LA PICONERA

LA PICONERA

jueves, 21 de octubre de 2010

REMEMBRANZAS


Las colillas se acumulan en el cenicero del coche, llevo horas sentado en él, no importa el tiempo que pase, no me moveré de aquí hasta que la vea por mis propios ojos.

Han pasado 385 días, muchos kilómetros recorridos y diferentes lugares visitados, perdiendo incluso mi empleo, los ahorros se han diluido en su búsqueda, no importa, necesito una respuesta.


Ha sido una lucha obstinada, y esta pista que me ha traído hasta esta ciudad, en la que me dice que ella está aquí, me desvelará por fin lo que ocurrió.


Estoy cansado, me miro en el espejo y no me reconozco, a veces pienso que hasta ella misma, tal y como estoy ahora, pasaría por mi lado sin percatarse de que soy yo, pero yo a ella, aunque pasaran cien años o cambiara su fisonomía, la reconocería entre un millón de mujeres.


El sueño me vence, no quiero cerrar los ojos, evoco el día que la conocí, estaba en el espigón en un día gris, asbtraída en la lectura de un libro.


Yo la observaba desde la distancia, en ese momento una ola se fue a empotrar cerca de ella y con el sobresalto se le cayó el libro que estaba leyendo entre las rocas, solicito me acerqué y se lo recogí, no antes de echarle un vistazo a lo que leía; se trataba de una obra de Vallejo-Nájera, titulado: Concierto para instrumento desafinado.

Un libro raro, que por cierto yo había leído hacía tiempo, ella me dio las gracias y ahí empezó todo.


Nos presentamos, ella dijo que se llamaba Cristina y que estaba pasando unos días de vacaciones, que residía en Madrid.


La invité a tomar algo caliente ya que la temperatura era baja y aceptó;Era alta, cabello rubio con mechas, bien proporcionada, un rostro anguloso, voz dulce y pausada, sobre treinta y cinco a cuarenta años, una edad no definida por su rostro juvenil.


Me contó que estaba sola en la ciudad y que a causa del estrés acumulado por su trabajo, se había tomado unos días de vacaciones.


De ahí, quedamos a cenar y a enseñarle el lugar, fué una velada encantadora, se reía, charlaba hasta por los codos, !se la veía feliz!.


Recorrimos el paseo marítimo, ella cogida a mi brazo, charlamos no se cuantas horas, la llevé al hotel, me invitó a entrar con ella, fue una noche maravillosa, nos amamos como nunca en mi vida he llegado a hacerlo.


Fueron días maravillosos, hicimos el amor ciento de veces, la amé, me amó, paseamos, reímos, jugamos, compartimos lectura.


Un día al despertar, me encontré solo en la habitación, la llamé y no me contestó, pensé que habría bajado a por el diario que cada día ojeaba; me dirigí a la ducha y pegada al espejo, había una nota que tan solo decía: Adiós y gracias.


Salí corriendo del hotel y me dirigí rápidamente a la estación de autobuses, pregunté por los destinos para Madrid y no había salido ninguno, tan solo había una salida para el pueblo de al lado.


Pregunté en taquilla si había subido una mujer con la característica que les dí, me dijeron que no,pateé el pueblo de arriba abajo, pregunté en el hotel por los datos de ella, y cuando había salido, tan solo me dijeron que había dejado la habitación pagada por un día más y sus datos no me lo podían ofrecer.


Subí a la habitación donde nos habíamos amado tanto, “que ciego había sido”, no tenía nada de ella, tan solo su aroma y su imagen grabada a fuego en mi corazón, recorrí la habitación en busca de algo, tan solo los diarios que ella miraba por encima cada día, los repasé uno a uno y de pronto mis ojos se detuvieron en algo escrito a lápiz, un nombre, Cristina Paredes.Ahí empezó mi odisea en busca tan solo de una pregunta, ¿Qué pasó?


CONTINUARÁ…….