que llevábamos tiempo esperando, que se tomaría una pastilla y se le pasaría, eso hizo, y yo me fui rápidamente porque no quería llegar tarde.

No llevaba media hora en la reunión cuando me sonó el móvil, en un primer momento no quise atenderlo, pero ante la insistencia de la llamada lo cogí, era un número que no tenía en la agenda, al identificarse me dijo que era de la Policía de tráfico, que me personara en el hospital central, pues mi esposa había tenido un accidente con su vehiculo y la estaban evacuando en ese mismo instante, pregunté como estaba, que había ocurrido y no me dieron razón, de los niños tampoco, rápidamente me trasladé al hospital, mientras iba de camino le rezaba a todos los santos de que no fuera nada grave y que mis hijos estuvieran bien, el trayecto se me hizo interminable.

Una vez en el hospital, me informan que mi mujer se encontraba en el quirófano y no me daban razones de cómo se hallaba, tan solo me daban ánimos para esperar que terminaran los médicos y me informaran, de los niños no sabía nada.

Mis hijos han fallecido en el accidente de tráfico, mi mujer murió en la mesa de operaciones y yo estoy muerto en vida con ellos.

El sepelio se celebró a los dos días de fallecer, por expreso deseo se realizó en la intimidad, acompañado por la familia de mi mujer y pocos allegados.

Hice todos los trámites necesarios para que mis dos hijos fueran enterrados juntos, no podría soportar que mi hijo pequeño con el miedo que le tenía a la oscuridad se encontrara solo sin su hermana a la que quería tanto, y mi esposa a su lado para protegerlos, así de esa manera, los albañiles cerraron lo que iba a ser su ultima morada.

Vida que le han quitado a dos criaturas deseosas de vivir y a una esposa y madre joven que no habían hecho maldad en la vida, tan solo dar la felicidad a quienes rodeaban. ¿Quien es el culpable? ¿Quién puede decir que es cosa del destino? ¿Quién, Dios mío, permite esta atrocidad?

No pude volver a mi domicilio en unos días, no podía soportar entrar en ella y verla tan vacía y con todos los recuerdos, jamás volveré a entrar, me acusaran de cobarde, dirán lo que quieran, pero este dolor que llevo en mis adentros, no se lo deseo a nadie.

Estuve unos días en la antigua pensión de mi juventud y comprobé que no podría seguir viviendo sin ellos, después de pensarlo mucho y sin miedo, quiero reunirme con ellos, he dejado una carta a mis suegros para que me entierren con mis hijos y mi mujer y allí tendré la paz que necesito y ya nadie nos separará.

_ ¡No serás tan cobarde!

_ ¿cómo dice Padre?

_ No te vas a suicidar, ¡tú no! siempre has sido valiente en la vida
_ No puedo seguir viviendo sin ellos Padre.

_ Si que puedes, ¿Quién mantendrá a tus hijos y a tu mujer vivos?

_ Padre, que están muertos, ¿es que no lo sabe?

_ Claro que lo sé, pero sólo mueren para siempre a quienes no se recuerdan y si tú haces esa tontería, ¿Quién los recordará? ¿Quien limpiara sus tumbas? ¿Quién les llevará flores? ¿Quién les hablará?

_ Por favor Padre, no me martirice más, ¿no ves que estoy muerto en vida? ¿Que ya no quiero vivir?

_ Eres joven aún, has padecido mucho, yo soy testigo de todas tus penurias y te he seguido en todo y sé lo feliz que has hecho a tu familia, así que no me vale lo que pretendes hacer, tu aún puede hacer mucho y lo harás.

_ ¿Padre porqué Dios me los ha quitado?

_ No lo sé hijo, tampoco te puedo decir que pueden estar ahora en el paraíso y nos están viendo, he visto tantas injusticias que a veces dudo, pero de lo que estoy seguro, es que tu esposa no querría que hicieras eso, sabes que era muy valiente en todo y muy echada para adelante, ya sabes lo que hizo para conocerte y la vida que te dio, fueron pocos años, pero muchas personas que viven muchos mas años, quisieran haber tenido los diez años que ella te ha dado, así que no la defraudes, baja de ahí y vente conmigo.

Bajé y me fui con el cura, el único amigo o padre que tuve en todos estos años, dejé mi empresa y por mediación del Padre estuve en un convento durante un tiempo, todos los días iba a visitar a mi familia al cementerio y hablaba con ellos.

Pasaron los años, el cura falleció y yo ahora soy feliz, me dedico a cuidar niños desarraigados del barrio y ellos ahora son mi familia, nunca más volví a estar con una mujer, no podría.